La memoria española de San Francisco

Por: Ricardo Coarasa (texto y fotos)
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el viaje

California atesora un antiquísimo legado español olvidado, demasiado a menudo, a uno y otro lado del Atlántico. Viajes al Pasado propone en esta ocasión una ruta desde San Francisco hasta Carmel rastreando por la costa oeste de Estados Unidos esa memoria de insignes aventureros.

Dos siglos y medio antes de que EE UU incorporase a sus dominios California, un extremeño, Sebastián Vizcaíno, ya había tomado posesión de esas tierras en nombre de la Corona española. Ciento sesenta y siete años después, un leridano, Gaspar de Portolà, fue el primer europeo en divisar la bahía de San Francisco, que navegaría por primera vez en 1775 otro español, el sevillano Juan Manuel de Ayala, a bordo del “San Carlos”, bautizando a la isla de Alcatraz. La fundación de la ciudad fue una empresa reservada, un año después, a un descendiente de vascos, Juan Bautista de Anza.

La rica historia de la presencia española en California es pródiga en expediciones pioneras y en olvidos. “Viajes al Pasado” quiere rescatar esta vez de la trastienda de la desmemoria a un puñado de hombres que ayudaron a forjar la ideosincracia de San Francisco. Éste es, pues, un recorrido por el pasado español de la ciudad de la fiebre del oro y los terremotos, los tranvías y el Golden Gate, las calles imposibles y el orgullo gay. Un viaje a las raíces españolas de un urbe fascinante.

El edificio más antiguo de San Francisco tiene sello español. La Misión Dolores se levanta en el cruce de la calle del mismo nombre y 16th St

El edificio más antiguo de San Francisco tiene sello español. La Misión Dolores se levanta en el cruce de la calle del mismo nombre y 16th St. Sus inmaculados muros de adobe son todo un ejemplo de resistencia: han sobrevivido a los innumerables terremotos que han sacudido a una ciudad acostumbrada a hacer equilibrios encima de un polvorín, la falla de San Andrés. Terminada de construir en 1791, en su día fue la sexta de la veintena de misiones levantadas por los españoles a lo largo de la costa de California. La distancia entre una y otra se podía cubrir en una jornada a caballo. Su impulsor fue un mallorquín ilustre, Fray Junípero Serra, cuya memoria está todavía hoy muy presente en toda California. El franciscano, nacido en 1713, fue el primer evangelizador de estas tierras ahora territorio de Estados Unidos, pero no llegó a verla terminada pues murió siete años antes. El misionero viajaba en la expedición de Juan Bautista de Anza, descendiente de vascos (sus abuelos eran de Hernani), que avanzó por tierra desde la actual Arizona hasta la Alta California atravesando los dominios apaches del desierto de Sonora y el río Colorado.

Fray Junípero en Misión Dolores

El recinto religioso es inconfundible, con sus cuatro columnas, su balconada de madera y la cruz que corona el tejado. Al lado de la misión Dolores, se yerguen las dos torres de la iglesia construida más de un siglo después, en 1918, que a uno le traen recuerdos de La Giralda. La misión nació bajo la advocación de San Francisco de Asís, pero la cercanía del pantano de Dolores hizo que finalmente mutara su nombre por el de la insalubre laguna.

El viajero paga religiosamente los cinco dólares que cuesta la entrada y, tras recorrer el pequeño museo aleccionado con las explicaciones en español de una parroquiana (en San Francisco la abundante colonia hispana exime muy a menudo al visitante de chapurrear el idioma de Shakespeare), dirige sus pasos hacia el antiguo cementerio donde reposan muchos de los primeros colonizadores. No en balde, siempre ha pensado que los camposantos, junto a los mercados y las cantinas, son la mejor radiografía de los pueblos.

