Decálogo del Atlántico a remo

Por: Pedro Ripol

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Cuando alguien dice: «esto no puede hacerse», será sorprendido por alguien que lo haga. Sin duda, el riesgo asumido y el esfuerzo entregado a aquello en lo que verdaderamente crees, compensa. Tomas conciencia de que los límites los ponemos nosotros; que las barreras están en la mente más que en ningún otro sitio. Que si quieres, puedes. «Entre el 80 y el 90% de tu éxito depende de tu forma de ver la vida, de tus actitudes, de tus emociones y menos del 10% de tus conocimientos», considera Emilio Duró.

Versos, frases hechas, máximas… Muchas encierran una sabiduría inmensa, pero al final siempre me repito: Enfoca tu destino y mímate cumpliéndolo. Muchos me preguntan qué aprendí de la aventura. Todo ello lo he intentado plasmar en el libro, pero como quien lo hereda no lo hurta, y mi familia es gran refranera, me atrevo a repetir algunas de las ideas nacidas o reforzadas en este aprendizaje.

Enfoca tu destino y mímate cumpliéndolo

Mi decálogo del Atlántico a remo:

1. Amor, actitud positiva y educación. A la hora de tratar a las personas existen dos formas: la primera, con la bota militar en el cuello por el ordeno y mando y, la segunda, por la vía del amor; si te quieren, si hay emociones, la relación es más fácil y provechosa para todos.
2. Determinación, concentración y preparación: El miedo es, en gran medida, consecuencia de una falta de preparación. Nunca dudé de llegar a Barbados remando; o se hundía la barca, o llegábamos.
3. El profesional te ahorrará tiempo y dinero: De la teoría a la práctica se baja en vuelo picado, pero de la práctica a la teoría va un trecho que tarda mucho en recorrerse…si es que se consigue.
4. No confiarse nunca, anticiparse al peligro y tener siempre un plan B en la chistera: El convencimiento —erróneo— de que el verdadero peligro podría venir durante el viaje cruzando el Atlántico nos hizo subestimar travesías entre las islas durante los entrenamientos que, a priori, parecían fáciles o no tan arriesgadas y casi no lo contamos.
5. Nunca trabajes demasiado, porque si lo haces no tendrás tiempo para pensar y si no piensas no alcanzarás tus metas, tus sueños…
6. Un buen equipo marca la diferencia; es básico tener buenos colaboradores. Sé duro con el problema pero suave con las personas. Se debe reprobar en privado pero alabar en público.
7. Ver las cosas con perspectiva, desde cierta distancia y dedicarles tiempo inteligente. A veces, las ramas no nos dejan ver el bosque.
8. El orden es indispensable para el éxito. A menudo, el estrés innecesario que soportamos nos lo hemos generado nosotros mismos.
9. Hacer lo que te apasiona. Si no puedes ahora, pues cuando puedas. Es fácil seguir el camino, lo difícil es saber cuál.
10. Y termino esta lista con una frase que me hace relativizar la vida y los proyectos en los que me embarco, y nunca mejor empleada la palabra. Un día mi abuelo Alejo, a sus 80 años y perfectamente lúcido, me cogió de la mano y con una mirada de ternura me dijo: Pedro, te lo juro, yo ayer tenía 20 años…

La vida es lo que te sucede mientras haces otros planes

Mi querida amiga y experta en coaching Mónica Pérez-Zorrilla quiso saber más sobre el por qué y para qué de la travesía. Lo primero que observó es que yo deseaba despertar un potencial acallado en mi interior, posiblemente sin ser consciente de ello. Cuando estudiaba tuve dos matrículas de honor: una en gimnasia y otra en arte, lógicamente justo en las dos materias que me apasionan. Quizás por ahí debe andar mi talento único, mi propósito en la vida. Según la ley del Dharma se trata de ese talento que todos tenemos pero que no todos conocemos y desarrollamos. Ése podría haberme llevado por otros derroteros pero… La vida es lo que te sucede mientras haces otros planes (John Lennon).

Desconocía entonces los refranes de Rafael Feliu Blanes (1915) recogidos en un manuscrito denominado “El arte de hacer fortuna”. El primero de ellos dice así: Elige la clase de negocios (o proyectos) que más se adapte a tus inclinaciones. Quizás el no haber desarrollado esas habilidades naturales me instaba a buscar algún proyecto que me hiciera vibrar y la pregunta de Ann Goulden de si quería cruzar el Atlántico a remo abrió la válvula de escape y algo hizo que contestara que sí en el acto. Ese sí salió del alma, de mi esencia, y desafió lo racional de mi situación liberando, al tiempo, un anhelo acumulado en mi interior. Ese sí me hizo vibrar de libertad, pasión, felicidad, confianza y autoestima. Compaginar emoción y razón no es fácil. Yo quise romper con la rutina, despertar del tedio —acaso por eso también soy bombero voluntario— vivir la emoción del riesgo, cortar con lo racional… Me atrae tanto estirar de la cuerda que llegado el otro extremo —en el que la muerte te mira fijamente a los ojos— me hace regresar de nuevo a lo racional, a aquello de lo que huía. Alcanzado este punto se equilibra de nuevo la balanza de la rueda de la vida. Aquello contra lo que lucho es también lo que me salva.

Uno debe comprometerse pero tampoco obligarse de forma imperativa

Estos dos retos, el cruce del Atlántico y la redacción de esta obra (honestamente, no sé cuál me ha resultado más difícil) me han brindado la oportunidad de: en primer lugar, ratificar que hay gente maravillosa; y, en segundo lugar, aprender a navegar por el océano, sobrevivir en situaciones límite, sentir emociones dormidas, aclararme un poco las ideas… Me he dado cuenta de que uno debe comprometerse pero tampoco obligarse de forma imperativa. Ser demasiado estricto y poco flexible con uno mismo, te coarta, te limita tu libertad y la de los demás, te niega la opción de renegociar los compromisos, cosa que normalmente es factible.

En definitiva, cuando logras consumar un reto así, ganas la confianza suficiente como para creerte capaz de conseguir todo aquello que te propongas. Mi vida la lidera ahora este pensamiento. Mi objetivo al relatar mis vivencias de la travesía no es otro que el de compartirlas y difundir las emociones y todo lo aprendido de esta experiencia. Así lo han hecho y siguen haciéndolo conmigo otros navegantes a los que leo, disfruto y aprendo con sus viajes. Desearía haberlo logrado a lo largo de este texto que representa, además, el cumplimiento de una palabra dada: si llego con vida, escribo un libro.

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Comentarios (2)

  • Juan Antonio Portillo

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    Enhorabuena, Pedro¡¡¡ Gracias por compartir tus experiencias, refranes y pensamientos. Un abrazo

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  • Emilio Pou

    |

    Haces referencia a un manuscrito de refranes de Rafael Feliu Blanes, mi abuelo, ¿tienes esa información? ¿donde puedo conseguir una copia?

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