El concepto de una playa vacía suele inspirarnos imágenes evocadoras de cocoteros, arena blanca y un mar en el que te ves los pies mientras buscas caracolas. Pero hoy propongo que nos alejemos de las postales clásicas y renunciemos al tópico.
Hoy quiero volver a las copas de los árboles, atragantarme de verde, perderme en los bosques y en las selvas, enredarme en los paisajes verticales de las secuoyas o en maleza impenetrable de las junglas. Y es tanto el mundo vegetal que vengo hoy a contaros, que no me caben en 7 destinos.
No hay nada más delirante que la codicia. Puede con todo, con la cordura, con la lógica y con la selva del Amazonas. La ciudad de Manaos, tal y como la conocemos hoy, es consecuencia de una forma de avaricia que se conoció a finales del siglo XIX como la Fiebre del caucho.
Hay ríos glaciares, aguas tintadas en la cuenca del Amazonas, hay ríos que surcan valles imposibles en México. Algunos arrastran menos lírica y se tornan salvajes, otros cruzan desiertos para recordarnos que sin ellos sólo hay una muerte de arena.
Los hoteles de hoy día apuestan por el entorno para sentir el viaje de puertas adentro. Los que descuidan este concepto se vuelven impersonales y el viajero acaba sintiendo el impacto. Ahora los llaman lodges, porque tal vez la idea clásica de un hotel cinco estrellas comienza a ser insuficiente.