El viaje
Fundada según la Biblia por Jafet, uno de los hijos de Noé, después del Diluvio Universal, la han conquistado desde faraones y persas hasta el mítico rey David, Saladino, Ricardo “Corazón de León” o Napoleón. Es Jaffa, la ciudad vieja de Tel Aviv, uno de los puertos más antiguos del mundo, que alza el minarete de su mezquita del mar sobre el azul inmenso del Mediterráneo.
El tirón turístico de Jerusalén eclipsa sin remedio a la capital de Israel, Tel Aviv, simple lugar de paso para la mayoría de los turistas que visitan el Estado hebreo. Poco se puede hacer frente a la apabullante historia de la Ciudad Santa, destino predilecto todos los años de cientos de miles de peregrinos. Como dicen por aquí los capitalinos: «Dios está en Jerusalén, pero los cheques están en Tel Aviv». Tel Aviv, además de cheques, tiene también historia. Acercarse a Jaffa, su embrión milenario y uno de los puertos más antiguos del mundo, es pasear por un enclave privilegiado que codiciaron los grandes imperios. En sus calles empinadas que bajan al mar se toma el pulso al empeño de la población por reinventarse en sus galerías de arte, restaurantes, talleres artesanales y pequeños cafés.
Jaffa ha ido de mano en mano a través de los siglos como la falsa moneda. Su puerto, que ya era utilizado en la Edad del Bronce, ha sido dominado por cananeos, fenicios, egipcios, judíos, romanos, persas y otomanos
El paseo comienza en la parte baja de Jaffa, en el boulevard donde se levanta entre palmerales la torre de Rehov Ruslau, cuyo reloj señala desde hace un siglo la entrada a la milenaria ciudad. Unos metros más adelante todavía está en pie la vieja puerta de entrada a Jaffa durante la dominación otomana, ahora flanqueada por tenderetes callejeros. A sus espaldas, como un vigía insomne, descuella el minarete de la mezquita El Mamudiya.
Jaffa ha ido de mano en mano a través de los siglos como la falsa moneda. Su puerto, que ya era utilizado en la Edad del Bronce, ha sido dominado por cananeos, fenicios, egipcios, judíos, romanos, persas y otomanos, por citar sólo algunos de los pueblos que se lo han disputado. Pocos lugares en el mundo acumulan tanta historia. En este puerto, sin ir más lejos, desembarcaron los cedros del Líbano utilizados en la construcción del templo de Salomón. Poco más se puede añadir.
Cañones y minaretes
Remontando la colina sobre la que se asienta la parte vieja de Jaffa, y con la ciudad de Tel Aviv a nuestros pies, muy pronto se llega al paseo que lleva a la plaza principal de Kedumin. El camino está jalonado por antiguos cañones que todavía apuntan a la rada, acentuándo la historia de invasiones y saqueos con la que carga este estratégico promontorio. Historias como el engaño del faraón Thutmose III al gobernador cananeo de la ciudad, a quien en el año 1470 antes de Cristo le obsequió con lo que parecía un rico presente repartido en enormes cestos. Dentro, en lugar de alhajas, se escondían los soldados armados del faraón, que tomaron Jaffa expulsando a los cananeos. O como la del asedio de las tropas de Napoleón, tres siglos después, que terminó con el saqueo de la ciudad, entonces en manos de los turcos, y con el fusilamiento de más de 2.000 prisioneros.
De pronto, ante los ojos del viajero se recorta el minarete de una mezquita como un obelisco hincado en el vasto azul del Mediterráneo. Es uno de esos momentos que sosiegan el espíritu y que invitan a dejar pasar losminutos imaginando tiempos remotos. La mezquita del mar, con el telón de fondo del omnipresente Mare Nostrum, vigilando la cercana Tel Aviv, evoca con su sola presencia tiempos de conquistas y reconquistas, de desembarcos cruzados, de peregrinos llegando en tropel a este puerto abigarrado, de masacres vengadas en otras masacres, y así hasta el infinito, hasta este eterno presente de sufrimiento e incomprensión entre israelíes y palestinos.
La piedra de Andrómeda
La plaza está llena de tenderetes de artesanía local. A su lado, la iglesia de San Pedro, en cuyo interior se exhiben los cimientos de la antigua ciudad. A simple vista, se puede apreciar que los trabajos de rehabilitación de la Jaffa mil veces destruida y levantada de nuevo han sido notables. Hay una cierta atmósfera de cartón piedra en algunos rincones, de mobiliario inmaculado y palmerales de postal, que se atempera cuando se brujulea en dirección al puerto, un dédalo de estrechas callejuelas con olor a salitre y piedra mojada.
Junto a Kedumin Square, la terraza del restaurante «Ella», un espléndido balcón sobre el Mediterráneo, es un buen lugar para contemplar la llamada «roca de Andrómeda», el lugar donde, según la mitología griega, Perseo rescató a la princesa Andrómeda cuando iba a ser sacrificada a Ceto, un terrible monstruo marino al que el héroe convirtió en piedra (como los escenarios de la mitología son de localización incierta, otras versiones sitúan esta roca en las costas de la antigua Abisinia).
El camino
Desde el centro de Tel Aviv se puede llegar a Old Jaffa en poco más de media hora caminando. Además, hay dos autobuses, el 8 y el 10, que realizan este recorrido. La mejor opción, para el que disponga de tiempo, es llegar a pie.
Una cabezada
Old Jaffa Hostel & Guest House (Amiad 13 Street). Se trata de un antiguo edificio rehabilitado que ofrece una localización inmejorable, a un paso de la torre del reloj, y con precios no demasiado caros. Desde el aeropuerto se puede llegar con el autobús 475 y, una vez en la estación central, tomar el 46 hasta la torre del reloj, o bien subirse al 222 y caminar diez minutos desde la parada del hotel Dan-Panorama.
A mesa puesta
En la Kedumin Square hay varios restaurantes para turistas. VaP no entró en ninguno, así que poco puedo decir, salvo que en mi opinión quizá sea mejor decantarse por los que se encuentran en los alrededores del puerto, más alejados del centro histórico.
Muy recomendable
Baje paseando por las zonas verdes cercanas hasta las playas de Tel Aviv, pero antes de hacerlo acérquese al antiguo palacio del gobernador otomano, que alberga curiosas exposiciones en un recinto en el que, al viajero no le pasará desapercibido, se condensan sus muchos años de historia.




