Soweto: master en relaciones internacionales

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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Una estrecha calle, rodeada de chamizos de cartón y madera, de suelo seco, espera a los turistas en Elias Motsoaledi, un barrio más del descomunal gueto. Allí para nuestro taxi. “Sólo viven tras o cuatro blancos en todo Soweto”, nos explica Zach, que remarca que este es un barrio para negros (tampoco viven mestizos). Allí no se habla inglés ni afrikans; la gente, llegada de la Sudáfrica rural y de otros países del entorno, habla las otras nueve lenguas oficiales del país (entre ellos, con los turistas te hablan hasta en esperanto).

Pronto sale un guía, Mandla (en zulú quiere decir poderoso), que se ofrece a enseñarme su barrio. Me suelta una parrafada, yo sonrío y él se muestra satisfecho con mi cara de bobo para despeluchar. Comenzamos a bajar la estrecha vereda y me invita a entrar en una casa. Allí vive Gledys, de 55 años, que me espera junto a tres amigas con las que bebe un café. Al entrar sus rostros cambian; mantiene la amabilidad (son muy cordiales los sudafricanos) pero le añade un cierto dramatismo. Me explica que no tiene calefacción, ni agua y con gestos me señala una palangana roja donde se lava toda la familia. Sin preguntar nada, me relata que tiene cuatro hijas y su marido la ha abandonado. La casa se cae a golpes de viento. Sólo tiene una habitación, llena de ropa sucia tirada por el suelo, una pequeña cama (para cinco) y una estrecha ventana por la que se cuela algo de luz. “Estoy en paro, vivo de la ayuda de gente como usted”, se apresura a decirme en cuanto intuye que la visista se está acabando. Le hago unas fotos; me hace el gesto de la victoria y ríe. Es un poco desconcertante la escena (el argumentario dramático de la mujer no se corresponde con la fotografía, pero como ya le he dado los 10 rands pues se ha despistado un poco).

Sólo tiene una habitación, llena de ropa sucia tirada por el suelo, una pequeña cama (para cinco) y una estrecha ventana por la que se cuela algo de luz

La misma historia de Gledys me la repite poco después otra mujer en medio del secarral, que se apresura a salir de su chamizo cuando ve que estoy jugando con dos niños. Sonríe, me mira y en cuanto aguanto un segundo la mirada me dice que entre en su casa, que vive allí con sus cinco hijos, sin marido, sin “money” y con decenas de enfermedades diagnosticadas por un tñio abuelo (puedo elegir la que más me guste en la foto: tiene muy buenas caras en oferta para fiebre amarilla y malaria, que sabe que es la favorita de los viajeros). Me doy cuenta de que soy un pardillo al que le enseñan la misma historia de miseria ya repetida para sacarle el dinero. Es cierta la pobreza; la hay en todo el país, pero aquí se comercia con la foto souvenir (Soweto es el “monumento” más visitado de Johannesburgo).

Llega el turno de los niños que se abalanzan sobre el turista. Tienen aprendida una cantinela para sacar el dinero que se repite siempre (todos siguieron la misma pauta). Primero preguntan de dónde eres; luego cómo te llamas; luego te dicen que si en tu país hay barrios parecidos; luego posan para una espontánea foto que ellos piden (entre mis amigos a esto le llamamos un “robado”); luego te dicen, a bocajarro, que les des dinero, que tienen hambre. Si dices que no llevas, te piden las gafas de sol, la cámara, una diente… Los críos son muy divertidos, pero tienen seis master de relaciones internacionales.

Llega el turno de los niños que se abalanzan sobre el turista. Tienen aprendida una cantinela para sacar el dinero que se repite siempre

Por último, llega el turno del guía, que pacientemente ha estado esperando a cazar la presa. Tras varias centenas más de metros de absoluta pobreza, Mandla me habla de las penurias del barrio (indudables), de su única fuente de agua potable, de su falta de electricidad, de la importante labor que hace la comunidad para ayudarse unos a otros, de que él merece seis Premios Nobel de la Paz, de que le gusta llevar las bolsas de las señoras mayores y cruzar de la mano a los niños en la calle, y de que sin mi ayuda, justo en este instante, pueden morir unos 54 huérfanos. Su amabilidad, hasta ahora perenne, torna cuando le doy todo le dinero que llevo encima, 17 rands (1,7 euros). Me espeta que si con eso creo que puedo ayudar a mucha gente. Le digo que no tengo más encima (cierto) y le explico que estoy cansado de ser un dólar andante (llevo varias horas recorriendo la barriada y la secuencia es constante); que estoy cansado de que me intenten sacar dinero; de que cambien sus caras cuando no les doy lo que esperan. Él me mira desafiante y se marcha con gesto contrariado y, eso sí, con el dinero en su bolsillo. Vuelvo a mi taxi; una furgoneta con turistas ha aparcado pegada a nuestro coche. Les veo comenzar el mismo recorrido que les llevara a otra Gladys y otro Mandla (observo que se reparten al turista).

