Cueva de Monte Castillo: ¿banderas pintadas en la prehistoria?

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

En las mismas entrañas de la tierra se esconden en Cantabria las señales que dejó el hombre primitivo hace 200 siglos. Un legado indescifrable a los ojos del hombre actual. Quizá fueran las primeras exposiciones artísticas; quizá se tratará de un uso religioso de la pintura; quizá fuera un lenguaje; los expertos hablan de banderas. Todas estas hipótesis se han estudiado como posibles en el arte rupestre. Hoy, con sus colores débiles pero aún latentes en la roca, comenzamos una visita que nos transporta al Paleolítico.

La Cueva del Monte Castillo está junto a la localidad cántabra de Puente Viesgo. Junto a otras cuatro cuevas –Las Monedas, La Pasiega, Las Chimeneas y La Flecha- conforma todo un museo de pinturas prehistóricas de Cantabria. Hasta ahora, la archiconocida cueva de Altamira no había permitido que el resto de cavidades tuvieran el reconocimiento que se merecen.

Marcos, un investigador cántabro, nos hace de guía. Conoce a la perfección el fascinante músculo de piedra que se esconde sobre y bajo sus pies. El aguacero que cae fuera invita a tener prisa por entrar. Comenzamos a andar entre las rocas hasta llegar a una puerta; tras ella espera una sorprendente sala de pinturas.

La mano del hombre

Una de las imágenes con las que topamos en la Cueva del Castillo son las pinturas de dos decenas de manos. Manos puestas por aquellos hombres del paleolítico en aquellas paredes. ¿Qué significan esas hileras de manos (la mayoría izquierdas) tatuadas en las rocas? Marcos explica que “todo lo que podamos decir será una hipótesis, pero parece que se trata de un sistema de comunicación”. Aquí es donde se produce la primera duda: comunicación con quién. Por un lado se podría pensar que en el paleolítico, hace entre 21.000 y 28.000 años, los humanos pintaban sus extremidades como señal de posesión. Nuestro guía confirma que es una posibilidad, pero también es posible que “fuera un intento del hombre de fundirse con la naturaleza”. Es decir, los humanos pintan sus manos en las paredes como señal de respeto e intento de entendimiento de la madre naturaleza. “Fundirse con ella”, incide Marcos. Esta teoría, en caso de ser cierta, sería una muestra de una primera devoción religiosa o sobrenatural de los humanos. No pintaban como expresión artística, sino que lo hacían para ganarse los favores de la divinidad que, en esta ocasión, sería la naturaleza.

Todas las manos fueron pintadas en color rojo y son las representaciones más antiguas de Monte Castillo. Los primitivos colocaban su mano sobre la roca y pintaban sobre ella. Es impresionante contemplar las más de 20 manos que hay pintadas en una parte menos alta de la cueva y con figuras colocadas en escorzo.

Al igual que las banderas actuales, los cuadrados serían una señal para las tribus de la época. Simbología pura

Pero la cueva tiene una completa colección de pinturas. Antes de pararnos a comentar las que representan animales, Marcos explica el conocido como “Rincón de los Tectiformes”. Se trata de 10 cuadriláteros pintados en rojo, con variadas compartimentaciones inferiores. Otros signos que podemos encontrar en la roca tienen forma de campana o de espiga. No se trata, por tanto, ni de animales ni de hombres. ¿Qué son? Pasa lo mismo que con las manos, la explicación es interpretable, pero el guía, e investigador, ofrece una visión interesante: “Podría tratarse de una especie de bandera”. ¿Bandera? Otra vez enfrentarnos a interpretar el pasado del pasado es complicado, pero podría ser un signo de posesión territorial o pertenencia a un grupo. Al igual que las banderas actuales, los cuadrados serían una señal para las tribus de la época. Simbología pura. Así escrito parece fácil de entender, pero ahora sitúen este momento hace 22.000 años y busquen paralelismos. ¿Los hombres del paleolítico ya se reunían en torno a entidades de grupo o nacionales que debían quedar plasmadas en un símbolo? Parece que puede ser así, pero no deja de ser sorprendente en grupos de procedencia nómada. Quizá la cueva fue una de sus moradas ya fijas y así quisieron plasmarlo. De hecho, los movimientos migratorios se produjeron por toda Europa. “Hay importantes cuevas en Francia en las que se ha demostrado, pro el estudio de los restos, que hubo grupos que luego estuvieron en Cantabria o viceversa”, explica Marcos.

