Zapatos de pellejo y transfusiones de sangre

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)

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Vestido con un pantalón vaquero roído, una camiseta y unos zapatos de pellejo, que la piel la debió gastar con esa costumbre tan africana de patear las calles en dirección a ninguna parte. Sube dubitativo las escaleras de la terraza del hotel. Se dirige a la ventana que da a la barra del bar, en la que yo me termino un café mientras leo un libro titulado “Después de Mandela”. “Perdone, no quiero molestar. ¿Tiene algún trabajo para mi?”, dice temblándole la garganta. “No, no tenemos ningún trabajo”, contesta rápido la dueña del hotel. Lo hace de forma airada, invitándole a marcharse. El tipo, con gesto contrariado, baja las escaleras y le veo perderse en dirección al mar cabizbajo, con el cuerpo mirando los pellejos que protegen sus pies.

No sé por qué pero la escena me dio lástima. Quizá porque su gesto delataba fragilidad y cierta desesperanza. Quizá porque la mujer, una rusa que junto a su marido ha montado un pequeño y bonito hotel cerca de mi casa, no tuvo un segundo que perder en intentar, al menos, decir un no que no pareciera un portazo en la boca. Luego, cuando vio que yo había escuchado todo se sintió algo avergonzada y me dijo. “No tengo trabajo”, ya con un tono más condescendiente.

Los sudafricanos han ganado en libertad, que ya es mucho, pero mucho de lo que ha venido después es una tomadura de pelo de sus gobernantes

La casualidad hizo que la escena la contemplara a la vez que leía el libro de Alec Russell (After Mandela) en el que disecciona la realidad sudafricana desde la llegada de la democracia. El escritor ha sido corresponsal del Daily Telegraph muchos años aquí. Podría contar decenas de ejemplos sangrantes y vergonzantes de lo que explica. Los sudafricanos han ganado en libertad, que ya es mucho, quitándose el opresivo régimen del apartheid de sus hombros, pero mucho de lo que ha venido después es sencillamente una tomadura de pelo de sus gobernantes. El ANC es un partido (en realidad es la unión de distintos partidos con distintas ideologías) plagado de contradicciones y corruptelas, de millonarios que se apegan al poder con el pretexto de que ellos fueron los que lucharon por la libertad. Daré algunos datos. En 2007, el 40% de los parlamentarios del ANC eran directores o miembros de los consejos de administración de grandes compañías con las que el Estado hacía tratos regularmente. “El ejemplo más infame es el de Smuts Ngonyama, portavoz del partido, que compró junto al director general de telecomunicaciones, Andile Ngcaba, el 15% de la empresa Telekom valorada en 7 billones de rands”, cuenta Russell. El cinismo alcanzó su apogeo cuando el propio Ngonyama dijo “no hice la lucha para permanecer pobre”. Es uno de aquellos que se sigue cobrando, en efectivo y en primera persona haber luchado por la libertad de los suyos.

Mientras, millones de sudafricanos siguen viviendo miserablemente. Los gobernantes se limitan a ir a los township y presumir que ahora algunos tienen luz, algo de agua y hasta algunas casas son de los ladrillos que el Gobierno les regala. Una mejora, sin duda, incomparable con los grifos de oro a los que se accede en sus casas. Un amigo que trabajó en el Gobierno me contó que su sueldo era el equivalente a 3.000 euros y que su jefe se compró un lujoso Volvo nada más llegar al cargo y llegó a volverse desde Singapur un fin de semana para comer con su familia y el lunes volar a Hong Kong. El problema no era hacerlo, que corrrupción hay en todos los países, es que aquí no hay ni que esconderlo.

La quimera del oro se ha quedado en algo de cemento para los más afortunados. Ya digo que puedo rellenar decenas de páginas poniendo ejemplos. En la boda de una de las hijas del presidente Zuma, el pasado sábado, el cortejo nupcial estaba compuesto por 12 Lamborghinis y para el banquete se cerró una reserva privada de animales. El problema es que todo este desmadre acabará pasando factura. Ya no hay colonia en la que sustentar el agravio, aunque ese argumento es el recurso de guardia de todos los matariles y aprendices de mesías que en cuanto ven que el pueblo se agita les explican que no tienen agua porque los colonizadores se las bebieron hace tres décadas y no ha llovido desde entonces. La democracia en África, en algunos países, lleva más de 30 y 40 años. Casi todos tienen un denominador común: gobiernos corruptos, luchas internas tribales y caciques que se perpetúan en el poder pasando a machete a sus opositores. Ya no hay más libertad que reclamar, si por libertad se entiende que los gobiernos sean de gente negra. Ahora hay que pedir a esos dirigentes que dejen de hacerse autotransfusiones de sangre.

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Comentarios (5)

  • ana

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    Te superas

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  • javier

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    Gracias, pero los que se superan sonn los que llevan años llevándoselo sin escrúpulos

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  • Eduardo De Winter

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    Realmente fascinante. La introducción dispara la sensibilidad y el resto deja mucho para pensar. Un lujo tener narraciones tan sinceras.

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  • javier

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    Al menos son sinceras con lo que yo veo y con lo que yo pienso. El resto, supongo que hay mil maneras y muchas serán ciertas también de entender la realidad

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  • ricardo

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    Enhorabuena por el analisis, certero y valiente como siempre. No habia tenido oportunidad de leerlo hasta ahora. Disfruta por Mozambique

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