De las viejas lápidas de madera ya no queda ni rastro, como tampoco de la estatua que señalaba el lugar donde yacían, en una fosa común, 5.000 indígenas vencidos por las epidemias de sarampión de 1804 y 1826

De las viejas lápidas de madera ya no queda ni rastro, como tampoco de la estatua que señalaba el lugar donde yacían, en una fosa común, 5.000 indígenas vencidos por las epidemias de sarampión de 1804 y 1826. Sí sigue en pie otra estatua, la de un circunspecto Fray Junípero Serra que recoge su rosario bajo el cíngulo y a quien una mano anónima ha colgado un escapulario del cuello. Una placa de bronce le reconoce como “fundador y presidente de las primeras misiones de California”. La huella española se aprecia también en las vidrieras de la nueva iglesia, donde el nombre de los distintos santos está escrito en castellano.

Un sevillano en la isla de los alcatraces

Uno de los emblemas de la ciudad, el más notorio junto al Golden Gate, debe su nombre a un sevillano. La isla de Alcatraz fue bautizada por Juan Manuel de Ayala, teniente de navío que, a bordo del “San Carlos”, reparó en un islote pedregoso sobrevolado por decenas de estas aves marinas nada más entrar en la bahía de San Francisco, en agosto de 1775, por el lugar donde ahora se levanta el célebre puente.

Para llegar hasta la antigua prisión hay que tomar un ferry en el muelle 41 (Pier 41) de Fisherman´s Wharf, el paseo marítimo por excelencia de San Francisco. La travesía dura sólo diez minutos y cuesta alrededor de veinte dólares. También hay la posibilidad de pagar otros 16 por unos auriculares con explicaciones en español sobre la historia de Alcatraz.

El viajero reparará en el museo del antiguo presidio en una bandera española adornada con el pendón de Castilla que deja humilde constancia de nuestra soberanía sobre Alcatraz hasta que, en 1821, la pérdida de Nueva España (actual México) acarreó también la cesión de los dominios californianos de la Corona. Veintisiete años después, México se vería obligado a dejar en manos de los pujantes Estados Unidos la Nueva California tras una humillante derrota militar.

Monterrey, antigua capital de la California española

La huella de Fray Junípero Serra está también muy presente en Carmel, una localidad situada a 220 kilómetros al sur de San Francisco de la que fue alcalde el actor Clint Eastwood. Allí se yergue todavía la Misión de Carmel, antigua Misión de San Carlos Borromeo del río Carmelo (que de ahí viene el nombre de la ciudad). La visita al museo, que albergó la primera biblioteca de California, es ineludible.

Originariamente, la misión se construyó en el cercano municipio de Monterrey, antigua capital de la California española, adonde llegó en 1770 la expedición del leridano Gaspar de Portolà y Fray Junípero Serra, que está enterrado entre sus muros. Para asentar la presencia española construyeron la citada misión, todavía hoy una de las iglesias más bellas de California, y un presidio. Siglo y medio antes, otro español, Sebastián Vizcaíno, ya había tomado posesión de estas tierras en nombre de la Corona.

Hoy en día, Monterrey -que todavía conserva antiguos edificios coloniales de su pasado español y mexicano- bien merece un paseo por la zona comercial de Cannery Road y San Carlos Beach, salpicada de muelles donde se esparcen los sueños del viajero.

Puesta de sol en Carmel

Viajar en la actualidad por la Highway 1, bordeando la costa californiana, desde San Francisco hasta Carmel es una experiencia relajante. Desde Fisherman´s Wharf salen autobuses diariamente (70 dólares por persona). Cuando el vehículo consigue sortear los atascos alcanza Sweeny Ridge, el lugar donde los expedicionarios de Portolà se convirtieron en los primeros europeos en divisar la bahía de San Francisco en noviembre de 1769. Casi un siglo antes, el pirata Francis Drake había pasado de largo sin reparar en ella camino de Point Reyes, donde tenía prisa por reparar su navío.

