Isla Benguerra: bienvenidos al paraíso

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

Hay dos formas de leer este post. La primera lo leen con las fotos (lo más recomendable); la segunda leen el texto y comprueban si dice algo que no se ve en las fotos. Es complicado describir el paraíso. Intenten imaginarlo.

Imaginen una isla del océano Índico, de once kilómetros, en la que vive una comunidad nativa de 1.400 personas con su ritmo sosegado y lento. Imaginen que la isla tiene en su corazón una laguna de agua dulce en la que un grupo de flamencos rosas avanzan lentamente ante la atenta mirada de dos cocodrilos. Imaginen que pegada al mar hay una enorme duna de arena, de más de 20 metros de altura y de fina arena roja, desde la que se contempla toda la isla y un perfecto atardecer. Imaginen que bajo las cristalinas aguas hay una barrera de coral donde los peces adoptan mil formas y colores, pareciera que inventándose en cada mirada. Imaginen una playa en la que cada mañana pasan mujeres con niños colgando de la espalda, con su gesto erguido y la característica seña de identidad de la mujer africana de cargar cubos y bolsas sobre sus cabezas. Imaginen unas aguas en las que las viejas barcas de madera despliegan sus velas zurcidas mil veces y se deslizan lentamente hasta perderse entre el azul infinito que las rodea. Imaginen que comen por la tarde lo que esas barcas traen por la mañana. Imaginen un hotel con habitaciones que descienden hasta casi tocar el mar. Imaginen que pueden contemplar cada tarde, sentados en la terraza de su habitación o sobre su propia hamaca, una puesta de sol que enrojece el horizonte. Imaginen una comida excelente regada con unos excelentes vinos en aquella apartada nada. Imaginen una cena en la arena, junto al mar, con la única luz de unas antorchas y una hoguera, junto a la que extienden una manta y cojines en la que tomar una copa. Imaginen el olor a marisco fresco y el humo que se escapa de dos grandes barbacoas. Imaginen una ducha al aire libre, en su habitación, mirando miles de estrellas. Imaginen que pueden salir a bucear, a pescar o a navegar en aquel escondido trozo de océano. Imaginen una noche con el único ruido del lento divagar de las olas. Imaginen gentes agradables, sonrientes con las que conversar mientras preparan el cóctel del día en la barra de un bar hecho de madera y paja. Imaginen el paraíso. Imaginen Isla Berenguerua, en Mozambique. Imaginen el hotel Marlin Lodge. Realmente no hace falta decir nada más. Hay reportajes a los que les sobran las palabras.

P.D. Para los amantes de las pesca y el buceo, el hotel cuenta con dos centros profesionales en caada actividad. Son dos de las actividades que más clientes llevan a esta isla. Hay bastantes posibilidad de ver tiburón ballena y mantas en las inmersiones. Sobre la pesca, el atún que está cortando un cocinero en las fotos de arriba fue pescado por la mañana por unos holandeses hospedados en el lodge.

Para más información: http://www.marlinlodge.co.za/

el camino

Desde Maputo, la capital, se vuela con Air Mozambique a Vilankulos. El precio ida  y vuelta ronda los 400 dólares. Desde Johannesburgo hay algún vuelo directo a Vilankulos. Personal del Marlin Lodge va a recogerlos al aeropuerto y desde allí se va en motora hasta la isla (30 minutos).

Pueden también alquilar un coche en Maputo, pero no hay muchas compañías y el precio es caro. Es sin embargo la mejor opción si lo que pretenden es conocer el país y parar en distintas playas y parques.

La última opción es ir en Chapas (autobuses locales). Es una viaje muy largo, probablemente deberían hacerl en dos días y nada cómodo, pero francamente divertido y barato. Esta opción es sólo recomendable para los muy aventureros y los que novayan muy justos de presupuesto.

una cabezada

Marlin Lodge Hotel. (www.marlinlodge.co.za). Todas las habitaciones dan al mar. El personal es eficiente y encantador. Es sencillamente un lujo de hotel. Está pensado cada detalle.

a mesa puesta

La. comida es uno de los garndes alicientes del Marlin Lodge. Se come marisco y pescado fresco junto a recetas elaboradas. Tiene también una buena selección de vinos. Excelente.

muy recomendable

-Hagan bueco, pesca o snorkel (desde luego vayan al arrecife de coral a contemplar los fondos marinos). Recuerden que están dentro de un parque Nacional donde se pueden ver delfines, tiburones ballena o flamencos rosa.