Le explico a Zach, mi guía, que es la última vez que para en un sitio así. Le explico que no estoy aquí para hacerme una foto en medio del hambre que enseñar a mis amistades. Le digo que si esto es todo lo que tiene que enseñarme, me lleve al aeropuerto. Él me pide perdón, me dice que no se repetirá y que los guías no están autorizados a pedir dinero a nadie (para descojonarse; aquí, te descuidas, y te pide dinero hasta el pollo disecado del KFC).

Luego, en la comida, en un auténtico lugar de cocina sudafricana (el puré de patata se corta con cuchillo), un hombre comienza a hacer movimientos flexibles frente a mi (el tipo es capaz de hacer un tetris con los músculos y colocarse la gorra en la cabeza con  los pies). Me divierte, estoy pensando en darle algunas monedas, cuando Zach, que me acaba de escuchar que estoy hasta las pelotas de que me intenten sacar dinero, lo manda a hacer puñetas y casi acaban en gran bronca (me doy cuanta de que no es fácil que entienda mi mensaje. Me doy cuenta de que quizá yo soy el que no lo entiendo).

P.D. Haré en breve un reportaje de Soweto. La historia de su lucha contra el apartheid, cargada de símbolos repartidos por el barrio, es apasionante. Algunos lugares llegan a emocionarte. Recomiendo a todo el mundo que vaya a visitar este lugar, pero que tenga cuidado con los vendedores del hambre (son muy simpáticos, pero te despeluchan).

Nota aclaratoria: este texto es parte de un reportaje que publiqué en elmundo.es. Aquí está el texto original, en primera persona y con mis experiencias personales.

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Comentarios (14)

  • ricardo

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    Tienes mucha razon, pero cuando les aclaras que no eres gilipollas, aunque a ratos disimules, no puedes evitar la sensación de que te estas comportando como un hijoputa. Es muy complicado, sobre todo con los niños. Si llevas caramelos, quieren bolis; si llevas bolis, te piden dinero, y si les alargas unas monedas, quieren tus gafas o tu camisa.. Son insaciables. Y a la vuelta de la esquina esta el adulto para quedarse con todo, que yo he visto a los niños comerse los caramelos a puñados antes de llegar al poblado para no compartirlos. En fin, Africa en estado puro

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  • jeff

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    Ricardo …. CRAP

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  • jeff

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    Javie.you must go a little more easy . The reason every one wants your money or whatever, IS because they really could do with it .I mean they ARE hungrey they DO need to feed thier CHILDREN. I’m sure you are tired of this kind of things all the time . But,hey. thats what you are there for .The experiance of AFRICA. For good or bad.Enjoy what you have got there and remember us poor bastards here in Madrid bored to death,with the same old things happening all the time.

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  • ricardo

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    Jeff, creo que no has entendido lo que he querido decir. Las opiniones, cuando se razonan, nunca son CRAP. En todo caso, los toros siempre se ven mejor desde la barrera…

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  • jeff

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    Ricardo .Maybe you have a piont .But when I wrote that I had just came back from the pub .Sorry

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  • jeff

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    Ricardo .Maybe you have a piont .But when I wrote that I had just came back from the pub .Sorry
    But I still think that it is not as bad as you think .I”””””v been to Africa a few times and found it a little heavy myself but not as hard as you say .

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  • ricardo

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    Jeff, lo que yo pretendia explicar, seguramente con escaso acierto, es que si cedes a todo lo que te piden terminas siendo injusto y si al final te cierras en banda es inevitable que no te sientas bien contigo mismo. En esa dualidad es dificil moverse. Me he recorrido Tanzania, Kenia y Etiopia y claro que no es siempre igual, pero a mi lo que cuenta Javi me ha recordado a otras situaciones parecidas en las que eres utilizado frente al escaparate de la miseria y se te queda un mal cuerpo que para qué.. Yo he regalado diccionarios y libros de gramática español-ingles a niños que me los han pedido para poder estudiar y al rato me han venido amigos suyos diciendo que la habia cagado, que no lo iban a aprovechar, que mejor se lo hubiese dado a ellos. Es una mera lucha por la supervivencia en la que es muy dificil ser justo, porque nuestra visión de lo que nos rodea, tristemente, es limitada, distorsionada e inevitablemente injusta. A partir de ahi, claro, que cada uno se comporte segun su conciencia. Un saludo y a ver si cuando vuelva Javi lo discutimos con unas cervezas (yo a partir de la décima incluso tengo un inglés fluido…)

