Ciudad del Cabo (I): Robben Island, la jaula de Mandela

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el viaje

Un cartel, junto a una puerta de metal en la zona de celdas compartidas (literas), en las que siempre había más cuerpos que colchones, explica los diferentes menús que se podían comer en el penal: asiáticos y mestizos (coloureds) eran miembros del grupo B; mientras que los Bantus (negros) integraban el grupo C. Los primeros accedían a más café, pan, carne o azúcar; los segundos no eran merecedores de tomar, por ejemplo, dos tazas de café. Estamos en Robben Island, la famosa cárcel en la que Nelson Mandela estuvo encerrado 18 años en los tiempos del terrorífico apartheid.

La isla de arena seca, calor sofocante en verano, mar en difícil calma y miles de pájaros sobrevolando sus fauces se ha convertido hoy en símbolo de libertad. Una ironía constante en Sudáfrica, donde los símbolos del difícil pasado se usan para limpiar el presente.

Para ir a Robben Island hay que tomar un ferry que sale a las 9, 11, 13 y 15 horas del archifamoso y lujoso centro comercial de Waterfront. Junto a la torre del reloj se accede al edificio memorial Nelson Mandela y, tras pagar 200 rands (20 euros) se accede al barco. En el edificio hay una exposición permanente sobre el proceso de lucha contra el apartheid, el terrorismo del ANC o los niños desaparecidos por la violencia que asola este país (es muy común aquí la mezcla de procesos e ideas en los lugares públicos para evitar herir sensibilidades o, al menos, para herirlas todas a la vez).

Nosotros hemos quedado con Thulani Mabaso, uno de los últimos presos políticos en abandonar el penal de la Robben Island, que nos hará de guía. “Puse una bomba en Johanesburgo, en un centro de inteligencia militar, y me condenaron a 18 años de prisión”, explica. Estuvo en esta cárcel desde 1981 hasta 1991, año en que la isla dejó de ser una prisión política. Thulani, antes de partir hacia el penal, nos señala un barco, el Susan Kruger, que está atracado en el puerto: “Todos los presos llegábamos a Robben Island en ese barco”, explica. Parece un barco de carga. Nosotros subimos a nuestro ahora confortable ferry. (Un consejo es que intenten entrar de los primeros, ya que sólo algunas personas pueden hacer los 12 kilómetros de trayecto en la cubierta, con la brisa del mar sacudiendo la cara. La gente que no va en cubierta puede ver y escuchar un video explicativo sobre la historia de la isla). Tras media hora llegamos a tierra.

Nada más  llegar al islote pasamos bajo un arco en el que se lee en afrikaner e inglés: “Bienvenidos: servimos con orgullo”. Luego, tras cruzar las puertas de la prisión, comienza un relato de hasta donde puede llegar la barbarie humana. “Nos recortaban las cartas que nos enviaban y nos daban siempre las malas noticias; nuestras cartas las enviaban a personas equivocadas; nos torturaban… A mi me torturaron pegándome en mis genitales”, dice Thulani. “Lo primero que hacía era asignarte un número, perdías tu nombre”, recuerda.

Tras cruzar varios pasillos, llegamos a la famosa celda de Nelson Mandela. Todo el mundo quiere hacerse una foto en el habitáculo donde vivió el preso político más famoso de la historia

Tras cruzar varios pasillos, llegamos a la famosa celda de Nelson Mandela. Todo el mundo quiere hacerse una foto en el habitáculo donde vivió el preso político más famoso de la historia. Seis metros cuadrados donde sólo entraba una cama, una palangana y un manta que no evitaba el frío de las noches de invierno. 46664 es algo más que un símbolo, es el nombre con el que se conoce al líder enjaulado. Era el número de celda de Mandela.

Un Gobierno entre rejas

Luego, en el patio, hay fotos de algunos de los líderes negros más importantes que estuvieron aquí encerrados: Sisulu, Mbeki, Sobukwe, Molanthe, Mandela. Allí salían cada mañana a picar piedras, sentados en hileras y encadenados. Los tres presidentes que ha tenido Sudáfrica han pasado por Robben Island (Mbeki y Zuma también estuvieron aquí encarcelados). “La mayoría de mis amigos de la cárcel han acabado en puestos del Gobierno. Muchos han sido o son ministros. Cuando quedamos nos reímos de eso”, dice Thulani. Y es que Robben Island fue también el lugar donde se preparo el nuevo poder negro. “Cuando leímos en los periódicos que EE UU condenaba el apartheid supimos que la democracia iba a llegar y empezamos a prepararnos para gobernar. Mandela, nuestro gran líder, nos enseñaba economía y derecho. Todos teníamos que aprender a hacer la tarea que se nos había encomendado para cuando saliéramos fuera y tomáramos las riendas del país. Yo iba a ser el ministro de Logística, pero me he quedado en guía de Robben Island. Sonríe. (De los 23 guías actuales, 12  han sido presos).

