Un lugar en el Mundo

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La capilla de Jesús Malverde y la Santa Muerte, santos de los narcos

"Jesús Malverde, cuídame a la que se porta bien, pero también cuídame a mi gente traviesa.... porque igual y venimos siendo quienes más te necesitamos y más creemos en ti”, le pide uno de sus seguidores a este santo mexicano que tiene oraciones de rezo propias. Él y la Santa Muerte son la protección de ese esoterismo narco que se mezcla con lo religioso.

Kruger: la noche que se despedazó el cielo

De pronto, noté el viento sacudiéndome en la cara. Se levantó un olor a tierra mojada, a tierra por parir, a noches de cielo despedazado. Me fijé que a lo lejos se veían algunos rayos. Parecían perdidos, lejanos, inalcanzables. Pronto llegó también el sonido. Se escuchaban los truenos partir el horizonte. Lo lejano se hizo rápido cercano. La lluvia comenzó a descargar con fuerza. El aire era pesado con su olor a entrañas. Y de pronto, en medio de aquellas jornadas duras, difíciles, ocurrió lo sublime, la magia.

Ruta por la Roma desconocida

Pero fuera de todo aquel universo que es el centro de la capital italiana, hay otra Roma que es desconocida para los turistas. Vive en una cadencia menor, en ocasiones hasta se produce el milagro de la carencia de ruido. Cercana, en ocasiones se puede conquistar a pie y en otras es necesario un coche, emerge en silencio junto a la gran Roma y se convierte en capricho, en belleza y en descanso.

Dante: el libro que duró trece años

Dante no fue un parto, fueron cien. Mi primera novela duro trece años saliendo y entrando en un cajón o abriéndose y cerrándose de un ordenador del que en muchos momentos no fue más que un viejo archivo olvidado. Los tiempos de Dante se explican en el clarificador ejemplo de que el primer borrador se hizo a mano, con bolígrafo y cuartillas, que entonces yo tenía aún confianza en entender lo que era capaz de dibujar con los dedos.

La procesión de los monjes mendigos de Luamprabang

De pronto, cuando ya se colaba el amanecer en el día, entre lo oscuro y lo claro, apareció una larga fila de monjes cargando sus túnicas naranjas como si la tela les naciera de sus hombros, en una absoluta falta de ruido en el que sólo se escuchaban los pasos, la respiración y el abrir y cerrar de sus cestos. Me pareció una imagen bella, serena.

El sexo en Bangkok

En cada planta, en el centro, hay decenas de adolescentes de aspecto, con un simple tanga, bailando en una jaula sin apenas mover el cuerpo por falta de espacio. Alrededor hay siempre decenas de hombre bebiendo y mirando. Todas llevan un número en la braga. Están marcadas.

Corresponsal en México

Vaya aquí por tanto este contrato de mesura, de no sacar rápidas conclusiones, de intentar contar lo importante primero y lo menos importante también, después. De no contarme a mí y sí contar a los otros. Vaya este deseo como un todo al que agarrarme cuando lleguen los egos y las dudas...
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