Cultura en La Habana: ¡sálgase del circuito turístico!

Por: Diego Cobo (texto y fotos)
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Creo que no sería demasiado arriesgado afirmar que La Habana es la ciudad donde la cultura está más alcance de la población. Nueva York tiene su Broadway y Buenos Aires, su calle Corrientes; Madrid, su pujante Gran Vía y, en Londres, Picadilly estalla en colores al caer el sol. ¿Y la capital cubana? Localizados en varios puntos de la ciudad, pero a menudo concentrados en las mismas zonas, existen varios escenarios en los que se desarrollan multitud de eventos culturales, desde conciertos a obras de teatro pasando por ballet, exposiciones de pintura y estrenos de cine.

Las guías de viaje, las recomendaciones y, en fin, la información que circula para el visitante se limita casi siempre a muchos locales donde lo más habitual es encontrarse con otros tantos turistas que buscan esas expresiones tan cubanas que tanto abundan, pero que no abarcan toda la realidad cultural. Sirva un ejemplo: si alguien se da un paseo por la principal calle de Habana Vieja acabará tarareando aquello de “de Alto Cedro voy para Marcané, llego a Cueto y voy a Mayarí” sin ninguna duda. Si amplía el paseo, se cuela en un autobús y pasa por Centro Habana, lo más seguro es que cambie la tonada y se note a sí mismo contagiado por una de las omnipresentes baladas –o canciones de reggaetón– que inundan el espíritu de los jóvenes. Y si acompaña a algún amigo cubano, acabará en un genial concierto de rap o de música fusión. Es cierto que los restaurante exudan melodía y ecos de son y bolero, con músicos interpretando piezas en directo.

Sería injusto irse de Cuba y asociarla, únicamente, a sus ritmos caribeños

Pero sería injusto irse de Cuba y asociarla, únicamente, a estos ritmos caribeños. Aquí hay grandes jóvenes componiendo rap –bastante ácido, por cierto, a veces-; buenos trovadores que se pueden escuchar en la Casa de la Música o, en el verano, en el Pabellón Cuba; además de otros estilos de difícil categorización e influencias diversas. Tan Cuba es Compay Segundo como Silvio; Raúl Paz como el grupo Interactivo. Aunque parezca obvio, es como si dijéramos que en España la música predominante es el flamenco.

Si advierto estas cosas es porque en La Habana, una ciudad bastante turística, parece que para los extranjeros –más que en otros sitios que conozco, incluido España- las rutas gastronómicas, culturales y de ocio están más que señaladas. ¡Y todas conducen a los mismos lugares!

En La Habana las rutas rutas gastronómicas, culturales y de ocio para turistas están más señaladas que en España

Conciertos y espectáculos en sitios como El Gato Tuerto, La Zorra y el Cuervo o en el legendario Tropicana resultan ser de culto en La Habana… para los extranjeros. Son sitios más bien elitistas. A cambio, la vida cultural para el cubano medio, o para el residente que prefiera integrarse, es bien diferente: mientras Pablo Milanés actuó recientemente en un lujoso hotel para un público selecto por un precio europeo, semanas antes lo hizo en el Karl Marx, un impresionante teatro de 5.000 butacas y a precio local, es decir, muy asequible.

El Palenque, sede del conjunto folclórico nacional o las dos Casas de la Música; instituciones como La Casa de las Américas o la casa del ALBA; la feria del libro, celebrada en febrero y de una singularidad genial… Son solamente algunas de las alternativas al recurrente recorrido que se anuncia en los hoteles y en el boca a boca de los turistas de la isla.

Cuba en verano

En el mes de julio se ha presentando en el teatro Trianón, en Vedado, la obra “El Jardín de los cerezos”, de Chejov. El precio de la entrada es de 20 pesos cubanos, algo menos de un dólar. Al lado, en el Raquel Revuelta, se interpreta “Historia de un Caba-yo”, a idéntico precio. Enfrente de este teatro se encuentra el Mella, en el que exhiben pequeñas obras para niños, igual que en otro teatro de la calle Calzada, paralela.

En el Teatro Nacional o en el García Lorca, al extranjero le gravan la entrada con un precio mayor

Aunque en ciertas presentaciones, como en el Teatro Nacional o en el García Lorca, al extranjero (no al residente, como es mi caso) le gravan la entrada con un precio mayor, contemplar auténticas obras de arte en estas condiciones es realmente envidiable. ¡Obras que en Madrid me costarían 50 o 60 euros y aquí las puedo disfrutar por dos euros! A esto se le añade un ambiente más apetecible, sin las maneras y connotaciones sociales (“para ver y ser visto”, según Larra) de estos eventos en España.

Nada hemos dicho de los estrenos de cine en las salas que se suceden en la calle 23, la avenida en la que se levanta el hotel Habana Libre (el pasado mes de abril se celebró el Festival de cine francés con un éxito considerable) y a precio insignificante; del Ballet Nacional de Cuba y otras geniales compañías que, frecuentemente, gira por España y todo el mundo; de las exposiciones de pintura, los conciertos al aire libre, el circuito de locales de música y la multitud de actividades que es fácil encontrarse al pasear por la ciudad. La temporada turística no se alarga mucho más de la Semana Santa y se reanuda allá por diciembre, con el suave y templado aliento del mar. A cambio, hay menos extranjeros, los precios bajan y las playas se pueblan de cubanos, excepto en aquellos lugares “reservados” para los turistas que duermen en grandes hoteles.

El cine Chaplin o el Yara son fascinantes lugares para ver la última película de los Coen o el primer largometraje que ha dirigido Jorge Perugorría

A pesar del calor y de la ocasional amenaza de tormentas, creo que puede ser un buen período para abordar la perspectiva centrada en el espectáculo. Y no solo por refugiarse de la humeante realidad del verano: pasar la mañana en el museo de Bellas Artes o en el de la Revolución. De alguna manera, muchos de los escenarios donde se desarrolla toda esta actividad son apasionantes joyas arquitectónicas que soportan el paso de tiempo a veces con dignidad, otras con melancolía y siempre con un brillo decadente pero hermoso imposible de observar ya en otros países, absorbidos por cines comerciales. El cine Chaplin o el Yara son fascinantes lugares para ver la última película de los Coen o el primer largometraje que ha dirigido Jorge Perugorría, el actor más universal de Cuba.

La Habana es un universo cultural que a menudo resulta desconocido, aunque puede existir un pequeño obstáculo: conocer la inmensa programación de las actividades. Nada que no se supere con interés por enterarse y por escuchar la radio, ver algún noticiario y mirar periódicos. Y, sobre todo, preguntando.

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Comentarios (1)

  • AGUSTIN CHALER

    |

    TAL VEZ CULTURALMENTE TE FALTO EL CEMENTERIO CENTRAL, PORQUE ARTISTICAMENTE ES UNA PASADA, NADA QUE ENVIDIAR A OTROS MUNDIALMENTE FAMOSOS…UN ABRAZO!!

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