El circo de niños con Sida

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Texto y fotos: Javier Brandoli

“Me he dejado el trípode”, le digo a Tamryn, la joven monitora del circo Zip ZaP. El furgón hace un giro algo brusco en medio de una estrecha carretera y volvemos a entrar en Khayelitsha (barriada miserable de Ciudad del Cabo). En el semáforo, frente a una gran tienda de alcohol, negocio inevitable de los lugares en los que se lava con barro los platos, aparecen los limpiadores de cristales con agua mugrienta. En esa esquina hay varios tipos tirados en el suelo, ebrios; otros, sin embargo, esperan allí, pareciera que desde hace décadas, sin hacer nada.

Llegamos al gimnasio, un moderno edificio anclado entre la miseria. En frente está la clínica que Médicos Sin Fronteras tiene en la barriada. En la puerta del gimnasio esperan un grupo de niños, que aún no se han ido a casa, con mi trípode en la mano. Me lo han guardado. Los niños no son unos niños más. Son críos con Sida, única herencia que recibirán de sus padres, que entrenan dos veces por semana para su actuación anual en el circo Zip Zap. La clase ya había terminado 20  minutos antes.

Hay historias como periodista por las que pasas y hay, pocas, en las que te quedas. No sé explicar muy bien por qué o quizá no haya mucho que explicar cuando se entiende que aquellos críos nacieron condenados y que la generosidad de algunos les permite reír y comer a mandíbula abierta, al menos, ocho veces al mes. “Venir al circo les motiva para seguir el tratamiento y para entender que con los antirretrovirales pueden hacer una vida normal”, me dicen en MSF. Es, por tanto, un entretenimiento que enseña a salvar vidas. Es más, es vida.

He visto miseria en muchos lugares del planeta. La primera vez que me enfrente a ella con crudeza fue en Méjico, en el Yucatán, hace doce años, cuando descubrí que junto a los resort de pulsera de “todo a su antojo” vivía gente en chozas donde correteaban niños desnudos entre famélicas y desperdigadas gallinas. Luego, me he tropezado con ella en India, donde abruma el número y su hedor; en Nepal, donde se camufla entre el verde de las montañas; en Perú, donde saqué una foto que me espera en Madrid de un niño, Juan, que con dos años trabajaba en medio de un desierto eterno. Juan vivía en Ladrilleras, paupérrimo lugar donde fabrican miles de ladrillos que secan al sol por unos pocos dólares. Los ladrillos se extienden sobre una planicie donde quema hasta el poco viento. Juan es el único que por su peso podía andar sobre los ladrillos y darles la vuelta para que se cuezan al mismo ritmo que su cuerpo; la he visto en las montañas de Ecuador, en una maternidad bautizada como “la maternidad de la mitad del mundo”, cuyo nombre más que por la situación geográfica pareciera que responde a que allí la vida se partía en dos; la he visto en todos y cada uno de los países por los que he viajado por el sur de África, donde uno acaba acostumbrando los ojos a escenas desaconsejables; la he visto en Madrid, en el poblado marginal de La Celsa, donde recuerdo que un médico del Samur me explicó que la noche anterior una rata había mordido a un niño en el ojo.

¿Por qué hago este listado? Porque imagino que muchos de los que habéis salido fuera estaréis pensando que este circo de niños con Sida es una historia más dentro de la vida de la mísera aldea global. Y así es, pero esta historia me ha tocado. No soy ejemplo de nada, ni seré mejor persona, ni dejaré de vivir en mi apartamento de Sea Point, ni dejaré de descorchar alguna botella de buen vino sudafricano. Sencillamente he decidió intentar hacer algo. “Sólo vienen 50 niños y hay más de mil en tratamiento. (hay miles más de niños en Khayelitsha que ni siquiera saben que son portadores del HIV). No tenemos dinero para fomentar más actividades tan importantes como esta”, me dicen los responsables.

Me reuniré con ellos la semana que viene, sin entender bien la razón de que tras ver tanta miseria, como tantos, haya decidido pararme aquí a hacer algo. Supongo que es imposible vivir aquí y no perder o ganar algo por dentro, según se vea, cuando se cruza la frontera y se mira lo que pasa en el otro lado. No hay nada que entender, sí algo que intentar y mucho que hacer. Puede que lo decidiera cuando escuché el atronador silencio que se produjo en el gimnasio, antes envuelto en carcajadas, cuando repartieron entre los niños las bolsas de comida; o puede que lo hiciera cuando vi que aquellos niños tenían 20 minutos que perder esperando en la puerta del gimnasio con mi trípode en la mano.
P.D. Si todo cuadra, si el proyecto es viable, si se puede hacer algo tangible y si alguien quiere ayudar, serán bienvenidas las aportaciones que planificaré al detalle cómo las encauzamos. Yo sólo he decidido intentar ayudar en algo en esta esquina del mundo. Nada, cuando se vive acá, realmente reseñable. Casi lo reseñable es no hacer nada.

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Comentarios (13)

  • ana

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    Pues cuéntanos, cómo podemos ayudarte nosotros desde aquí. Y si, Juan te espera…

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  • Javier Brandoli

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    Ya explicaré, si todo cuadra, cómo se puede hacer algo. Quiero reunirme con MSF, Zip ZaP y ver qué necesitan y qué podemos hacer. Todo debe estar muy claro. Lo iré contando. Gracias

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  • Ciodo

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    Espeluznante historia, me he quedado sin palabras…

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  • Juancho

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    Un abrazo fuerte, amigo

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  • Maria-Pia

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    Como se le llama a alguien que es capaz de escribir la miseria humana con tanta ternura y respeto?
    Es tu alma que se inspira de la tierna inocencia infantil para describir la inhumanidad de una sociedad ciega?
    O es la tierna inocencia infantil que inspira tu alma para traducir la decadencia de una sociedad que le ha dado la espalda a sus hijos?
    Besos primo.
    Je t’aime.

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  • Cintia

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    que todo cuadre y que podamos ayudar…seria un placer!

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  • Eduardo De Winter

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    Gracias Javier, por acercarnos estas realidades y aunque a miles de kilómetros, hacernos sentirlas tan cercanas. Este tipo de reflexiones deben de enseñarnos a mirar con otros ojos todo aquello que nos rodea, a mirar con el corazón. Esperaremos a que nos cuentes como sigue el tema y que se puede hacer. Saludos y sigue así.

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  • javier

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    Cuento lo que veo. Gracias a los tres por el apoyo y ojalá se pueda hacer algo.
    Besos y abrazos

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  • ernvillar

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    Un abrazo, nos cuentas

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  • Alejandro Grupo 2013

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    Increíble !!!!
    Por favor, que nos avisen a info @ grupo2013.com y seguro que les ayudamos !!!

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  • Javier Brandoli

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    Acabo de mantener una reunión con los responsables de Zip ZaP. La semana que viene habrá otra, el proyecto avanza. Cuando haya algo concreto y fiable lo propondré, todo el mundo está invitado a participar en este especial proyecto donde no la miseria y enfermedad se tapa con risas y ejercicio. Las historias de cada niño son terribles, pero ellos no las usan. Quizá por eso es distinto.
    Un abrazo y gracias a todos/as

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