Thaniya Road, la calle principal de Pat Pong, uno de los barrios del sexo de Bangkok, era un hervidero de gente. Las chicas, convertidas en simple mercancía, se mostraban ordenadas, sentadas en sus sillas o contorneándose con desgana de pie, con sus vestidos de enfermeras y sus ojos maquillados, mientras las madames reclamaban la atención de los clientes. Una banda tocaba música en medio de la calle. La noche empezaba a animarse, era sábado.
Caminé por aquellas calles, entre el olor del aceite de la fritura de los puestos ambulantes, los gritos de las muchachas que reclamaban la atención de los clientes y los puestos que venden lencería de nylon transparente y vibradores. Y de pronto llegué a aquel callejón. Estaba justo detrás de todo aquel alboroto de las calles adyacentes. Al fondo, con sus tonos rojos, había otra barra americana que estaba vacía. Una frontera entre ambos mundos. Bangkok.