Los animales son el gran grupo de pinturas tatuadas en la roca. Bisontes, renos (llegados sorprendentemente del frío del norte de Europa), ciervos o cabras son las figuras más repetidas. También aquí hay una explicación sobrenatural sobre los “grabados”. Los hombres pintan animales como ritual para tener una buena caza. Es decir, hay una creencia en que representar un ciervo dentro de la cueva debía tener una relación con la caza del mismo animal fuera de los muros de piedra.

Hay figuras ya muy desgastadas que hay que imaginar y otras cuyo contorno se observa fácilmente. Es curioso que los artistas utilizaban la propia forma de la roca para pintar sus figuras. Así, un gran bisonte parece pintado desde varias perspectivas, ya que el artista busco el desnivel de la piedra para dar más realismo a su obra. “Serían los primeros cubistas”, bromea Marcos. La realidad es que algunas figuras están pintadas en distintos planos, lo que simula el efecto, por ejemplo, que ofrece el caballo en el Guernica de Picasso.

Cantabria y la prehistoria

La comunidad cántabra es un referente mundial en arte rupestre. El descubrimiento en 1879 de las famosas pinturas de las Cuevas de Altamira desencadenó una agria polémica en los años en que le siguieron. Algunos arqueólogos franceses, como Émile Cartailhac, pusieron en duda la veracidad del descubrimiento. Sin embargo, tras encontrar en Francia cuevas con pinturas similares, rectificó públicamente en un artículo titulado “Mea culpa de un escéptico”, en 1902.

Se sucede entonces una fiebre por encontrar nuevas grutas con arte primitivo. Es en 1903 cuando H. Alcalde del Río descubre la Cueva del Monte Castillo. En poco tiempo se comprende que se ha descubierto un lugar único y se trasladan hasta allí los principales prehistoriadores europeos del momento. En los siguientes años (la Primera Guerra Mundial detiene los estudios que patrocinaba entonces el Instituto de Paleontología de París), se van descubriendo nuevas pinturas y se va ensanchando la cueva. Se llega a los 18 metros de profundidad. La fiebre del Monte Castillo, ya en la década de los 50, hace que se descubran las cuevas de Las Monedas, Las Chimeneas y La Pasiega.

Se trata de un tesoro histórico y artístico inigualable. Para entender el paso del hombre por la tierra, hay que mirar a estas cavidades prehistóricas y descubrir su forma de vida. La religión, el sentido de posesión privada o de Estado pueden tener ya en el año 28.000 antes de Cristo una forma evidente. Visitar estas cuevas es recorrer la más añeja historia de la humanidad. Además, se trata de lugares únicos. Se entienda o no lo que allí dicen, que es un lenguaje lo representado, sólo contemplar las pinturas es ya un privilegio sujeto al tiempo olvidado.

el camino

Desde Santander coger la A-67 y luego, a las afueras, la N-623 hasta Puente Riesgo.

una cabezada

Gran Hotel Balneario de Puente Viesgo. Espectacular, un lujo que ha servido en más de una ocasión de alojamiento para las concentraciones de la selección española de fútbol. Más información en www.balneariodepuenteviesgo.com.

a mesa puesta

El Cenador de Amos, en Villaverde de Pontones. Pese estar a 35 kilómetros de distancia de Puente Riesgo, merece la pena acercarse hasta este templo de la comida. Ha tenido una estrella michelín y su menú, que se basa en los alimentos de cada temporada, es un manjar inolvidable. La carta de vinos y la posibilidad de maridaje es muy reseñable. Más información en www.cenadordeamos.com. Precio por persona cercano a los 100 euros

-En Santander, una opción más económica, hay que comer las exquisitas anchoas de Casa Lita, preparadas por el maestro Joseba (un lujo). Paseo de Pereda, 37. Cerca, también en el centro, Casa Zacarías es otro lugar de culto. Pescados frescos y exquisitos. Calle General Mola, 41

muy recomendable

Cueva del Soplao: Ya que estamos de cuevas, acercarse a la singular cueva del Soplao es una buena idea. No hay historia, pero sí una grandiosa explosión de naturaleza. Se trata de una vieja mina de extracción de calamina abandonada que ha dejado paso a un sitio único. Un enorme espacio plagado de estalactitas y estalagmitas con formas imposibles. Se acaba de producir allí un importante descubrimiento científico, el hallazgo de un mosquito de 110 millones de años conservado en ámbar.

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Comentarios (2)

  • Ismael Hernandez

    |

    Por favor, corrige la antigüedad: en el epígrafe “la mano del hombtre” es imposible que sean de 21.000 a 28.000 MILLONES de años. Quita lo millones y el artículo ganará en credibilidad
    Ismael Hernámdez

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  • Javier

    |

    Es cierto. Es una errata que se corrige en otras partes del texto. Gracias por el aviso

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