Qué sosiego más intranquilo, qué lentitud tan lenta, cuánta Naturaleza, cuánta armonía junta. ¿Para qué? Sí, volveré a la ciudad del ruido, de las prisas sin sentido. Cuánta ansiedad la mía, unas veces por perderme y otras…
Por qué? Cuántas ganas de tenerte entre mis brazos, de volverte a acariciar, pero…Hasta cuándo, ¡cuánto durará esta vez! Tengo lo que quiero, pero sin llegar a tenerlo del todo. ¿Qué me falta? ¿Sosiego? ¿Qué es lo que me abruma, me atormenta…?
Este subir y bajar sentimientos me está volviendo loco, loco. Por ti, de ti, ¿qué hago aquí? Tengo lo que quiero y no lo quiero, pero lo quiero con todo mi corazón. ¿Por qué? ¿Qué falla? Esta búsqueda constante, ¿de qué?, me pregunto infinitas veces. ¿Dónde te hallas, respuesta? Voy en tu búsqueda constantemente pero no te dejas ver. Seguiré así toda la vida, ¡qué desasosiego!
Tanta cantidad de todo. Ironía cruel, verdad absoluta, estupidez humana que nos iguala
Respuesta, ¡qué sencilla eres! Estás ahí, me brindas tu sabiduría eterna y no la puedo ver. Tupimos nuestros sentidos… Tanta cantidad de todo. Ironía cruel, verdad absoluta, estupidez humana que nos iguala. ¿No sería mejor irnos al campo un fin de semana? Respuesta que caminas conmigo y yo sin verte, ¡qué ciego estoy! ¿Quién me ha cegado…? Posiblemente yo mismo. Déjame beberte, saborearte, darte vida de una vez, ¡por fin!
Qué sencilla eres y qué difícil de conocer… ¿Cuál es la respuesta? ¿Sencillez? ¡Sencillez es la respuesta! Pégate a mí y no te separes nunca. Deja que la sencillez de tu caminar sea también la mía.
Al terminar mi último turno de remo, no pude reprimir el impulso de escribir estos pensamientos. Surgía cada palabra sin pensar. Mi mano se limitaba a dibujar sobre el papel todo aquello que iba aterrizando en mi mente. A mediodía no acabábamos de adivinar lo que se veía en el cielo, allá a lo alto, muy alto, donde los cúmulos flotan a su antojo. ¿Se trata de un pájaro, de un avión o de Supermán? Finalmente dedujimos que se trataba de un ave migratoria de más de tres metros de envergadura. Volaba, o mejor dicho, flotaba en el aire como un Jumbo. No se movía, no parecía hacerlo, pero se desplazaba a gran velocidad. En pocos minutos desapareció de nuestra vista. De occidente a oriente, probablemente desde la América amazónica hasta África, un recorrido de más de 5.000 kilómetros, tan largo como el nuestro, pero ¿cuánto tardará?
Nuestro médico, ya previó un deterioro de nuestro estado anímico tras los primeros meses de navegación
Antonio Bermudo, nuestro médico, ya previó un deterioro de nuestro estado anímico tras los primeros meses de navegación y nos suministró un compuesto natural denominado Sinansi. Se trata de un extracto de la Griffonia simplicifolia, una leguminosa de origen africano que contiene altas concentraciones del aminoácido triptófano, un precursor natural de la neurotransmisora serotonina, implicada en los mecanismos de la ansiedad y la depresión. Deberíamos haberlo añadido a la dieta para animarnos en nuestras últimas semanas pero, caprichos del destino, teníamos tanto de todo que no lo encontramos. Ya en Barbados, y en pleno zafarrancho de limpieza, descubrimos el privilegiado lugar donde lo ubicamos para preservarlo de toda humedad y calor.
No en vano una de las materias de estudio y preparación fueron las consecuencias de los trastornos que nos produciría la falta de sueño como primordial reparador de la energía. Eso iba a ocasionar, de forma lenta pero progresiva, alteraciones en nuestra capacidad de concentración, carácter y estado de ánimo. En algunos casos extremos un hombre puede llegar a vivir hasta noventa días sin ingerir alimentos, o más de siete sin beber líquidos, pero no puede pasar más de tres sin dormir nada y sin que se produzcan alteraciones en su salud.
Nuestra frustración… es muy intensa…. Cuando la depresión nos invadió, estuvimos discutiendo violentamente
En navegaciones transoceánicas los problemas anímicos no son desconocidos. Los remeros Johnstone y Hoare fueron un claro y trágico ejemplo de ello. Sin comida y sin avistar barcos, incluso navegando en plena ruta comercial, se lee en su diario correspondiente al día 50 de trayecto lo siguiente: «Mis nervios están a flor de piel. Tuve una ridícula pelea interna que me dejó muy débil y temblando, estoy triste y deprimido como nunca y muy infeliz. Solo quiero estar con mis amigos y familia otra vez». Sigue el diario en su día 63: «Nuestra frustración… es muy intensa…. Cuando la depresión nos invadió, estuvimos discutiendo violentamente». Discusión que, al parecer, no duró más de una hora y no se repitió durante el resto del viaje. Pasados unos días, concretamente el número 66, el buque Bengazi les suministró alimentos; sus ánimos se recargaron y siguieron remando. Pero ya el día 104 del viaje relatan: «No podremos detener un barco con este mar y estaremos hambrientos antes de que calme el temporal». Al siguiente, el 105, el diario acaba con esta frase: «Los dos esperamos que esta mala suerte se termine».
La Oficina Oceanográfica de la Armada Estadounidense, en su publicación sobre ciclones en el Atlántico Norte, hace referencia al día correspondiente al 107 del diario de bitácora de los dos remeros desaparecidos en la zona donde escribieron sus últimas palabras. Según el testimonio del carguero Alberto Bannati, este mercante se hallaba por las inmediaciones cuando el huracán Faith batió la zona con vientos de una fuerza de 105 nudos y olas de más de ocho metros de altura. Ellos mismos perdieron un miembro de su tripulación y sufrieron graves daños materiales.
En sus viajes transoceánicos no se detienen ni alimentan, y ya antes de emprender la migración aumentan su peso entre un 40 y un 100% como reserva
Respecto del ave migratoria que contemplamos, quiero completar algunas de sus características para seguir relativizando y aprendiendo. En sus viajes transoceánicos no se detienen ni alimentan, y ya antes de emprender la migración aumentan su peso entre un 40 y un 100% como reserva. Realizan muy poco vuelo activo, batiendo lo menos posible sus alas para ahorrar recursos energéticos aplicándose el principio de conservación de la energía.
Por ejemplo, el chorlo dorado asiático (Pluvialis fulva) vuela sin descanso durante más de 100 horas para cubrir la distancia de 4.000 a 6.000 kilómetros que separan el norte de Siberia y Alaska de Hawai y otras islas en el océano Pacífico. Otra muestra es el albatros, que puede llegar a los 3,6 metros de envergadura alar, permitiéndole recorrer diariamente más de mil kilómetros sobre el mar. Un sofisticado método de planeo le capacita para aprovechar al máximo las condiciones del viento y es tan eficaz que
apenas necesita batir las alas.
