Ruta VaP (VI): el peor día del viaje

Por: J. Brandoli, texto / Fotos, el grupo
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Casi habíamos llamado a los problemas anunciando tantas veces que había una ruta antes de Vilanculos y otra después. Esta es la crónica del peor día de nuestro viaje:

-El peor día del viaje madrugamos mucho y cargamos muchas cosas que andaban esparcidas en nuestro campamento. Luego salimos con los coches de Gorongosa y paramos en la ciudad de Chimoio para hacer compras. Allí quisimos cambiar dinero a unos chicos que cambiaban dinero en el parking del supermercado. Ellos pasaban billetes en sus manos muy deprisa e intentaban engañarte una vez tras otra retirando con todo descaro un billete en el último momento. Entonces, cansados de gritos estériles ante tan burdo engaño, decidimos mandarlos  a… y ellos se quedaron sorprendidos y casi enfadados porque nos enfadábamos cuando ellos intentaban engañarnos. Nos llegaron a decir que “así no se hacen negocios patrón”, como reclamando que debíamos dejarnos engañar. Luego, hicimos una buena compra con todo el alcohol y comida necesaria, por ese orden. Eso pasó en el comienzo del peor día del viaje.

Cansados de gritos estériles ante tan burdo engaño, decidimos mandarlos  a…

-El peor día del viaje paramos a comer en medio de la nada, a la salida de un poblado donde al llegar uno tiene la sensación de que le cae un manto de polvo en la espalda. Comimos un sándwich regular y tomamos un refresco también regular junto a una casa de cemento viejo y un árbol de viejas ramas que se doblaban de aburrimiento. Podemos decir que comimos mal y en un sitio feo en el peor día de nuestro viaje.

-El peor día del viaje una piedra reventó la luna de mi coche. Yo no la vi venir porque en ese momento me estaba girando para coger agua. Escuché un sonido muy fuerte y vi que tenía pequeños trozos de cristal por mi cuerpo y un gran agujero en el cristal del 4×4. Entonces vi que estábamos todos bien, incluido Martín que iba de copiloto. Paramos, pusimos cinta adhesiva, bromeamos mucho de lo ocurrido y seguimos camino felices porque no pasó nada grave. Fue la primera vez que un coche tuvo un problema y ocurrió en el peor día de nuestro viaje.

Una piedra reventó la luna de mi coche

-El peor día del viaje llegamos a la ciudad de Tete que es el menos bonito de todos los lugares donde se para a dormir en este viaje. Llegamos a un hotel con encanto, junto al río, donde vimos un precioso atardecer sobre en el legendario río Zambeze. La escena era brutal. En la orilla del río, bajo nosotros, había decenas de personas lavando sus cuerpos y sus ropas. Mujeres y hombres que se mostraban desnudos mientras fregaban sus pieles y sus telas. Encima de ellos, a lo lejos, se contemplaba el sol caer sobre las aguas, en una de esas imágenes en las que África te taladra la mirada. Así de felices estábamos tomando una cerveza y contemplando aquella escena cuando llegó la recepcionista y nos dijo que ellos estaban llenos pero que dos kilómetros hacia el sur teníamos habitaciones de otro hotel del mismo dueño. Habíamos confirmado la reserva cuatro días antes, pero en Mozambique poco importan las reservas y más cuando la fecha coincide con el peor día del viaje.

-El peor día del viaje llegamos a nuestro nuevo hotel. Estaba reluciente, demasiado, porque nosotros éramos los primeros clientes. El sitio era bonito, junto al río, aunque los cuartos eran contenedores de barco. Unas decenas de contenedores esparcidos sobre una gravilla de blancas piedras que no tenían mosquiteras y olían a pintura. Eso tardamos un buen rato en descubrirlo porque el encargado iba abriendo los cuartos y siempre nos encontrábamos una sorpresa. O no había dos camas, o no estaban hechas o no había camas. Era como una tómbola en la que  íbamos dando vueltas y abriendo puertas hasta que todos sacamos premio y pudimos alojarnos. Luego, algunos se dieron un baño en una bonita piscina y cenamos una comida que tardó en llegar mucho. Lo hicimos junto al río, rodeados de cientos de mosquitos. En realidad, no estuvo mal el resto de la noche. Menos el hotel, todo era bueno para dormir en el peor día de nuestro viaje.

