El viaje
El cementerio de Highgate, en el distrito de Canden, queda fuera de las rutas turísticas del inmenso y monumental Londres. Se trata de un lugar especial, simbólico y lleno de historia. No sólo porque allí descansan los huesos de Karl Marx, probablemente el hombre más influyente en el devenir histórico del siglo XX (entendiendo que su filosofía, ramificada en diversas y muy diferentes opciones, se ha plasmado en buena parte de las revoluciones, regímenes políticos y gobiernos que se han sucedido tras su muerte), sino también por la cantidad de famosos personajes que allí han sido enterrados. La lista de ilustres que le dan a uno a la entrada del cementerio este, la parte más moderna y abierta al público sin necesidad de visita guiada, está plagada de deliciosas curiosidades. La otra mitad del camposanto, la oeste, es más antigua y monumental, pero no la podrán visitar por su cuenta. El escenario parece una pintura de la época que hubiera sobrevivido intacta al paso del tiempo. Árboles y vegetación que se mezcla entre las escultóricas tumbas. Un paseo por la historia en el que incluso pueden cruzarse con algún zorro que merodea por la zona.
Para llegar al cementerio cogemos temprano el metro, que nos lleva desde Liverpool Street, donde estamos alojados, y paramos en la estación de Archway, en la Northern Line (se puede parar también en la estación de Highgate, pero está algo más lejos del cementerio). Tropezamos con el típico barrio londinense de casas iguales en hilera, con sus ventanales empinados y su aspecto victoriano. Me gusta esa parte de esta cosmopolita ciudad (la de guardar parte de su esencia intacta tras una, a veces, engañosa fachada).
Durante años Highgate estuvo casi en estado de abandono y fue una asociación privada la que lo ha restaurado. Es un campo abierto, con caminos de arena rodeados de árboles, en el que se suceden las escultóricas tumbas antiguas junto a otras más modernas.
Por fin llegamos al cementerio. Nuestra idea es visitar la tumba de Karl Marx por lo que nos dirigimos directamente a la parte nueva (ya he indicado antes que hay dos partes). Fue un error, porque aquel día y por falta de tiempo, no pudimos entrar en el viejo camposanto que, según he comprobado después es un espacio fascinante en el que se dejó de enterrar en 1975 por “lleno total” y en el que hay una mezcla de columnas egipcias y mausoleos del siglo XIX que le dan al lugar una nebulosa magia.
Entramos por tanto, tras pagar tres libras (hace tres años) en Highgate este, inaugurado en 1834, y que formó parte de un plan municipal de cementerios privados (siete) creado ante la imposibilidad de seguir enterrando cuerpos en las iglesias londinenses que, por entonces, colgaban ya el cartel de “overbooking”. Durante años Highgate estuvo casi en estado de abandono y fue una asociación privada la que lo ha restaurado. Es un campo abierto, con caminos de arena rodeados de árboles, en el que se suceden las escultóricas tumbas antiguas junto a otras más modernas.
«Cambiar el mundo»
El lugar en el que está enterrado Marx está en la parte alta, en uno de los caminos principales. Un enorme busto sobre su famosa frase “obreros del mundo, uniros” nos indica que hemos llegado a nuestra cita con el filósofo. En la parte baja de la escultura se puede leer: “Los filósofos sólo han interpretado el mundo de varias formas, sin embargo, el objetivo es cambiarlo”. Junto a la tumba, en la que también se enterró a otros miembros de su familia y a su fiel sirvienta, con la que tuvo un hijo, hay varios ramos de flores en el suelo fruto de la peregrinación diaria de comunistas y admiradores llegados de todo el planeta. Son muchos los que aprovechan para hacerse unas fotos junto al agitador de masas más universal.
Sin embargo, lo que vemos ahora poco tiene que ver con la realidad del entierro de Marx, el 14 de marzo de 1883. Entonces, su muerte sólo llevo a apenas 10 personas hasta Highgate. Un año después, fueron 6000 comunistas los que se acercaron hasta su tumba a rendirle tributo, lo que fue impedido por la Policía que blindó el recinto e impidió hasta la entrada de su hija Leonor. La tumba que vemos ahora se erigió en 1955 por encargo del Partido Comunista Británico. Marx descansa cerca de donde murió, en su residencia del número 41 de la calle Maitland y en la ciudad en la que escribió su famosa obra de “El Capital (en la biblioteca del museo británico).
Pero ya decimos que Highgate es lugar de descanso de otros personajes famosos de calado histórico como los padres de Charles Dickens; el escritor George Eliot; el criminal y posible inspirador del personaje del Profesor Moriarty, Adam Worth… y otros más actuales, a los que la historia aún debe ubicar, como el creador del partido comunista en Irán e Iraq, Mansoor Hekmat o el disidente ruso muerto en extrañas circunstancias hace cuatro años, Alexander Litvinenko. Pero sobre todos ellos sobresale uno de mis favoritos de Highgate, el primer hombre que decidió ventilar las salas de los hospitales (siento no recordar el nombre pero la anécdota se me quedó marcada. Uno puede merecer un hueco en la historia por muchas cosas, incluso por abrir unas ventanas). No obstante, ya digo, la lista de personalidades es extensa y la visita merece dedicarle una mañana en la que acabar comiendo en un especial pub y andando por un especial parque que recomendamos en las pestañas de arriba.
P.D. Alguna de la información aquí reflejada se debe también a un fabuloso artículo firmado por Esteban Pérez en la Comunidad de El País. Uno, que hizo la visita hace tres años, necesita refrescar parte de su memoria cuando le falta el bloc de notas. Nos gusta en VaP reconocer a cada uno sus méritos.





