Plaza de Mayo: No llores por mí Argentina

Por: Gerardo Bartolomé (texto y fotos)
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“Disculpe. ¿Dónde queda la Plaza Mayor?”, me preguntó un hombre con un fuerte acento inglés. No me tomé el trabajo de corregirlo, simplemente le indiqué que siguiera, estaba muy cerca. Es cierto que en la época de la colonia la plaza principal de Buenos Aires se llamaba Plaza Mayor, pero casi 150 años atrás se la renombró como Plaza de Mayo. Ciertamente, el parecido de ambas palabras y la asociación con la conocidísima plaza de Madrid inducen al error. Me quedé pensando en ese lugar con tanta historia argentina y decidí que no podía ser que en mi archivo yo no tuviera buenas fotos de ella.

Un par de sábados después me levanté bien temprano para ir a la plaza. Tenía que aprovechar las primeras horas del día, porque luego se llena de gente y es imposible obtener una buena fotografía. Llegué a las ocho de la mañana y tan solo se encontraba un grupo de manifestantes que allí habían pasado la noche acampados. Desde hace unos años atrás la plaza se ha transformado en el centro argentino de protestas por excelencia.

Me quedé pensando en ese lugar con tanta historia argentina y decidí que no podía ser que en mi archivo yo no tuviera buenas fotos de ella

Imposible saber cuál fue la primera imagen de esta plaza, pero sí hay un famoso cuadro de la segunda fundación de Buenos Aires, la que ocurrió allí mismo, en el centro de la actual Plaza. ¿Segunda fundación, se preguntarán algunos lectores? Así es. Es que la primera Buenos Aires, de 1536, fue destruida por indios. Pero volvamos a nuestro cuadro… Éste representa a Juan de Garay parado frente a un tronco al que se conocía como el “Rollo de la Justicia” en el acto de declaración de la fundación de la Ciudad de la Santísima Trinidad y puerto Santa María de los Buenos Aires en aquel histórico 11 de junio de 1580.

Sonreí cuando me acordé del papelón que pasó José Moreno Carbonero, el pintor del famoso cuadro

Me paré en el centro de la plaza, interesado en cómo había cambiado el lugar en esos algo más de 400 años. Sonreí cuando me acordé del papelón que pasó José Moreno Carbonero, el pintor del famoso cuadro. Como renombrado artista español, él fue contratado en 1909 para realizar un enorme cuadro de la fundación de la ciudad. Esto ocurrió poco antes de los festejos del primer centenario de la Revolución de Mayo de 1810. ¡Él cumplió! El problema fue que su cuadro tenía tantos errores históricos que, unos años más tarde, se le pidió que los corrigiera. Dicho y hecho, el nuevo cuadro cuelga desde 1923 en la sede del Gobierno de la ciudad. El lector podrá comparar ambas imágenes y, como un juego de periódico del domingo, podrá buscar las diferencias entre una y otra. Un error histórico no fue corregido; en ambas versiones aparecen indígenas y la verdad es que cuando Garay llegó a estas tierras del Plata no encontró ni a uno de ellos.

Frente a mí se encontraba uno de los pocos edificios antiguos de Buenos Aires, el Cabildo. Éste era la sede del gobierno de la ciudad en tiempos de la colonia, data de 1725. Claro que desde entonces sufrió innumerables cambios y amputaciones. De las cinco arcadas que flanqueaban cada lado de la torre hoy sólo sobreviven dos. Las otras fueron derribadas para construir y ensanchar calles aledañas. También la torre fue tumbada en una época pero, por suerte, se decidió reconstruirla con el aspecto colonial original. En su interior funciona un pequeño museo que recomiendo visitar. Fue en este cabildo, sede del gobierno de la ciudad, y no en el fuerte, sede del gobierno del Virreinato, donde se dieron los primeros pasos de la independencia argentina. Esto ocurrió el 25 de Mayo de 1810, por eso la plaza cambió de nombre a “Plaza de Mayo”.

Se hizo costumbre, entre los vecinos de la ciudad, referirse a algo que no ocurriría nunca como pasaría “el día que se termine la catedral”

Continué mi visita en el sentido de las agujas del reloj, lo que me llevó a la extraña catedral de Buenos Aires. Su fachada tiene más aspecto de Partenón ateniense que de catedral católica. La catedral que vemos hoy es la sexta que fue erigida en el mismo lugar. Todas las anteriores sucumbieron por errores u horrores de construcción. Quién sospeche que esto se debió a la corrupción que ya arreciaba en el Río de la Plata, le interesará saber que la actual llevó más de cien años en ser terminada. Los fondos para construirla nunca alcanzaban… Tanto es así que se hizo costumbre, entre los vecinos de la ciudad, referirse a algo que no ocurriría nunca como pasaría “el día que se termine la catedral”. Finalmente ese día llegó en 1862.

