Granizada en el Índico

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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A Mozambique llegué más corriendo que volando. Carreras por pasillos y 13.000 “excuse me” con sus correspondientes 13.000 empujones en cada uno de los aeropuertos que atravesé. Siempre la sensación de que no llegaba y siempre un último codazo que me hacía hueco. Todo pasó rápido, sin tiempo para pensar que me instalaba tan lejos, hasta que el avión de las líneas aéreas de Mozambique paró en Inhambane, una escala técnica antes de llegar a Vilanculos.

Estaba en Mozambique sin poder estar. Si hubiera comenzado a andar nadie me habría detenido

Entonces bajé de nuevo en aquel aeródromo antiguo, pequeño, lleno de encanto, donde se anda por la pista y se llega a una garita donde te dan una tarjeta que enseñar para salir y entrar a la zona de embarque (un cuartucho viejo). Legalmente yo no había entrado aún a Mozambique, seguía sin visado. Decidí salir del cuartucho e irme fuera. El guarda no miró ni me pidió la acreditación. Salí del aeropuerto. Estaba en Mozambique sin poder estar. Si hubiera comenzado a andar nadie me habría detenido. Encendí un cigarro y luego otro. Miré aquel pequeño sin sentido que funciona y entendí que estaba de nuevo en África. No había en esa escena nada que mitificar. No pasó nada importante. Sólo pasó que en aquel momento percibí que me había ido a vivir lejos, algo que le pasa siempre en un instante a todos los viajeros. Sentí  la emoción de las nuevas cosas.

Llegué finalmente a Vilanculos. Me reencontré con mis amigos Víctor y Ana Paula. Con Melissa y Paulo. Con George, un tipo de mundo que conoce bien el entorno. Nada me ha sido difícil. En este lugar desde el primer momento me sentí como en casa cuando llegué hace más de un año por primera vez. Hoy lo es, quién me lo iba a decir entonces. Hubo cenas, copas, risas y conversaciones largas.

Miraba con los ojos casi cerrados por el agua y hielo que se nos caía encima y todo parecía salvajemente bello alrededor

Dos días después, una mañana, salimos con cuatro clientes, entre los que se encontraba un importante diseñador italiano, a navegar a las islas de Bazaruto. El día amaneció cerrado. Las nubes, aun violentas, parecía que se marchaban hacia el interior. Decidimos partir en la barca a navegar por el Índico. A medio camino, de pronto, el cielo se hizo opaco, el viento golpeaba con algo más de fuerza y comenzó a descargar una feroz tormenta de granizo. Inesperado momento, que hacía años que allí no sucedía, y que convirtió el horizonte en una gama de colores intensa. El mar se encendió verde y el cielo gris oscuro. Miraba con los ojos casi cerrados por el agua y hielo que se nos caía encima y todo parecía salvajemente bello alrededor. La embarcación remolcaba olas. A lo lejos, la isla de Benguerra. Llegamos a la playa del lujoso hotel Azura. Bajamos a su arena fina, echamos la vista atrás y el mar no parecía pertenecer a aquel lugar.

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Comentarios (8)

  • Ana

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    Pareces otro… Fotones!

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  • Ana

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    Lo de que pareces otro no se refiere a las fotos.. jajaja. Las de antes también eran fotones…. 🙂

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  • Javier Brandoli

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    Menos mal que lo has aclarado… (jajaja). No soy otro, sólo que aquí soy más yo… Besos

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  • Dani Landa

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    ¡¡¡Gran comienzo!!!! ¿¡Así que conseguiste llegar sin perder ni un solo avión!?Me alegro mucho de que estés en el paraíso, así nos vas acercando África tan bien como en este primer relato, me ha encantado. Estoy de acuerdo con Ana: geniales las fotos. Sobra decirte que saludes a toda la gente de bien de por allí! Espero verte pronto… y no será en España.

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  • Javier Brandoli

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    Menos mal que lo has aclarado… (jajaja). Besos y gracias

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  • mayte

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    qué envidiaaaa!!!! yo quiero volver a tener esas sensaciones que tan bien describes, oler el índico, sentir las arenas finas de esas playas, ver las sonrisas de la gente…. Mucha suerte en todo Javier!!!

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  • Javier Brandoli

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    Abrazo a los dos, Mayte y Daniel. Vosotros sabéis bien lo bella que es esta tierra. Por aquí nos veremos

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  • pikachu

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    Hombre!!!, hazte una foto en la que se te vea a ti. Tu publico lo demanda.
    La próxima vez le das la camara al VIP y le dices que haga una foto del grupo pero contigo dentro.

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