Vivía con prisa y con los ojos abiertos, recorría los caminos sin miedo; el polvo rojizo me manchaba la ropa y me adornaba las pestañas. Engullía nuevas palabras, engullía el dolor de otros, engullía la injusticia y engullía el hambre. Ver amaneceres espectaculares y atardeceres decepcionantes se convirtió en rutina, aprendí muchísimo sobre drogas ilegales, prostitución y asesinatos. Pensé que eso era la vida. Pensé que aquello bastaba.
Hay momentos en Tierra de Brujas en los que llega a olerse todo y uno tiene que separarse algo de las páginas, respirar y hacer un ejercicio de memoria que consiste en recordar al ser humano. He leído unos cuantos libros sobre África y, desde luego, nunca me he enfrentado a una obra así. Quizá porque ninguno de los autores que he leído podía narrar en primera persona lo que narra María. Ella no huyó de Makuyu, como haríamos casi todos, ella se quedó allí odiando y amando aquella tierra
Levantarse de buena mañana convertida en la soberana de una de las primeras potencias del mundo es una vivencia al alcance de muy pocos mortales, pero hacerlo a más de 7.000 kilómetros de Buckingham Palace, en plena cordillera keniata de los Aberdares, es sin duda todo un privilegio.
Los terribles ataques de los terroristas somalíes se ven favorecidos por la corrupción policial keniana y por un conlficto de intereses comerciales entre ambos países. Kenia, mientras, amenaza con deportar a 450.000 refugiados entre los que la mitad son mujeres y niños. Pretende cerrar el campo de refugiados de Dabaab.
Karimi, una de las supervivientes que permaneció escondida durante horas, ha relatado cómo los terroristas les ofrecieron ser liberados y aquellos estudiantes que les creyeron y salieron de la habitación fueron asesinados.
Estoy en un hotel en Garissa y soy una de las pocas extranjeras sobre el terreno. 147 muertos en Kenia y qué. 147 muertos en Kenia y nuestra dignidad por los suelos, amigos. 147 muertos y el miedo que queda. Y los habitantes de Garissa corriendo por la carretera para llegar a sus casas antes de toque de queda. Y el terror. Y la amenaza constante. Y nosotros hoy durmiendo tranquilos porque hoy, esta vez, a nosotros no nos han hecho pupa
Una costa de arena blanca y mar azul, un tren decrépito y maravilloso que navega en el tiempo, unos parques donde nunca descansan los sentidos, una capital cosmopolita, un lago de agua azufre, unas tribus del pleistoceno, unos campos de cultivos donde todo crece, una dolorosa pobreza urbana y una gente alegre y capaz. Kenia podría ser el país que mejor resume África.
Antes de que pudiera darme cuenta, mi querido amigo cruzaba el precipicio por la vía del tren. Los pasos coincidían con las viejas tablas de madera; un paso en falso y caías al río. Y estaba alto. Y me daba miedo.
Era un hotel nuevo, Mkulo, de 15 euros el cuarto, que tenía un restaurante con grandes lazos en las sillas y lustrosas jardineras en el parking. Sin embargo, pronto descubrimos que nuestro cuarto olía a cloaca. El limpio agujero en el suelo que era el retrete desprendía un olor que ocupaba todo el pequeño dormitorio hasta casi dar arcadas.
Alguien vino a remover la tumba. Era un grupo de extranjeros, empezaron a fotografiar todo y luego a la mañana siguiente vi que habían desenterrado algo que al día siguiente volvieron para enterrar de nuevo. Eran raros, no sé lo qué hacían. Un año después uno de esos hombres volvió por aquí y lo vi merodeando esta zona.
El Masai Mara es el parque más grabado y fotografiado de África. En VaP os presentamos las fotos fruto de tres días de safari en esta reserva natural. Sobran las palabras.
ntonces escucho nítido y cerca el aullido de una hiena. Parece que estuviera detrás de la cerca de madera que me protege. Vuelvo a escuchar la inquietante risa del mamífero. Me paro un segundo, sonrío. Me apasiona la África salvaje. Allí, en el Kandili lo es, real, abierta, sincera. Cierro el grifo y ahora escucho sonidos en plural, son varias.
Esa es la pregunta. El vídeo que hemos incluido hoy muestra un experimento que tuvo lugar en la línea del ecuador, en Kenia. Lo llaman el efecto coriolis, que hace girar el agua en uno u otro sentido dependiendo del hemisferio en que uno se encuentre. Dejaré que sean las imágenes las que hablen por sí solas
Durante ese tiempo, los aspirantes a “moran” están en una tierra de nadie donde casi todo es permitido, marchando libres antes de cargar con las responsabilidades de los adultos del grupo. Sexo libre, correrías y caza, “gamberradas” consideradas normales antes de la entrada a través del dolor agudo en una etapa definitiva en sus vidas.
Dicen que aquí se sirve la cerveza más barata de la ciudad. A pesar de haber sido objetivo en la serie de terribles atentados islamistas del año 2008, el Leopold está siempre lleno
De nuevo el espectáculo de los ñús cruzando el río, de nuevo los cocodrilos al acecho, de nuevo uno de los momentos más excitantes que los grandes documentales de vida salvaje deparan. Y allí junto a ellos, posicionamos nuestro coche.
El espectáculo del Masai Mara, en Kenia, no está sólo en la vida salvaje, sino en la inmensa sensación de libertad que te invade, en los atardeceres azafranados, en la inmensidad de los horizontes, en las solitarias acacias que parecen petrificadas por un dios vengativo.