Antelope Canyon: juegos de luz y sombras

Aquí hay que encontrar los recovecos del desierto, sus entrañas; hay que dejarse llevar por sus trazos suaves de roca tallada, por sus ondas de piedra, por esas curvas que desembocan en un escenario que parece prohibido, de tan bello. Antelope Canyon es una mujer, con sus misterios, su sensualidad y su embrujo.

Intentar describir el Antelope Canyon es como tratar de contar la historia de un lienzo. Éste es uno de esos lugares que no se pueden explicar. Se accede por una grieta minúscula, un descuido de ese paisaje árido de Arizona. Afuera la luz se estrella en el desierto encendiendo las paredes del Gran Cañón del Colorado, pero una vez en dentro, cuando uno se cuela en el subsuelo, la naturaleza juega al capricho del desconcierto.

Los navajos custodian el lugar, con sus coletas oscuras, sus sombreros de cowboy y su mirada cansada, reclamando al turista una compensación por tantos años de agravios. El Antelope Canyon (Cañón del Antílope) se encuentra cerca de la localidad de Page, donde los niños ya han aprendido el lenguaje del i-Phone y se van olvidando de tam tam de sus tambores. Pero allí, bajo esa grieta del terreno, se concentra la magia que inspiró las tradiciones de los indios.

Sentí casi de golpe la brusquedad de su belleza, la confusión de un sueño, el suspiro contenido de Stendhal

Bajé unas escaleras tan estrechas como las reservas de los navajos, tan escondida como sus ceremonias. Sentí casi de golpe la brusquedad de su belleza, la confusión de un sueño, el suspiro contenido de Stendhal. El Antelope Canyon es un laberinto para los sentidos, donde la roca marca el paso del visitante, guiándole por pasadizos improbables para la imaginación más creativa. El agua ha pulido durante siglos este desfiladero, pronunciando sus curvas para perfeccionar este juego de seducción. Éste es sin duda un paisaje femenino, en contraste con la hombría del Gran Cañón, tan abrupto y erguido. Aquí hay que encontrar los recovecos del desierto, sus entrañas; hay que dejarse llevar por sus trazos suaves de roca tallada, por sus ondas de piedra, por esas curvas que desembocan en un escenario que parece prohibido, de tan bello. Antelope Canyon es una mujer, con sus misterios, su sensualidad y su embrujo.

En 1997, se produjo una inundación repentina en el cañón. Once turistas perecieron ahogados en una trampa mortal, atrapados en el regocijo de la contemplación. Cuando nosotros visitamos este lugar, el sol se alzaba en lo alto, al mediodía. Y en ese punto álgido, la luz se asocia con la erosión del agua para encender la roca y formar un mural de colores. Es un delirio subterráneo, donde se suceden los naranjas y violetas, los amarillos y rojos, en una paleta de colores irisados que acabaron abrumándonos. Nos atrapó la luz con la misma intensidad con la que a aquellos pobres turistas les atrapó el agua. El día que nos adentramos nosotros, el cañón estaba deslumbrante, estrenando en cada curva un tono diferente, era como perderse, en… ¡un momento! ¿qué estoy haciendo? Vaya, se me olvidó que es imposible explicar el Antelope Canyon, que es como empeñarse en describir la historia de un lienzo…

 

Notificar nuevos comentarios
Notificar
guest

6 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Tu cesta0
Aún no agregaste productos.
Seguir navegando
0