Hay miles de historias más que contar: como el lenguaje que usaban los reclusos para comunicarse: dos golpes en la pared, todo bien; uno o ninguno, tengo problemas. Toda la cárcel se convertía en un retumbar de golpes en cadena; o como escuchar que “nunca pude soñar aquí dormido, siempre despierto. Nunca recordé aquí un sueño”; o como cuando Thulani dice que él “perdona pero no olvida” y que “muchas mañanas me cuesta venir a trabajar a un lugar del que pensé que nunca iba a salir. Tengo ataques de ansiedad”.

Menú que explica las diferencias de comida entre indios y mestizos con los negros

Para otros turistas, la visita es distinta. Tras pasar por la prisión, cogen un autobús que durante más de una hora recorre sus 518 hectáreas. Pueden contemplar, por ejemplo, la pequeña casa donde se encerró, en completa soledad, a Robert Sobukwe, líder del radical Congreso Panafricano; las defensas de la Segunda Guerra Mundial; la iglesia de leprosos o las casas de los guardianes blancos. Nosotros no hicimos esta visita y nos quedamos solos con Thulani, que nos abrió estancias a las que usualmente no accede el gran público (lo hicimos tras acreditar que éramos periodistas). La historia de Robben Island, el antiguo penal inglés de siglo XVII, que fue usado como leprosería entre 1836 y 1931, es la de un lugar temible por su simbolismo. Los pasillos de estrechas celdas encogen el estómago del viajero. Hoy, los mismos que fueron allí encerrados, enseñan su historia, su vida.

el camino

Iberia -www.iberia.com- tiene vuelos entre Madrid y Johanesburgo y está planteando abrir un vuelo también con Ciudad del Cabo. Las líneas aéreas turcas -www.turkishairlines.com- acaban de lanzar una oferta de vuelos a Johanesburgo por menos de 500 euros. www.egyptair.com tiene también buenas ofertas.

a mesa puesta

Las debilidades de este viajero son:

Socieyt Bistro: Mi restaurante favorito. La comida, el risotto y la pasta, deliciosos (especialmente la pasta con salchichas y el arroz con panceta y el arroz con champiñones). Toda clase de vinos. Los camareros son encantadores y una cena junto a la chimenea, de larga conservación, inigualable. Una debilidad de este viajero. Alrededor de 120 rands por persona (12 euros). Dirección: Orange Street, 50. Gardens. Tfno: 021 424 2100

Beluga: El restaurante más sofisticado de la ciudad. Comida exquisita y ambiente moderno. Antes de comer se puede tomar algo en su larga barra, donde hay una extensa oferta de cocktails, champán o vinos sudafricanos. La carta es variada: El sushi es el mejor de la ciudad (los miércoles, durante la comida, está a mitad de precio) y platos como los Calamares de la Patagonia, el Fishline, el Slow Roasted Duck o el Lamb Shank son, sencillamente exquisitos. El precio de una cena para dos, con vino, ronda los 600 rands (60 euros). Un precio bajo en Europa y alto aquí. Está siempre lleno, así que conviene reservar.
Dirección:The  Foundry: Prestwich Street. Greenpoint (cerca del estadio). Teléfono: 021 4182948.
Posticino: Un restaurante italiano en Sea Point. Las pizzas son buenísimas, de masa fina y tomate natural, y la lasaña de pollo y champiñón está tremenda. El tiramisú, de 2 kilos, espectacular también. El precio, con vino, ronda los 100 rands por persona (10 euros). Las camareras son muy simpáticas.
Dirección: Main Road, 323. Sea Point.
Den Naker:
Unos mejillones belgas, con patatas fritas y con una botella de frío vino blanco junto a su terraza pegada a los barcos del puerto es una alternativa genial tras volver de Robben Island. Este restaurante belga, cerca del Memorial Nelson Mandela de Robben Island, en Waterfront, es la mejor opción para comer en el sobrecargado centro comercial. Eso sí, la langosta hay que pedirla sin salsa picante, por favor. Unos 200 rands por persona (20 euros).
Dirección: Pierhead, Waterfront. Teléfono: 021 419 0251
The Sidewalk Café: Un secreto de la ciudad. Este pequeño café está cargado de encanto y se encuentra en el residencial barrio de Vredehoek. Las vistas, si el tiempo acompaña y se coge el barril de la puerta, con sus dos taburetes, mientras se saborea un  buen vino, invitan al sosiego. El sitio es ideal para cualquier momento: desayuno, comida o cena. Decorado como el coqueto salón de una casa, sin pretensiones, posee una carta corta pero de calidad. Lo mejor es su atmósfera. Conviene reservar:
Dirección: Derry street, 33. Vredehoek. Teléfono: 021 461 2839