-Visiten la comunidad nativa de la isla y suban a la gran duna a ver un atardecer.

-Si tienen más presuesto y días, suban al norte hasta Isla de Mozambique o bajen al sur a las playas de Tofo e Inhambane.

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Comentarios (11)

  • Tatiana Ruiz

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    Vaya lugar, impresionante…

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  • Carlos Piatti

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    Lugares como este no son comunes. En América tenemos algunos, pero este reportaje me ha llegado a emocionar por lo bello. Vivo en Chile y espero ir pronto a Africa, es un viaje que siempre he querido hacer. Apunto este lugar

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  • ana

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    pffffffff

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  • Mi Lawrence

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    Estoy con Ana, necesito una limada de dientes… se nota la tranquilidad a la hora de sacar fotos 😉

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  • javier

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    Es fácil ver sólo con las fotos como se transmiten las sensaciones, al menos la calma. No volví a sacar fotos como estás o como las que publicaré el viernes en todo el viaje.
    Gracias y saludos a todos

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  • valero antón

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    Sr. Javier, ¿y cuanto vale todo este lujo? Porque ustedes, los señores de la prensa, suelen ir invitados, pero los asalariados tenemos que pagárnoslo y me da a mí que esto tiene que salir por un pico. Creo que es honesto decirlo, nada mas.

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  • Javier Brandoli

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    El precio supera los 350 dólares la noche y puede llegar a los 700. Y sí, es cierto que estuve invitado o, si lo prefiere, trabajando, que esta es la profesión a la que yo me dedico. En todo caso, es un lugar que merece la pena para quien se lo pueda permitir o quien quiera vivir una experiencia de lujo al detalle. No obstante, verá usted en diez días un reportaje en esta misma revista de la playa de Tofo, en Mozambique, que también es una maravilla y donde dormí en un hotel de mochileros. A propósito, me pasé más de trece horas en un autobús para llegar hasta allí entre gallinas, sacos, bolsas y decenas de piernas y brazos. También le recomiendo tener esa experiencia, yo la disfruté también.

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  • valero antón

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    Disculpe si le ofendí, era solo una observacion. Creo que con las trece horas de autobus bien se merecia una invitacion tan esplendida, aunque dudo que los clientes habituales de este hotel hagan lo mismo.. Espero con interes su nota sobre la playa de Tofo

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  • Javier Brandoli

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    No, no me ofendió, ni mucho menos. Quizá no me supe explicar. Entiendo su observación y sólo pretendía decirle que el paraíso tiene un precio alto, sin duda, es parte del encanto de ese lugar como lo es en Tofo ayudar a unos pescadores a empujar una barca al mar o subirse a un ferry que es una barcaza de madera carcomida que da la sensacción de que se puede hundir en cualquier momento. No soy radical en los viajes. No creo en el lujo ni en la dureza para hacerlos más reales, creo en las sensaciones y en Berenguerua las tuve muy buenas a un precio prohibitivo para el 95% de la población. El objetivo de esta revista es contar nuestras experiencias viajando, sin esconder nada.

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  • Javier Brandoli

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    Gracias Eduardo. Aquí publicaré el viernes esa misma historia desde un punto de vista más personal. Esa es la sorpresa que se esconde tras el lujoso paraíso y que lo hace más humano. No soy tipo desde luego al que le gusten los hoteles de todo a mil sin nignún encanto que no sea el lujo desmesurado, pero respeto a todo el que viaja como quiera que lo haga. Ahora, no entiendo ir a un lugar como este y no querer ver lo que hay detrás, ese es el secreto de un viaje en mi opinión (si no, quedémonos en casa). Algo parecido a lo que tu explicas en tu muy buena historia de Sri Lanka. Habría mucho que hablar sobre el beneficio y perjuicio del turismo en África. Creo que los tópicos en este tema se caen pronto en la realidad.
    Un abrazo

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