Javier Brandoli

Javier Brandoli Manzano, periodista y amante de la fotografía. He vivido desde 2010 en Sudáfrica, Mozambique, México, Italia, Tailandia. Ahora vivo en Estados Unidos, Nueva York, desde abril de 2025.
460 artículos

Sur de Etiopía: la tribu de las miradas muertas

Y días después bajamos a Konso y nos cruzamos por casualidad con los samai. Estábamos sentados en un bar rústico cuando aparecieron espectros como yo nunca había contemplado. No parecían hombres ni bestias, parecían moldes de arcilla que apenas hacían sombra. Y toda la gente de Konso comenzó a rodearlos y a mirarlos como se mira a los fantasmas.

Sudán: el mundo que todos soñamos

Dos kilómetros después estábamos en uno de esos lugares que uno nunca llega y cuando llega nunca olvida. Aquellas ruinas del reino Meroítico, continuador del reino de Napata, parecen tener sus raíces en las arenas del desierto que trepan por sus rocas. Sus 2300 años de vida las convirtieron en piedra, en águila, árbol, mentira o quizá en antorcha.

La condena del Cairo

Ganábamos con la tumba de Tutankhamon en el museo egipcio y perdíamos con los militares que limpiaban las ametralladoras de sus tanquetas en la entrada. Siempre en alerta, siempre dispuestos a salir. Ganábamos una comida regular en una parte linda del imponente Nilo y perdíamos un desagradable control de policía secreta donde nos olían hasta nuestras carteras en busca de droga.

Diario de una guerra en la frontera turco-siria

Al llegar volvemos a ver a esas tres familias sirias que llevan allí dos días. Ellas se sientan alrededor de una mesa con sus hijos que juegan entre las mesas. Ellos, todos los hombres, se limitan a ver a todas horas las noticias de un canal que no para de hablar de Siria y de enseñar imágenes de la guerra. Lo hacen en silencio, rodeando la pantalla, con la atención debida de escuchar como otros narran sus vidas.

Viaje en carguero desde Turquía a Egipto

No pudimos casi comunicarnos con ellos, ninguno hablaba una palabra de inglés. Algo que se extendía a todo el barco y a lo que ya estábamos acostumbrados. Preguntábamos cuándo quedaba para Haifa y nos contestaban que cinco, ocho o cien, que dependía de que creyeran que cuestionábamos los dedos que tengo en la mano o los camiones que caben en el barco.

En el Puente de Mostar

En el Puente de Mostar las sombras andan tan deprisa de madrugada que nadie las ve. En el Puente de Mostar los mapas son de vidrio y las torres son ciempiés. En el Puente de Mostar se oyen rezos y campanas y cuando atardece danza ebrio el viento sin saber dónde perder. En el Puente de Mostar huele a comida generosa, a puchero de barro, a carne de pez...

El camino hacia la otra Europa

Tras los cánticos regionales y exaltación de la amistad de la noche anterior, partimos para Trieste y paramos antes en Brescia. Brescia es una de esas maravillas que Italia tiene desparramadas por su mapa. Tan bella como real con su mercado de los sábados donde uno contemplaba con una sonrisa que el desorden no es sólo una cosa ibérica, es una cosa mediterránea.

¿Quién profanó la tumba de Finch-Hatton?

Alguien vino a remover la tumba. Era un grupo de extranjeros, empezaron a fotografiar todo y luego a la mañana siguiente vi que habían desenterrado algo que al día siguiente volvieron para enterrar de nuevo. Eran raros, no sé lo qué hacían. Un año después uno de esos hombres volvió por aquí y lo vi merodeando esta zona.

Tráfico de niños entre Sudáfrica y Mozambique

Acaban siendo prostitutas, esclavos laborales o venden sus órganos para rituales mágicos por menos de 50 euros o varios sacos de patatas. Los trafican sus propios conocidos y familiares. Algunos escapan y consiguen narrar el horror vivido. Hay asociaciones que luchan entre amenazas por liberarlos. Menos del 10 por ciento volverá a su casa.

Mozambique: los muertos olvidados

De Mozambique se habla poco. Quizá hablamos también de forma equivocada cuando lo hacemos. No es fácil poner en los medios internacionales la realidad de un país vecino de dos gigantes de la información como Sudáfrica y Zimbabue. Entonces se cae en los reportajes sociales o en titulares que justifiquen su arrinconado espacio mediático. Intentaré pues saldar aquí mi deuda como periodista para hacer una crónica de un país que vive un conflicto olvidado, sin testigos.
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