El Macondo africano: los agitadores de colas de hipopótamo

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“No llueve porque los moñes (musulmanes generalmente de la India y Pakistán) no permiten que llueva”, me dice Bola, cocinero del hotel, mientras conducimos camino de la ciudad. Lo dice con ese tono bajo y voz quebrada con el que hablan aquí. Su timidez se confunde en ocasiones con distancia, lejanía. Nunca estuve en un país en el que sintiera tanto que hay que subir el volumen global y nunca incliné tanto la cabeza para escuchar a mi interlocutor.

Sí, ellos hacen que llueva donde quieren. Controlan el comercio, tienen todas las tiendas, y no les interesa que tengamos buenas cosechas

“¿No llueve porque los moñes no dejan que llueva? ¿Qué quieres decir?”, le espeto a Bola. “Sí, ellos hacen que llueva donde quieren. Controlan el comercio, tienen todas las tiendas, y no les interesa que tengamos buenas cosechas. Si llueve no hacen negocio porque no les compramos alimentos”, me contesta él. “Ahhhh. ¿Y cómo consiguen que no llueva?”, pregunto con cierta curiosidad antes de escuchar una respuesta que si me hubieran dado cien mil oportunidades para darla ni siquiera me hubiera acercado. “Agitan colas de hipopótamos con sus manos, hacia el cielo, e impiden que llueva”, me explica con rotundidad. “!Perdona!”, exclamo (realmente pensé que no le había escuchado bien). “Sí, se ponen en los campos con colas de hipopótamo que agitan al viento y no llueve”, me repite ya con la desgana de quien explica lo obvio varias veces.

En ocasiones aquí tienes conversaciones delirantes en las que acabas por dudar de todo. De vuelta al hotel, con ya la imagen de un grupo de personas agitando colas de hipopótamo al viento fija en mi mente, casi con el deseo de que fuera verdad, me voy a hablar con otros trabajadores con los que ya tengo confianza y una cierta amistad. “Chicos, ¿vosotros también creéis que no llueve porque los musulmanes agitan colas de hipopótamo?”, les pregunto. Entonces todos ríen con cierta vergüenza, es como si supieran que hablan de un imposible, un realismo mágico que saben que inventaron y no quieren reconocer. Pero no, tras unos segundos me dicen con rotundidad: “Sí, ellos hacen que no llueva”. “!¿Con colas de hipopótamo?!”. “Sí hacen cosas muy raras. Hasta rezan con el culo apuntando al viento”, explican. “¿Y eso que tiene que ver?”, repregunto ya sabiendo que me meto en un laberinto. Ahí ya no saben contestar. Les parece extraño y no es necesario explicar con la razón lo que ven los ojos y no tiene explicación.

“Hacen cosas muy raras. Hasta rezan con el culo apuntando al viento”, explican

“¿Habéis visto alguna vez a un moñe agitando la cola de un hipopótamo?”. “Yo no, pero conozco gente en Beira (una ciudad más al norte) que los ha visto”. Respuesta universal, la de ver sin ver por los ojos de otros y acreditar lo que nadie vio. “Yo sí he visto como llovía sobre el campo de un moñe y no llovía sobre ninguno de los campos que estaban al lado”, cuenta Beni. “Esa gente hace todo lo que puede para controlar el comercio. Todo el mundo habla de eso”, repite.

Entre el 20 y el 25% de la población de Mozambique profesan la religión musulmana, la gran mayoría son suníes. Buena parte de ellos tienen un origen paquistaní o indio. Generalmente son una comunidad muy afincada en las áreas comerciales, especialmente en zonas como Nampula, Beira y Maputo, las grandes ciudades. Su enriquecimiento y nivel de vida está de media por encima al del resto de la población. Controlan con sus tiendas buena parte del comercio local.

Justo cuando termino este texto aparece Acasio, un trabajador del lodge con un nivel educativo algo más alto que el resto. ¿Escuchaste hablar de la historia de los moñes y las colas de hipopótamo? “Sí, mucha gente habla de eso en Vilanculos. Lo hacen en los campos. A los moñes no les gusta la lluvia, son comerciantes”, concluye y se va.

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Comentarios (5)

  • Juan Antonio

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    Estupendo artículo Javier¡¡¡¡ Es increíble la de creencias que puede albergar el ser humano y aceptarlas sin reflexionar y sin indagar en su procedencia o veracidad…………. ufffff’¡¡¡¡¡¡ cuánto misterio anda pululando por este mundo. Aunque no deja de ser curioso.
    Lo de rezar con el culo mirando al viento supongo que será por si alguna ventosidad hace acto de presencia, no? Un abrazo

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  • Ana

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    Voy a hacer como tu cuando te lo cuentan.. Voy a releer, porque estoy con la boca abierta (y no voy a hacer más comentarios)

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  • Juancho

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    Te imagino sentado cerca del mar, cigarritto en mano, botella de vino cerca…pensando en nombres de personajes para tu libro… Escribe!!

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  • Kawil

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    Qué bueno, Javier, qué bueno… El final es redondo. Esta es la mejor historia sobre gente agitando colas de hipopótamo al viento para hacer llover que he leído en mi vida. En serio, es genial!

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  • Javier Brandoli

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    Al final no sé si hasta yo creo que no llueve porque agitan colas de hipopótamos. Besos y abrazos a los cuatro

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