El Gran Cañón a vista de pájaro

Por: Ricardo Coarasa (texto y fotos)
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el viaje

Desde las alturas, el río Colorado parece inofensivo, incapaz de provocar la descomunal erosión que, con paciencia de orfebre, comenzó a alumbrar el Gran Cañón hace ahora diez millones de años. Sobrevolamos el desierto de Nevada en dirección a la vecina Arizona, en el oeste de los Estados Unidos, disfrutando de uno de los más sensacionales espectáculos de la Naturaleza. El viajero se ha subido, rodeado de una docena de japoneses, a una avioneta de Scenic Airlines en un pequeño aeródromo de Las Vegas, la meca de los casinos. Tenemos por delante una hora de trayecto hasta llegar al parque nacional del Gran Cañón. Sesenta minutos para festejar, si las turbulencias lo permiten, el privilegio de ver con nuestros propios ojos una de las indiscutibles postales del mundo.
A vista de pájaro, los caminos que se cruzan de forma caprichosa parecen cintas de gimnasia rítmica abandonadas a su suerte en el pedregal. Luce un sol divino y pese a las advertencias de posibles vaivenes, el vuelo es tan plácido como un paseo en barca en El Retiro. Ahí abajo, sin embargo, no está el estanque del querido parque madrileño, sino una presa descomunal, la Hoover Dam, cuyas aguas azules están pintadas con acuarelas. Escuchamos por los auriculares una grabación en español de la historia del Gran Cañón, pero es imposible prestarle atención, porque los ojos mandan y el espectáculo es demasiado bello para distraerse con datos que puedes encontrar en internet.

A vista de pájaro, los caminos que se cruzan de forma caprichosa parecen cintas de gimnasia rítmica abandonadas a su suerte en el pedregal.

La erosión que ha provocado el agua en la roca es brutal, como si un dios encolerizado hubiese surcado con sus dedos esta dura geografía de piedra rojiza moldeándola cual mantequilla. Pero el causante real de tan ingente obra, el río Colorado, despliega su curso como si la cosa no fuera con él. Quizá sea esa sabia modestia, cargada de paciencia, la que le ha permitido vencer a la piedra y dibujarla a su antojo.

el camino
Desde Las Vegas, la oferta para llegar hasta el Gran Cañón es amplia. El viajero se decantó por Scenic Airlines, una de las compañías que ofrece este servicio (www.scenic.com), pero también puede optarse por el autobús. Una vez en el Gran Cañón, otra de las opciones es un vuelo en helicóptero (www.papillon.com) con precios que oscilan entre los 100 y los 400 dólares en función de la duración del mismo.

una cabezada
Los alojamientos en el parque (Tovar Hotel, Yavapai Lodge y Phantom Ranch, entre otros) son escasos y casi siempre están llenos. Imprescindible reservar si nos decantamos por esta opción. Es posible igualmente acampar dentro del parque nacional, aunque sólo en determinadas áreas reservadas. Más información sobre alojamientos: www.grandcanyonlodges.com.

muy recomendable
Una vez en el Grand Canyon Village hay que sacar tiempo para caminar un rato por cualquiera de los senderos que recorren el parque. También se puede decidir por un paseo a caballo, en mula y hasta en carromato (entre una y cuatro horas) rememorando las antiguas rutas de los exploradores pioneros del XIX. Para los que dispongan de poco tiempo, el Rim Trail discurre por el borde del Gran Cañón en Maricopa Point (al oeste del parque) y basta con media hora para inundarse de la energía que desprenden las imponentes paredes de roca, un abismo d sombras y luces de tonalidades cambiantes. Más información: www.nps.gov/grca.

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