gyantse

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La mirada del otro

Es un interrogante con mil rostros. En la carretera, en las cunetas, en los campos de labranza, alrededor de un transistor, a la sombra de un árbol, en un autobús atestado, en el remolque de un tractor, entre los puestos de un mercado. La mirada del otro te sorprende a cada paso, a veces fugaz, otras infinita. Zarandea, inquieta, enternece, te obliga a reflexionar, según. Sucede que, cuando estamos tan lejos de casa, el otro somos nosotros.

Gyantse: la fortaleza de los valientes sin suerte

Desde el valle del Nyang-chu, la otrora imponente fortaleza de Gyantse parece una doncella mancillada, un decorado a medio terminar. Una vez arriba, con el altiplano a nuestros pies hasta donde la vista se pierde, uno comprende perfectamente el valor estratégico de esta encrucijada de caminos entre China y la India donde los tibetanos libraron en 1904 la última batalla antes de claudicar ante la invasión británica.

A cruzar el Himalaya con un conductor novato

Mientras abandonamos Lhasa, manosea cada uno de los botones del cuadro de mando para cerciorarse de para qué sirven. Circula a 50 km/h, sus frenazos bruscos son constantes y toma todas las curvas invadiendo el carril contrario, haya o no visibilidad. Es el conductor del todoterreno que nos debe llevar hasta Katmandú, 1.100 km al otro lado de los Himalayas. Voy a viajar por una de las carreteras más peligrosa de la tierra con un conductor en prácticas. Estoy entusiasmado.
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