Escapadas “low cost” desde La Habana

Por: Diego Cobo (texto y fotos)
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Viajar en Cuba resulta fácil. El turismo es uno de los grandes motores de la economía y, además de los trillados lugares playeros donde aterrizan aviones directamente de Canadá o Argentina, existe una amplia red de líneas de autobús, alojamientos y atracciones de interés cultural –y de ocio, y de historia- en toda la extensión de la isla.

En las últimas semanas he realizado un par de viajes de fin de semana. Primero fui a Cienfuegos y Trinidad, hacia el sur, y después a Viñales, al oeste de La Habana. En todos esos lugares dormí en casas particulares, una alternativa a los hoteles. Además de ser más económicas y personales, suelen ser la opción más accesible, pues el número de casas es enorme y se puede viajar con la tranquilidad de saber que se encontrará alojamiento en cualquier lugar sin necesidad de reservar.

Dormí en casas particulares, una alternativa a los hoteles más económica, personal y accesible

La primera de las escapadas fue a esas dos ciudades históricas cuyo encanto y restauración les ha valido el título de Patrimonio Mundial por la Unesco. Son dos lugares pequeños pero que, en su casco histórico, acumulan una mezcla de joyas arquitectónicas que atraen a muchos turistas.

Cienfuegos fue fundado por un emigrante de Luisiana a principios del siglo XIX para albergar a medio centenar de familias francesas. Una tempestad arrasó en 1825 la ciudad, pero fue reconstruida manteniendo esos aires. La industria azucarera y sus amplios beneficios sirvieron para levantar imponentes construcciones que aún hoy se mantienen.

La restauración de su casco histórico hace de Trinidad uno de los lugares más atractivos de todo el país

Por su parte, Trinidad, que se encuentra a cerca de 40 minuto de Cienfuegos, es una de los primeros asentamientos en la isla a comienzos del siglo XVI. La restauración del casco histórico hace de la ciudad empedrada uno de los lugares más atractivos de todo el país. Hay unos cuantos museos alrededor de la catedral y la infinidad de casas particulares para pasar la noche facilitan la visita. En realidad, sus callejuelas y sus patios pueden conocerse en una tarde, pero merece la pena extender la visita a sus alrededores.

El Valle de los Ingenios, por ejemplo, es uno de los reclamos de esta zona. Apenas quedan los restos del esplendor del azúcar, ya trasladada a otras zonas. Pero los esqueletos y ruinas de la industria pueden visitarse en recorridos a pie, en coche, en bicicleta o a caballo. Está a tiro de piedra de la ciudad y es un lugar de calma y paz, por lo que escaparse, por cuenta propia o con guía, supone escapar de la interesante y a su vez algo agobiante Trinidad.

Viñales, otro valle

Junto al valle de los ingenios, otro de los conocidos valles de Cuba es el Parque Natural de Viñales, también declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. El pueblo apenas tiene un par de calles bordeadas por infinidad de casas particulares, por lo que la oferta de alojamiento es amplia; pero el valle a mí me resultó especialmente precioso. Es uno de esos sitios donde el único sentido de la vista se basta y sobra: la sencillez del paisaje, las pequeñas casas dispersas y las tierras donde se cultivan tubérculos hacen el resto. Hay cuevas con piscinas naturales, caminos, elevaciones súbitas del terreno, llamados “mogotes”, incluso un mural pintado en la pared de una montaña. Pero pasear entre los senderos de tierra rojiza u observar las maneras de vivir ya perdidas en muchos países –trasporte a la escuela a caballo o bueyes arando la tierra- son experiencias que merecen la pena.

Los esqueletos y ruinas de la industria del azúcar pueden visitarse en recorridos a pie, en coche, en bicicleta o a caballo

Es curioso, y a la vez lógico, que la temporada turística finalice por esta época. De diciembre a mayo, Cuba atrae a miles de personas; muchas de ellas españolas, pero especialmente canadienses. Los meses de verano son calurosos y después se sucede la temporada de tormentas y huracanes para abrir, de nuevo, la siguiente temporada.

Hará un par de meses que comprobé algo que ni siquiera sospechaba al pasar unos días en Cayo Largo, una isla de no más de 25 kilómetros de extensión al sur de Cuba: es una lugar eminentemente turístico. No hay más de 10 hoteles y todas las semanas llegan aviones directamente de lugares como Buenos Aires o Montreal, además de la propia Cuba, con 200 y 300 personas que aterrizan, se distribuyen en los hoteles y, pasados 7 o 10 días, se vuelven a sus países. La famosa fórmula del “todo incluido”.

En Cayo Largo nada hace sospechar sus rasgos cubanos más allá de las cálidas aguas y el recibimiento al son de “Guantanamera”

Naturalmente, nada hace sospechar que ese lugar tiene rasgos cubanos más allá de por las cálidas aguas y el recibimiento al son de “Guantanamera” que interpreta un grupo de músicos en la pequeña terminal del aeropuerto. En esos hoteles se anuncian excursiones a La Habana de un día en una avioneta de hélices. Otros itinerarios mantienen la misma línea turística al tener por destino Varadero, una larga lengua de arena mucho más explotada que Cayo Largo.

En definitiva, creo que el tópico playero de Cuba como razón del viaje se queda muy corto ante las posibilidades de conocer el resto del país. Cualquiera de las zonas que se escojan encierra muchas razones para dejarse caer por aquí.

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