O no había dos camas, o no estaban hechas o no había camas

-El peor día de nuestro viaje amaneció muy temprano. Víctor se fue a cambiar la luna del coche y lo consiguió y yo me quedé haciendo los pagos. Pese a los emails de confirmación de reserva y precios, de no estar ningún cuarto preparado y del olor a pintura y falta de mosquiteras, la factura era más alta incluso que la anterior ( y ya lo era mucho). De nada sirvió nuestras duras quejas, no se deja de chupar la sangre de un turista que visita tu hotel en el peor día de su viaje.

-El peor día de nuestro viaje nos dirigimos a Malaui. Lo hicimos por un camino de color gris que le llaman carretera. Había tantos baches, agujeros y profundas cuevas en algo que antiguamente fue asfalto que se nos soltaron las cuerdas que sujetaban las maletas en la vaca del coche. Paramos, las cambiamos mal y seguimos la ruta por aquel sendero del demonio en el que me dejé las manos, la vista y las ruedas entre interesantes conversaciones y bromas. Por fin llegamos a Malaui, a la frontera, donde engañaron de nuevo a Víctor con el cambio y donde dimos por concluido las peores 24 horas de nuestro viaje.

P.D. El peor día de nuestro viaje fue un buen día de viaje.

P.D.2. Entonces no lo sabíamos, pero ese no fue el peor día de nuestro viaje.

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Comentarios (4)

  • Amaia

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    Fue un buen día, os lo aseguro porque yo iba en el coche de la pedrada. Podría haber sido peor…aunque teniendo un driver como Javier, nada malo puede suceder. Besotes Brandoli.

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  • Rosa

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    Con permiso de Javier, hago algunas aportaciones del peor día del viaje.
    El peor día del viaje dejamos Gorongosa felices, al menos en mi caso, de haber disfrutado de tan bello lugar.
    El peor día del viaje también fue divertido porque en aquel gran supermercado tras las compras necesarias (alcohol, la comida casi pasó a un segundo plano) por necesidades fisiológicas hicimos uso de un servicio en medio de la nada lleno de moscas en donde su “cuidador” se esmeraba en echar un cubo de agua al wc y tenerlo preparado para que pasara el siguiente usuario.
    El peor día de nuestro viaje paramos a comer de pie y en medio de la nada, es verdad, pero sirvió de descanso a nuestros drivers y a todos nosotros que nos bajamos con ganas a estirar las piernas y emprender de nuevo la pesada carretera. Comimos un sándwich, no fue ni malo ni regular (nunca hay mala comida cuando se tiene hambre) pero hubo una cerveza fresquita, siempre la hubo, para refrescarnos.
    El peor día del viaje agradecimos que tras la pedrada en el cristal no hubiera mayores males a los compañeros del vehículo excepto el susto.
    El peor día del viaje nos llevó a contemplar una de las escenas más bonitas que yo haya visto: las lavanderas del Zambeze en el atardecer.
    El peor día del viaje nos llevó al hotel que describe Javier, y pesar de todos sus inconvenientes, no dejó que nos volviéramos a reunir todos (y los mosquitos) alrededor de la mesa y el vino a orillas del Zambeze.
    El peor día del viaje Víctor quedo “triste” porque no pudo arreglar (al parecer para él no hay nada que se le resista) nuestro aire acondicionado.
    Y tras el peor día del viaje, a la mañana siguiente, nos encaminamos hacia el lago de las estrellas, esa era la ruta para volver a contemplar otra de las maravillas de África.
    El peor día del viaje fue también un buen día para recordarlo.

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  • Javier Brandoli

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    Cuando se viaja con gente como vosotros no hay día malo, no os lo permitís, lo que debería aprender mucha gente antes de salir del aeropuerto a ver el mundo. Grande Rosa!

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  • martin

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    Ese día , en la cena , la cerveza Manica estaba fría y riquísima y además cuando pedimos pollo, trajeron pollo , y a la zambeziana , con su chile picante y sus patatas fritas y además estaba cojonudo ; y además la wifi iba como un tiro ; y además la camarera era una zimbauana que siempre sonreía y además al día siguiente el cristal del coche se arregló en un plis plas ……

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