Bailad el mundo

Existe un lenguaje en el que todos nos entendemos, un modo en que el hombre se reconoce como especie, una forma de júbilo universal: la música. Quiero cerrar este 2013 con un canto a la alegría, pues lo que ha de venir es mejor que nos pille bailando, por si acaso.

Este artículo y este vídeo están dedicados a todos los músicos callejeros del mundo, en especial a los de Madrid, porque sin ellos, las calles corren el riesgo de ir perdiendo la alegría.

Existe un lenguaje en el que todos nos entendemos, un modo en que el hombre se reconoce como especie, una forma de júbilo universal: la música. Quiero cerrar este 2013 con un canto a la alegría, pues lo que ha de venir es mejor que nos pille bailando, por si acaso.

No puedo concebir un viaje sin canciones, por eso, ahora que agoniza un año impertinente, prefiero compartir con vosotros una mezcla de fiesta y de nostalgias. Quiero poner voz a los paisajes y mirar atrás, por un momento, para sentir que sí, que mereció la pena estar allí, que todo tiene remedio mientras suenen las marimbas y dancen las mujeres del mundo. Necesito detener el paso, se me pasará pronto lo prometo, pero soy un nostálgico y hoy hago balance del camino.

Nada detiene a una guitarra, porque la música es un arrebato del ser humano, una necesidad poética para expresar que estamos vivos.

Entonces me doy cuenta de que nada detiene a una guitarra, porque la música es un arrebato del ser humano, una necesidad poética para expresar que estamos vivos. Si he de elegir, me quedo con todo, con los espasmos de los himbas en Namibia, con la tristeza altiva del tango argentino, con el delirio de tambores en Zambia, con la tuna de Morelia o el llorar rasgado del flamenco sevillano. Me quedo con los mariachis y sus sombreros, con los acordeones de Vladivostok, me quedo con los niños bailones de Belice y los ancianos de Suazilandia, con las mulatas esbeltas de Cartagena de Indias o los clarinetes tristes de San Petersburgo. Todo tiene sentido, tal vez porque la música no se puede explicar y el mundo entero necesita a veces gritar sin decir nada.

Para este 2014, os propongo subir la música y bajar las ventanillas del coche, cantad sin remedio, bailad con extraños y no querías entender nada. La música es confiable, nunca hay segundas intenciones cuando se te van los pies.

La música es confiable, nunca hay segundas intenciones cuando se te van los pies.

He querido que sea “La Voz” la que despida esta sección en este año, ya que Frank Sinatra es la voz de todos, y cada uno, “a su manera”, que se invente tristezas o desafíos nuevos.

Tenemos por delante un folio en blanco, porque el año nuevo aún está por estrenar, pintemos pues mapas e ilusiones, salgamos a la calle a pasear rincones inéditos, exploremos rutas imposibles ¿por qué no? El mundo está ahí, esperándonos con el tam tam de sus tambores. Y nadie, nunca, jamás, nos quitará lo que hemos vivido.

Así, pues, amigos de Viajes al Pasado, despojaos del miedo, sin complejos y bailad viajando, que el mundo os entenderá.

¡¡FELIZ 2014!!

 

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