Un lugar en el Mundo

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Texturas y colores de Yellowstone

El planeta puede ser un lienzo. Un trozo de tierra en la que se desparraman texturas y colores. Una tela de barro y piedra con olor a azufre, a pino, a agua enloquecida. Un sin sentido de humo, estelas verdes y vientos fríos. Las rocas se recuestan sin pasos en su lomo y en las laderas que partieron en dos a golpes de corriente se agolpan las bestias indecisas. El planeta puede ser un lienzo, a veces, sólo a veces...

20 años tarde en San Francisco

¿Qué más hacemos? Y se nos ocurrió una idea magnífica que hace siete años que no realizamos (viví cinco años en el sur de África y llevo dos años en México donde eso no existe): nos fuimos al Ikea de Oakland!!! Fue brutal, divertido, lleno de emociones. Con esa sensación ya sí de euforia tomamos un avión de noche camino de Salt Lake City. Joder, costó pero al final encontramos el SF irreverente que habíamos imaginado.

Por la senda del Big Sur

De Los Ángeles a San Francisco sólo debe haber un camino: el Big Sur. Su nombre evoca ruta pendiente o ruta tachada. Siempre hay en todos los países algunos senderos que tienen algo de legendarios, éste es uno de ellos. Junto al mar, al límite de un precipicio, el Pacífico queda a un lado y al otro la montaña.

La completa historia de mi encuentro con Mágico González

"Se quedó un tiempo en mi casa, siempre jugando con mi hijo a las pistolas si hacía falta debajo de la mesa, y una vez me dijo que iba a la calle a fumar un cigarro. Volvió dos días después. Apareció vestido con una camiseta y unos pantalones cortos que no llevaba cuando bajó. Lo habían reconocido unos brasileños y se fue con ellos de discotecas y bares a otra ciudad. Así es Mágico"

El Salvador: la playa de San Blas y el volcán Coatepeque

En medio de un conflicto, aún rodeado de violencia o grupos criminales, lo que se impone es la rutina de la vida. Porque casi siempre, salvo cuando caen bombas sin nombre, hay gente que vive allá con una cierta normalidad, niños que van a la escuela, negocios que abren para vender algo con lo que comer, puestos en los que se cocina, parejas que se enamoran y se desenamoran y amigos que conversan alrededor de una mesa.

Los suicidios de los rarámuri

La ola de suicidios de este pueblo nativo, olvidado como tantos en este México con prisas por llegar al presente, tuvo una primera voz de alarma a principios de 2012. Entonces, el Frente Organizado de Campesinos Indígenas denunció que "las mujeres indígenas cuando llevan cuatro o cinco días sin poder darle de comer a sus hijos se ponen tristes; y es tanta su tristeza que hasta el 10 de diciembre de 2011 cincuenta hombres y mujeres, pensando que no tienen que darle a sus niños, se arrojaron al barranco”.

Un barco yanqui en La Habana

La tarde anterior a su llegada había familias mirando el horizonte. ¿Saben si llega hoy el barco yanquí?, le pregunté a dos parejas que me fijé que no hacían nada desde hace unos minutos que no fuera mirar el ir y venir de las olas. "Eso estamos esperando, que llegue", me respondieron ellos con una media sonrisa. Y yo contemplé a su lado, durante algunos minutos, ese mar de La Habana desde el que la alegría cubana se cierne en algo de tristeza, en marcha apresurada y en cuerpos que se hunden tratando de encontrar algo de libertad.

Guachochi: la belleza en escorzo

En Guachochi el terreno es alta meseta. Salimos a ver una comunidad de indígenas tarahumaras y se sucedían los pinares con la amenaza de algún sendero de agua que pudiera dividir lo cruel de lo humano. En la comunidad encontramos una vida dura, pobre y llena de matices culturales de los raramuri, uno de esos pueblos que entiende el mundo desde el otro lado del espejo.

San Antonio: ¿es verdad la historia de El Álamo?

Hay muchos historiadores que niegan que el asedio fuera clave para la posterior derrota de las tropas mexicanas por las huestes texanas lideradas por Sam Houston. Aquí, según las fuentes, hay dos relatos: los estadounidenses afirman que en el asedio provocó 900 muertos y heridos en los mexicanos, mientras que los historiadores mexicanos cifran las bajas en 60 y 250 heridos.

Mariposas monarcas

En una quebrada, rodeada de pinares y algodoncillo, descendiendo por un sendero de tierra y roca. Primero son sombras, aleteos invisibles, movimiento sin sonido. Luego aparecen en grupo, algunas, agitando el aire. Finalmente, allí donde abunda el calor y la comida aparecen por miles, por decenas de miles hasta hacerse millones. Las mariposas monarcas, en Sierra Chincua, Michoacán, México. Naturaleza sin vallas ni fronteras. De Canadá a México, ajenas a las reglas del hombre.

Los viejos «cementerios» de libros de Ciudad de México

Cuando el adolescente tío Nicolás, hace casi 90 años, comenzó a comprar libros usados por Tepito, uno de los barrios más marginales de Ciudad de México, y su madre le preguntó una mañana que pensaba hacer con tanto papel acumulado entre las estrechas paredes de su casa, no se imaginaba que casi 100 años después su familia acumularía millones de obras de segunda mano en "cementerios" vivos donde los manuscritos esperan durante décadas, derramados por el suelo o acumulados en enormes estanterías, que alguien les dé vida

Pátzcuaro: la noche de los muertos

La señora Luisa está en la misma silla, el mismo día del año y ante las mismas fotos que lleva rezando desde que uno a uno ellos fueran marchándose. Desde entonces, la noche del 1 de noviembre, ella prepara con mimo su altar, coloca sus fotos y enciende unas velas que le enseñen a sus muertos el camino, el camino de vuelta al hogar. Estamos en Pátzcuaro, Michoacán.

El cuento de Las Vegas (I)

Una americana oriental de unos cincuenta años era mi contrincante. A mi lado, un tipo gordo con una gorra y dos manos con diez dedos de seiscientos gramos cada uno sería el testigo. Cambié 100 dólares. Ella comenzó a dar cartas. Todo fue muy rápido. El tipo gordo de mi lado se pidió una cerveza. Yo pedí dos servilletas y agua para limpiarme una manche del café. Él me miró con cierta tristeza, como si mi café molestara a su cerveza. Lo hacía. Sentí vergüenza.
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