Martinica: el monte que devoraba almas

Por: Sébastien Perrot-Minnot (texto y fotos)
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Desde lo alto de sus 1397 metros, el Monte Pelée domina la isla francesa de la Martinica, en las Antillas Menores. Este estratovolcán, que comenzó a formarse hace unos 300,000 años, se extiende en una superficie de 120 km², al norte de la isla. Atrae a numerosos visitantes locales y extranjeros, que recorren sus faldas, siguiendo senderos balizados y mantenidos por las autoridades. En el transcurso de su ascenso, los excursionistas pueden apreciar los fantásticos relieves y la prodigiosa biodiversidad del volcán, revestido de diferentes tipos de bosques y sabanas.

Llegados a la zona de la cumbre, descubren allí varios domos de lava, producidos por erupciones sucesivas, y un cráter de pendientes abruptas. En este entorno frio, batido por los vientos y a menudo nuboso, crece principalmente una densa sabana, compuesta por pequeños arbustos y hierbas. Sin embargo, en el fondo del cráter, la hondonada del Estanque Seco revela helechos arborescentes y extrañas palmeras, creando un paisaje digno del Mundo Perdido de Arthur Conan Doyle.

El Monte Pelée es activo y potencialmente peligroso

La tranquilidad que reina, hoy, en estos parajes, no debe engañarnos: el Monte Pelée es activo y potencialmente peligroso. Desde hace siglos, los hombres son sometidos a sus humores, a veces terribles. Las excavaciones realizadas en el vasto sitio arqueológico de Vivé, al noreste de la Martinica, mostraron que el asentamiento fue abandonado por sus habitantes luego de una erupción que se produjo alrededor del año 280 d. C.

El volcán experimento otros accesos de furia durante la época precolonial. Uno de ellos tuvo lugar muy poco tiempo antes de la instalación de los franceses, en 1635; le valió al coloso, cuya vegetación había sido devastada, su nombre actual de Monte “Pelado”. En 1792, el mismo experimentó dos explosiones freáticas, sin grandes consecuencias. Se tornó más amenazante en 1851, haciendo caer lluvias de cenizas en los pueblos de Le Morne-Rouge y Le Prêcheur, y en la ciudad de Saint-Pierre, la capital económica de la isla, apodada el “Pequeño Paris de las Antillas”.

Asolaron Saint-Pierre, matando a más de 28 000 personas

La erupción más trágicamente famosa del Monte Pelée ocurrió en 1902. Ese año, el 8 de mayo, después de semanas de fenómenos preocupantes pero mal entendidos entonces, una titánica explosión retumbo en la cumbre del volcán. En los segundos que siguieron, una onda choque y un flujo piroclástico asolaron Saint-Pierre, matando a más de 28 000 personas. Este cataclismo causo estupor en el mundo. En Francia, además de múltiples acciones de beneficencia, un comité oficial de asistencia y auxilio fue creado, y una suscripción nacional fue organizada.

Por otra parte, Estados Unidos, Rusia, los Países Bajos, el Reino Unido, e incluso Alemania, que mantenía entonces una dura rivalidad con Francia, aportaron una ayuda humanitaria. No obstante, el volcán no había terminado su obra de destrucción y muerte: después de ese fatídico 8 de mayo, escupió varios flujos piroclásticos más. El 30 de agosto, uno de ellos mato a unas 1400 habitantes de los municipios de Le Morne-Rouge, L’Ajoupa-Bouillon, Basse-Pointe y Le Lorrain.

El nacimiento de la vulcanología moderna, bajo el impulso de Alfred Lacroix

Este periodo eruptivo, uno de los más mortíferos de la historia de la humanidad, tuvo otra consecuencia notable: el nacimiento de la vulcanología moderna, bajo el impulso de Alfred Lacroix. El ilustre científico francés, profesor en el Museo Nacional de Historia Natural y pronto miembro de la Academia de Ciencias de Francia, instaló dos modestos puestos de observación del volcán desde 1902.

El año siguiente, el puesto del cerro Morne des Cadets, en Fonds-Saint-Denis, fue convertido en un observatorio permanente. Y luego de un nuevo periodo de violenta actividad del Monte Pelée, entre 1929 y 1932, un edifico formal fue construido para albergar el observatorio. Hoy en día, el coloso parece dormitar, pero sigue siendo estrechamente vigilado por los científicos.

Es posible visitar el observatorio del Morne de Cadets, con cita previa. Asimismo, el público puede informarse sobre la vida y la historia del Monte Pelée, visitando la Casa del Volcan (Le Morne-Rouge), el Centro de Descubrimiento de las Ciencias de la Tierra (Saint-Pierre) y el museo Franck A. Perret (Saint-Pierre), donde se exhiben diversos objetos que fueron torturados y deformados por el flujo piroclástico, el 8 de mayo de 1902. Otros testimonios del funesto día son brindados por las ruinas de Saint-Pierre, especialmente las del teatro, la iglesia del Fuerte, la Casa colonial de Salud (el psiquiátrico), la oficina del Cuerpo de Ingenieros, la cárcel y de casas del barrio Figuier.

Se exhiben diversos objetos que fueron torturados y deformados por el flujo piroclástico

Con el fin de valorar el patrimonio cultural y natural del norte de la isla, el Consejo Regional de la Martinica (la asamblea deliberante de esta región administrativa francesa) lanzo, en 2010, una ambiciosa iniciativa: la misión del “Gran Saint-Pierre”. Esta es apoyada por la Unión Europea, el Estado francés, municipalidades y empresas, y coordinada por el escritor martiniqués Patrick Chamoiseau. Los proyectos que desarrolla, en Saint-Pierre, incluyen la rehabilitación del antiguo jardín botánico, el acondicionamiento del malecón de la ciudad, la puesta en marcha de zonas de fondeadero organizadas y de un espacio de acogida de los aficionados a la navegación, una mejor difusión de las informaciones relacionadas con el patrimonio hundido en la bahía (y especialmente, los restos de barcos), la fundación de un centro de arqueología submarina y la modelización en 3D de la ciudad de antes de 1902. Por otra parte, el Gran Saint-Pierre concebirá un circuito turístico que recorrerá el noroeste de la Martinica.

Pero otro de sus grandes proyectos consiste en promover la inscripción del Monte Pelée en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este año, un importante paso fue dado en esta dirección: Francia incluyo el legendario volcán en la lista indicativa de bienes culturales, naturales y mixtos que somete a la UNESCO, en la esperanza de que la organización internacional proclame su “valor excepcional universal”.

Autor:

Sébastien Perrot-Minnot. Dctor en arqueología de la Universidad de Paris 1 (Panthéon-Sorbonne), e investigador asociado a la Universidad de las Antillas y la Guayana

perrotminnot@yahoo.fr

 

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