El verdadero funeral de Mandela

Por: F. Blasone y J. Brandoli (Vídeo y texto)

Amanecía lloviendo en Johannesburgo. Mucho. El funeral de Mandela sería con frío y lluvia. Salimos del hotel temprano. El agua resbalaba por los cristales de nuestro coche y fuera todo parecía tan normal, parecía que él no se hubiera ido. ¿Cómo es que la ciudad puede moverse cuando Mandela ya no está? Pero se mueve, se ha movido todos estos días porque la vida siempre vence. Debe ser así, en el fin sólo hay un nuevo principio. Para otros, no sé, o para nosotros, qué más da, se había ido.

Y entonces llegamos al estadio. Nuestra acreditación de prensa nos permitía cruzar los estrictos controles de seguridad. Era temprano, hacía frío. Y entonces, siete de la mañana, salí del coche y escuché un lejano canto que provenía del coliseo. Fuimos al centro de prensa, unos minutos a cargar unas baterías, y el canto estaba allí, perenne. Cantaba Sudáfrica como tantas veces la he escuchado. Estaba celebrando de nuevo como nadie su dolor. Sólo dolor por su falta, el resto es la fiesta de haberle vivido.

Estaba celebrando de nuevo como nadie su dolor. Sólo dolor por su falta, el resto es la fiesta de haberle vivido.

Y ya no pudimos  más. Había que irse allí a verlo, a escucharlo. Caminamos bajo una intensa lluvia. A nuestro lado cientos de personas con sus banderas del ANC, sus gorras de Mandela, sus caras de alegría sin tiempo para masticar el llanto. A la puerta hay un tipo que vende fotos enmarcadas de Madiba por 50 rands (4,5 euros). Otros, te las hacen e imprimen por 20 rands. Otros, venden chapas o bufandas. Otros…

Pasamos la puerta. Estoy otra vez allí. La primera vi a España ser campeona del mundo, la tercera veo irse al último mito que nos quedaba a todos. “Se quebró nuestro mejor espejo”, pienso. Nunca olvidaré este lugar, como nunca olvidaré este país al que admiro profundamente. Y seguían las voces, los cánticos. Tres mujeres mayores quieren hacerse unas fotos con nosotros. Tres mamas africanas a las que les amaneció de noche para llegar al campo. Las tres estuvieron hace 23 años en este mismo lugar escuchando a un recién liberado Mandela: “fue tan grande escucharle que éramos libres”, nos dicen. Entonces, el político daba el primer discurso en 27 años en la que fuera su casa, en Soweto.

Y seguía el canto, que ya era un rugir. Se escuchaba y sentía el estremecer del estadio.

Y seguía el canto, que ya era un rugir. Se escuchaba y sentía el estremecer del estadio. Entonces preguntamos por la zona de prensa. Llegamos a una tribuna con cientos de colegas. Y se oía el canto encima de nuestras cabezas. “Vámonos” le digo a Francesca, “es allí, en la fiesta, donde debemos ir”.

Y subimos hasta la parte de arriba del estadio por las rampas interminables. Y, de pronto, llegamos a una grada donde había miles de personas bailando y cantando. Cantaban “Mandela, tú eres mi presidente” y “Cuando Mandela habla nosotros escuchamos”. Y era imposible  no estremecerse, no emocionarse ante esa masa de personas que habían amanecido para decir adiós a su padre. “Nosotros expresamos así nuestros sentimientos, pero eso no significa que no lo sintamos”, me dice un hombre.

Era imposible  no estremecerse, no emocionarse ante esa masa de personas que habían amanecido para decir adiós a su padre.

Yo me pongo entonces a hablar con los más ancianos para un reportaje en el periódico. Y hacemos fotos y algunos videos (de baja calidad, disculpen) y cantamos y nos emocionamos y nos hicieron a nosotros  fotos y viví lo que llevaba años esperando tal y como lo había imaginado. Y lo narraba en directo con una conexión imposible en El Mundo y lo vivía en directo con mis ojos y  mis  manos.

Y así fue el funeral de Mandela hasta que llegó la ceremonia y nos lo robaron. Y vi a la gente sentarse  y callar y dejar de danzar y cantar y supe que Mandela se había marchado. Llovía muchísimo en Johannesburgo pero nadie había llorado.

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Comentarios (4)

  • Juancho

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    Genial, Javi. Soberbio. Me pone los pelos de punta. Empezaron los discursos y supe que él ya se había ido… Pone los pelos de gallina. Bravo. Y otra vez feliz cumpleaños!!!!! por tierra mar y aire

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  • Daniel Landa

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    Me sumo al comentario de Juancho! Todo un privilegio vivir la Historia desde dentro!!

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  • Ricardo

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    Grande Javier. Es el reportaje del funeral de Mandela que aún no había leído en la prensa. La verdadera despedida de todos los que le amaron, simbolizados en esos miles de privilegiados, antes de que los políticos comenzasen con sus discursos llenos de tópicos escritos por el asesor de turno. Es ahí, efectivamente, donde tenía que estar VaP. Y estuvo. Gracias. Abz amigo

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  • Javier Brandoli

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    Fue muy bonito estar allí viviendo aquellos momentos. Abrazo y gracias a los tres!

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