una cabezada

Un compromiso de esta página es recomendar sólo lugares en los que hemos estado. En Ciudad del Cabo, pese a vivir aquí durante meses, he alquilado una vivienda. Pese a todo, hay oferta abundante y variada: desde varios hoteles de mochileros a guest houses de lujo. Durante el Mundial se están disparando los precios.

muy recomendable

-Leer los libros un “Arco iris en la noche”, de Dominique Lapierra; “Breve historia de Sudáfrica”, de R. W. Johnson y “Vagabundo en África”, de Javier Reverte. Los dos primeros son muy completos y explican al detalle la convulsa historia de este país. El del profesor Johnson es especialmente didáctico.

-Ver la película “Adiós Bafana”, que narra la estrecha relación de amistad que acabaron teniendo Nelson Mandela y su guarda de seguridad en Robben Island, James Gregory. El film, basado en hechos reales, sirve para hacerse una muy buena idea de la vida en Robben Island.

-Subir a la cima de Lions Head para contemplar la ciudad. Las noches de luna llena se llena de capetonitas que quieren ver salir la luna de las entrañas del mar. Hay que llevar linterna y la subida es exigente.

-Perder el miedo a la ciudad y sus leyendas urbanas y sólo tener ciertas precacuciones que eviten la paranoia local. La ciudad, por la cercanía de la World Cup, se ha llenado de Policía. Usen los minibus: son más baratos y son muy divertidos (5 rands el trayecto).

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Comentarios (14)

  • ricardo

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    Ironías de la vida. Muy buen reportaje Javi. Fuerte abrazo

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  • JUANCHO

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    Por que en todos los rincones dl mundo, cuanto mas negro, mas jodido??? Y luego nosotros nos volvemos locos por estar morenos… Eres un crack. Fantastico!

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  • Tu jefa de prensa favorita

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    Hola Javier: No tienes ni idea de la envidia que me das cada vez que leo tus andanzas por Sudáfrica. Entretanto, aquí las cosas están cada vez más feas. Un abrazo fuerte y difruta del viaje, y una cosa, aunque me gusta leerte, me gustará más cuando me lo puedas contar con una cervecita delante. Rosa

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  • javier

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    Me encanta saber de mi jefa de prensa favorita. Lo de la cerveza está hecho, aunque asi es por mi la tomamos en 2012. Un beso fuerte del periodista que te jodía los viernes

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  • ernesto

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    ¿probando, probando? precioso reportaje. Te echamos de menos. Aprovecha para perfeccionar tu afrikaner, porque de inglés eras el más flojete del grupo

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  • Uno de la roja

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    Pone los pelos de punta lo que cuentan. Su información de Sudáfrica es muy completa. Gracias, la estoy usando para este viaje en el que espero volver a casa con más de una copa

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  • Pilar

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    ¿Cómo puedo encontrar a Thulani?
    Gracias

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  • Javier

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    Es guía de Robben Island y trabaja en el Memorial Nelson Mandela, en Waterfront, Ciudad del Cabo

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  • Barbaro

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    Según nos esplicaron a nosotros, más de la mitad de los guías de Robben Islan fueron presos. Enhorabuena por el reportaje

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  • Peralta

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    A mi me dijeron, que vivo aquí, que todos son presos. Arriba Colombia!!! Bonito reportaje

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  • Javier

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    En la actualidad, y según me explicaron en la visita, hay 21 guías y 12 han sido presos de Robben Island

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  • Manolo

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    Es cierto que llueve mucho? Vamos para allá y no llevamos ropa para la lluvia. Gracias

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  • javier

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    Por ahora no ha llovido más de dos días seguidos, pero los lugareños dicen que puede durar una semana el aguacero. Cruzamos los dedos

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