Siguiendo mi visita pasé frente a la sede del Banco de la Nación Argentina, cuyo edificio es del siglo XX. Por siglos ese terreno fue dejado vacante previendo posibles ampliaciones del fuerte de Buenos Aires. Este baldío, o “hueco”, como se le decían antes, se lo llamaba el “Hueco de la Animas” porque se lo usó para entierros, dada la cercanía de la catedral.

El fuerte estaba ubicado estratégicamente entre la plaza y la barranca que da al Río de la Plata para que con sus cañones defendiera a la colonia

Continuando la visita debería de haberme topado con el fuerte de Buenos Aires, pero lamentablemente este fue demolido poco a poco a partir de la década de 1850. El fuerte estaba ubicado estratégicamente entre la plaza y la barranca que da al Río de la Plata para que con sus cañones defendiera a la colonia de las amenazas que pudieran venir del agua. Pero su inutilidad quedó demostrada cuando, en 1806, una flota inglesa desembarcó y sin mayor esfuerzo izó su bandera en éste. El fuerte no era sólo el centro del poder militar sino también el centro del poder político. Desde allí dirigía el virreinato el marqués de Sobremonte cuando decidió huir al acercarse los ingleses. El comandante inglés William Carr Beresford también hizo del fuerte la sede del corto gobierno de Inglaterra sobre Buenos Aires.

Al terminar la anarquía de las guerras civiles argentinas se decidió derribar la fortaleza y, en su lugar, se construyó una modesta casa de gobierno. Esta fue pintada de un tono rojizo claro, por lo que se la llamó Casa Rosada. Ese extraño color era, sin embargo, muy común en el final de la colonia ya que surgía de agregar sangre de vaca al típico blanco español. Años más tarde, a su lado se construyó un lujoso edificio de Correos que, al quedar chica la sede del gobierno fue anexado a ésta. Por eso hoy la Casa Rosada, vista desde la Plaza de Mayo, presenta dos fachadas distintas unidas entre sí por un importante arco que hace la vez de entrada presidencial.

Ese extraño color de la Casa Rosada surgía de agregar sangre de vaca al típico blanco español

Un balcón más arriba atrajo la atención de mi cámara. Podríamos llamarlo el “Balcón de Perón y Evita”. El 17 de Octubre de 1945 se reunió una gran multitud en esta plaza. Los “descamisados” la invadieron dándole impulso a la carrera política de un coronel del ejército, Juan Domingo Perón. En agradecimiento él los saludó desde el balcón de la Casa Rosada. Varias veces Perón y su mujer usaron el balcón para dirigirse al pueblo que convocaban a la Plaza de Mayo. Quizás la más conocida de esta ocasiones fue cuando Evita renunció a postularse como vicepresidenta de su marido porque, aunque la gente no lo supiera, ya estaba enferma de un cáncer terminal. En el mismo balcón se la filmó a Madonna haciendo de Evita para el famoso musical “No llores por mí Argentina”.

Ya terminando mi recorrido por la histórica plaza pasé por delante del edificio del Ministerio de Economía. Más allá de los cien chistes que se podrían hacer sobre la increíble historia económica de la Argentina, la verdad es que este edificio guarda testimonio de una de las más trágicas tardes de esta plaza. El 16 de junio de 1955 un grupo de pilotos navales, como parte de un intento de derrocar a Perón, quisieron bombardear la casa de Gobierno. Erraron su objetivo y las bombas cayeron sobre la Plaza matando a más de trescientas personas. La fachada del Ministerio de Economía recibió parte de la metralla. Las marcas nunca fueron borradas para recordar esa barbarie.

Aún hoy, las Madres de Mayo se juntan todos los jueves para marchar alrededor de la pirámide, pidiendo que les devuelvan con vida a sus hijos

Finalmente, ya casi terminada mi visita, me dirigí al monumento conocido como la Pirámide de Mayo, que conmemora la revolución independentista. Alrededor de ésta están pintados en el piso los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. Aún hoy, luego de más de treinta años, ellas se juntan todos los jueves para marchar alrededor de la pirámide, pidiendo que les devuelvan con vida a sus hijos, desaparecidos durante la sangrienta dictadura militar del 76 al 83.

Dejé la plaza recordando el título del informe sobre desaparecidos que hizo la comisión encabezada por el reconocido escritor Ernesto Sábato ¡Nunca más!

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Comentarios (2)

  • Mariela

    |

    Excelente blog…Si necesitan alguien que viaje y escriba…cuenten conmigo. Marrie

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  • Javier Brandoli

    |

    Hola Mariela, VaP es un proyecto abierto a viajeros que quieren contar aquí sus historias. Un punto de encuentro, el bar de un aeropuerto, la larga cola en las que te encuentras con gente en las fronteras, los autobusus y trenes que compartes con desconocidos… Será un placer contar con otra viejera más, ya somos muchos, contando desde sus ojos lo que pasa ahí fuera.

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