El paisaje, realmente espectacular, compensa de sobra las horas de carretera. Si se opta por hacer el viaje en un solo día, aconsejamos dejarse un buen rato para pasear sin prisas por Carmel y contemplar la puesta de sol sobre las aguas del Pacífico desde la playa (Carmel City Beach).

el camino
Si no se quiere agujerear el bolsillo, lo habitual es volar a San Francisco haciendo escala en Nueva York. Desde la ciudad se puede alquilar un coche para acercarse a Carmel u optar por el autobús, como ya se ha comentado más arriba. Si se dispone de tiempo lo mejor es hacer noche en Carmel y regresar al día siguiente a San Francisco.

una cabezada
En San Francisco, recomendamos el Hotel Vertigo (anteriormente York Hotel), en el 940 de Sutter St. (www.hotelvertigosf.com). Durante la prohibición fue un local clandestino y hoy en día ofrece espectáculos nocturnos de cabaré en la Plush Room, donde por las mañanas se sirve el desayuno. En las escaleras del hotel se filmaron en 1958 escenas de “Vértigo”, de Alfred Hitchcock, un episodio cinematográfico que ha terminado por dar nombre al establecimiento.

a mesa puesta
Cerca de Union Square, el centro comercial de San Francisco, el Wind´s (Geary Street) sirve una estupenda pasta a buen precio. La cerveza es exquisita, el local es animado y el servicio rápido.

muy recomendable
-Darse una vuelta por los muelles de Fisherman´s Wharf es obligado, aunque sólo sea para degustar un cangrejo Dungeness o un pan relleno de sopa en el célebre Boudin Sourdough Bakery.
-Desde Monterrey, aconsejamos acercarse a Pacific Grove, donde comienza la 17-Mile Drive, un recorrido por la California más exclusiva.
-Un libro muy interesante sobre la presencia española en EE UU es “Banderas lejanas: la exploración, conquista y defensa por España del territorio de los actuales Estados Unidos”, de Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales Torres. Editorial Edaf. Madrid 2009.

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Comentarios (7)

  • Andres J.

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    ¿Cuándo dejaremos de avergonzarnos de nuestra historia? Les felicito por el reportaje

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  • rosa

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    yo hice este mismo viaje hace quince años. Alquilamos un coche y recorrimos toda esa zona y, aunque es verdad que la huella española es notable también lo es que mucha gente allí cree que es mexicana y más de uno, por lo menos entonces, creía que los españoles hablábamos español por México y no al revés. En todo caso, tanto San Francisco, como Monterrey, Carmel o Big Sur, donde por cierto hay interesantes obras de arte españolas e italianas en la mansión de Hearts compradas en su día en España, son lugares preciosos para recorrer sin prisas, saboreando cada uno de sus rincones. Eso sí, por favor, el marisco en Galicia, porque el de allí que también tiene mucha fama es horrible.

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  • ricardo

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    La huella es española y, tambien, mexicana, en la medida en que en 1821 España pierde esos territorios. Es normal que los estadounidenses lo relacionen con Mexico, pues apenas un cuarto de siglo después EE UU despojó a Mexico de la mitad de su territorio, incluida la antigua California española (ademas de Nuevo Mexico, Texas y Arizona). Tienes mucha razon con lo del marisco: el de Galicia le da mil vueltas

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  • Alberto Balaguer

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    Menos mal que alguien se acuerda de que EE UU también lo colonizamos los españoles. La cultura anglosajona parece que ha borrado este trozo de la historia. Felicidades

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  • Ricardo

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    Pues muchas gracias, Alberto. Como digo, la memoria de los españoles que exploraron América del Norte (incluso Alaska llegó a ser posesión española durante un tiempo) ha sido olvidada tanto allí como aquí. A la mayoría, la historia les ha pagado con la indiferencia, cuando no con el olvido.

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  • Edu H.

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    La ruta es fantástica. La hice en 2008 y la recomiendo. Esta muy bien el reportaje y la web en general

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  • Carmen

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    Vivo en California y como española me interesa todo lo que cuentas. A
    Ando investigando todo lo que puedo de la presencia española por estas tierras que parece olvidada y entre los propios españoles se desconoce.
    Todo lo que encuentres pasamelo!
    gracias!

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