Cien años de alpinismo (V): Mallory, el gran enigma

Por: Sebastián Álvaro (texto y fotos)
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En un ambiente de orgullo nacional herido, propicio al desquite, surgió en Gran Bretaña el proyecto de escalar el Everest, para olvidar la sensación de derrota en el Polo Sur, que contó con el apoyo de instituciones oficiales, como el Alpine Club y la prestigiosa Royal Geographic y, sobre todo, el vehemente impulso de un personaje como Francis Younghusband, uno de esos aventureros que representa como ninguno la sociedad victoriana, con sus virtudes y defectos, el espíritu romántico que envuelve la época de las grandes exploraciones en Asia y otras partes del mundo a finales del XIX y principios del XX.

La ayuda de Younghusband fue determinante a la hora de conseguir hacer realidad el sueño que venía acariciando desde que se supo que el Everest era la montaña más alta de la Tierra. Y sería George Mallory la figura central de las tres expediciones británicas que en 1921, 1922 y 1924 se enfrentarían por primera vez a la montaña más alta del planeta, llegando a altitudes jamás alcanzadas antes por ningún alpinista.

En un ambiente de orgullo nacional herido, propicio al desquite, surgió en Gran Bretaña el proyecto de escalar el Everest, para olvidar la sensación de derrota en el Polo Sur

Son tiempos que ahora nos parecen lejanos, pero no está de más recordar que a principios de siglo organizar una expedición a las grandes montañas de Asia era una aventura muy diferente a la que puede vivirse hoy en día. Y aquellos alpinistas también. Eran el prototipo de aventureros completos: escritores, pintores, médicos, militares, espías al servicio del imperio británico. El deseo de Mallory era convertirse en escritor, Somervell era cirujano y compositor, camino del Everest realizaba dibujos a la acuarela y recopilaba músicas tradicionales tibetanas. Posiblemente fueran la última generación de aventureros románticos, que simbolizaron el ideal tenazmente perseguido, el fair play, tan querido por los británicos, (que provocaría debates como la conveniencia de utilizar botellas de oxígeno en el Everest o perros en la travesía antártica), y el poso del más noble sentimiento montañero.

Posiblemente fueran la última generación de aventureros románticos: escritores, pintores, médicos, militares, espías al servicio del imperio británico

Después de encontrar la vía de ascensión en 1921, cuando “se salieron del mapa”, como indicaba Mallory, y superar los ocho mil metros en 1922, los británicos volvieron al Everest en 1924. En los primeros días de junio, con las tormentas monzónicas acechando a las puertas del Himalaya, Irvine y Mallory se jugaban la última carta. Unos días antes, Norton y Somervell habían realizado uno de los más importantes avances alpinísticos al lograr alcanzar los 8.570 mts en la cara norte de Everest sin utilizar botellas de oxígeno. Una altitud que no sería superada hasta 1978, cuando Reinhold Messner y Peter Habeler realizaron la primera ascensión del Everest sin utilizar oxígeno embotellado.

“Creo realmente que el combate entre Mallory y la montaña se había convertido en una cuestión personal”, aseguró su compañero Norton

Así que ya no cabían más intentos frustrados. Sólo cabía llegar a la cumbre o fracasar. Los dos alpinistas estaban convencidos de que sobre sus hombros recaía la responsabilidad del éxito. Y con esta presión rondando en sus cabezas iniciaron la escalada. Norton describiría estos instantes: “Yo creo realmente que el combate entre él (Mallory) y la montaña se había convertido en una cuestión personal”.

El día 8 de junio, con un tiempo magnífico, salieron del último campamento, situado a 8.168 metros, hacia la cumbre. Los dos fueron vistos por última vez, según el relato de su compañero Noel Odell, a eso de la una del mediodía por encima del segundo escalón “avanzando resueltamente” hacia la cumbre. Desde entonces el misterio envolvió a los dos alpinistas convirtiéndose en objeto de debate y especulación hasta nuestros días. Probablemente sea el mayor misterio de la historia del alpinismo.

La aparición del cuerpo de Mallory en la primavera de 1999 despejó algunas dudas pero, al tiempo, planteó otros interrogantes

La aparición del cuerpo de Mallory en la primavera de 1999 despejó algunas dudas pero, al tiempo, planteó otros interrogantes, no menos apasionantes. En los bolsillos del escalador, que había muerto por una caída, se encontraron algunos objetos, entre ellos algunas notas y apuntes de las botellas de oxígeno. Lo sorprendente es que no llevase ninguna fotografía de Ruth, su mujer, que siempre dijo que dejaría en la cima, dejando abierto el enigma de si fueron los primeros en alcanzar la cima más alta de la Tierra…

 

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Comentarios (3)

  • Daniel Landa

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    ¡El detalle de la “no foto” de su mujer me parece un final de película!

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  • Omar Verdugo

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    Que interesante historia, es una lectura atractiva a la curiosidad, me ha gustado mucho. Ya se dieron una vuelta al polo norte? En mis lecturas he sabido que en las profundidades de los inmensos bloques de hielo existen cuerpos humanos de antiguas civilizaciones o seria bueno darse una vuelta hasta donde se pueda por los confines del Himalaya por donde caminara el Coronel Fernando Ossendowsky, bueno seria propicio leer su diario autobiografico titulado: Bestias, Hombres, Dioses… Saludos y felicitaciones por su extraordinario trabajo, gracias!!

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  • Javier Brandoli

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    Totalmente de acuerdo con Dani, el final es digno de último fotograma de película que te deja pegado al asiento. Felicidades Sebas por este gran serial que no estás contando en VaP sobre el alpinismo.

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