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  • Javier

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    Sois dos cracks y vuestro mensaje es compatible. Yo sólo explico que en ciertas ocasiones se comercia con la miseria y que es complicada la elección. Por supuesto que pasan hambre y tienen problemas en ÁFRICA… y en Asia y América y España justo detrás de la esquina. (Nunca se me ha ocurrido ir como turista a la Cañada Real, en Madrid, a ver cómo vive la gente). El problema es que aquí (y en muchos países), en determinadas ocasiones, te tratan como un puñado de dólares andante. Hay que tener un cierto cuidado entre lo que es real y es un teatro. Sólo digo eso. Luego, por supuesto, siempre te queda la duda interior de podía haber dado más o he hecho el imbécil. Pero no hace falta venir a áfrica para ser generoso, como si vinieras a ver a una colonia de pobres negros. Justo detrás de nuestras apacibles vidas en Madrid hay gente pasándolo mal y no se nos ocurre echarles una mano; pero venimos al tercer mundo y nos llenamos el pecho de aire porque les dejamos 20 euros. ¿Cuántas veces le damos dinero a un negro que está tirado en medio de la Plaza de Tirso de Molina? Claro, allí es Europa y no tenemos el espíritu africanista de ser una especie de misioneros laicos.
    Un abrazo a ambos y lo de las cervezas está pactado a mi vuelta
    Jeff: eres un gran tipo

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  • Javier

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    Se me olvidaba decirte Jeff que debes cuidar tanta cerveza. Pareces un guiri de la costa brava.
    Saying crap is not pretty. Write it ten times in your note book

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  • jeff

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    Javier I know saying crap is not nice but as I said I had just come back from the pub witha few beers under my belt .And I did say sorry the next day.But I will write it ten times for you.
    Ricardo … Yes when javier does come back we shall go for a good drink and have a good talk about many things.I will be looking forward to it. And sorry again for my rudeness.

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  • ricardo

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    Don´t worry, Jeff. At least we are agree in getting drunk as a lord together in every bar when Javier is coming (I suposse). Cheers!

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  • Javier

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    Cheers from south africa!!!

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  • Juancho

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    Desde un lugar de asia donde cruzar la mirada con alguien te cuesta diez centimos de euro (no sabes como, pero te lo sacan), anado a vuestro apasionante debate:
    1) Y si todo es mezcla de las dos cosas? Es decir, que hacen teatro, pero que lo necesitan mucho.
    2) Yo tambien quiero cerveza

    En serio. Me he enfadado mil veces con las estrategias de “extraccion” del dolar que utilizan, a veces mas rudimentarias y otras mas elaboradas, pero siempre se les ve el plumero. Y mil veces he pensado: Ya, pero sin teatrillo, a que no les habrias dado dinero, Juancho?
    Y Mil veces mas he pensado: Hacemos mal, hacemos mal. No deberiamos dar. Ninguno. Nunca. Ceder es hacerle dano, porque si le dejas convertir la mendicidad en negocio, le esclavizas a esa mendicidad…
    Y luego piensas: Y si nadie, nunca, diera. Moririan? Muchos? Algunos? Uno?
    Y al final digo, me voy al bar, porque cada dia entiendo menos.

    Javier, podria haber escrito la misma cronica con distintas palabras y menos gracia (eres un genio). Igual. Como se parece la pobreza…
    Abrazos a todos

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  • Javier

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    Estoy de acuerdo en toda tu reflexión. Es la duda constante de viajar por estas tierras. Una especie de sensación que se mueve siempre entre la duda y la certeza, sin saber donde colocar a ninguna en determinadas situaciones. ¿Seré un idiota?, es la pregunta. A veces por dar; a veces por no hacerlo, lo que no cambia es el interrogante.
    Del resto, gracias. ¿Queda raro si digo ahora, tras tu comentario, que me he muerto de risa leyendo algunas de tus historias, que he estado en alguna de tus playas y que me he emocionado con alguna de tus duras historias? Sí, queda raro, pero es cierto. Los que te leen seguro que hacen el viaje también contigo.
    Ya somos cuatro para las cervezas. Buen grupo: Jeff, Ricardo, Juancho y servidor.

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