Aberdares: el hotel-árbol que coronó a una reina

Por: Ricardo Coarasa (texto y fotos)
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El viaje

Levantarse de buena mañana convertida en la soberana de una de las primeras potencias del mundo es una vivencia al alcance de muy pocos mortales, pero hacerlo a más de 7.000 kilómetros de Buckingham Palace, en plena cordillera keniata de los Aberdares, es sin duda todo un privilegio. Éste es un viaje al noroeste de Kenia, a los montes que los nativos kikuyu, la principal etnia del país, bautizaron como “Nyandarua” (pellejo secándose al sol).

Nuestros pasos se encaminan, por una vez, a un hotel, el legendario “Treetops”, y a un paisaje, el de las tierras altas keniatas, inolvidable para cualquiera que haya tenido la fortuna de adentrarse en estos valles de bosques tropicales y espectaculares cascadas. El viajero tiene que abandonar Nairobi, la ciudad donde los grandes rascacielos vigilan a los mayores núcleos chabolistas del mundo (los populares “slums”), por la carretera A-2 en dirección a Nyeri. Los 165 kilómetros que separan la populosa capital de Kenia del Parque Nacional de Aberdare, que en 1883 tomó el nombre del entonces presidente de la Royal Geographic Society, lord Aberdare, no deben engañar a los neófitos. Alcanzar la principal ciudad de los kikuyu puede llevar más de tres horas al volante. Pero el paisaje, sobre todo inmediatamente después de la temporada de lluvias, es una fiesta que alivia las incomodidades del trayecto. Los extensos cultivos (“shambas”) de café y té, las estribaciones montañosas en plena línea ecuatorial, los mercados de frutas a pie de arcén, el ir y venir de gentes para las que la carretera es antes camino que autovía… Todo contribuye a que el viajero atento mantenga los ojos bien abiertos.

El último retiro de Baden-Powell

Antes de acceder al Treetops, que se ha ganado merecidamente el sobrenombre de “hotel-árbol”, hay que hacer una parada obligada en el Outspan de Nyeri, un establecimiento de estilo colonial con magníficas vistas del monte Kenia (si la neblina lo permite) que también tiene una historia reciente digna de mencionar. En Nyeri pasó los últimos años de su vida Robert Baden-Powell, el fundador de los boy-scouts, y la casa donde vivió se ha convertido en un museo que es visita obligada para sus correligionarios de pañuelo al cuello. El que en su día fuese el general más joven del Ejército británico falleció en esta ciudad, que para él significaba estar “más cerca de la felicidad”, y aquí está enterrado. “He vuelto a casa”, reza su epitafio. Además, un 8 de octubre de 2004, en estos mismos jardines, la keniata Wangari Maathai, impulsora del movimiento “Cinturón verde” -capaz de plantar más de tres millones de árboles para frenar la deforestación galopante que provoca la extensión de los grandes cultivos de café y té- se enteró de que había sido galardonada con el Premio Nobel de la Paz. Para celebrarlo, no podía ser de otro modo, plantó aquí mismo, junto a los grandes palmerales, un tulípero de Gabón, el mejor homenaje a una naturaleza que sin duda está en deuda con esta formidable mujer.

El principal atractivo del Treetops son las plataformas de observación que, camufladas entre tablones, permiten contemplar animales salvajes a sólo unos metros

En el Outspan, el viajero está obligado a dejar su equipaje, porque al Treetops sólo se permite llevar lo imprescindible para pasar la noche, dadas las reducidísimas dimensiones de las sencillas habitaciones. Los huéspedes se trasladan en microbuses con capacidad para una veintena de personas. Tras veinte minutos al volante, se toma un desvío de tierra cobriza que lleva al Parque Nacional Aberdare, inmerso en el frondoso paisaje tropical de llamativos castaños. El Treetops, abrazado a uno de estos gigantescos árboles (de ahí el sobrenombre) está construido con tablones de madera que otorgan un aspecto singular a sus tres pisos moteados de diminutas ventanas.

Un despertar real

Durante unas vacaciones con su esposo, Isabel de Inglaterra se acostó una noche princesa en el Treetops y se levantó reina al comunicársele la muerte de su padre, Jorge VI, un 6 de febrero de 1952. Para reinar sobre un país pródigo en aventuras coloniales, nada mejor que ser coronada “in pectore” en uno de sus dominios de ultramar, a la sombra de estos “pellejos secándose al sol”. Pero en esas fechas ya estaba en ciernes la sangrienta revuelta de los “mau mau” que, aunque sofocada tras cuatro años de lucha, supondría el germen de la independencia de Kenia, alcanzada finalmente en diciembre de 1963. Hoy, las paredes del Treetops están repletas de instantáneas de esa histórica visita. El principal atractivo del Treetops, no obstante, son las plataformas de observación que, camufladas entre tablones de madera, permiten contemplar animales salvajes a sólo unos metros de distancia. El hotel originario se construyó junto a una charca frecuentada por elefantes, rinocerontes y búfalos para abrevar. Sólo hay que tener paciencia y esperar. Para los más perezosos, los timbres de las habitaciones avisan durante la noche de la presencia de los esperados visitantes. En función del número de zumbidos se sabe de qué animal se trata, así que el huésped decide si merece la pena salir de las sábanas o no.

El camino
Desde Nairobi, cualquier agencia turística ofrece una visita a los Montes Aberdares. Si uno prefiere ir por libre, lo mejor es alquilar un todoterreno con conductor para recorrer los 165 kilómetros entre la capital y Nyeri.

Una cabezada
Las posibilidades de alojamiento son escasas dentro del parque nacional y se limitan al Treetops (www.blockhotelske.com) y al The Arks (www.lonrhohotels.com), un lodge con forma de barco situado en el corazón del mismo. Viajes al pasado recomienda, lógicamente, el primero, por su carácter legendario y por la singular historia que arrastra. En cualquiera de los dos es fácil observar animales salvajes.

A mesa puesta
No hay otra opción que hacerlo en el restaurante del hotel, donde las largas mesas de madera fomentan las conversaciones de los viajeros. La terraza del Outspan, en Nyeri, es absolutamente recomendable aunque sólo sea por las magníficas vistas que se disfrutan. No olvide visitar los asombrosos baños de impecable estilo colonial.

Muy recomendable
-Si el viajero piensa acostarse tarde para intentar sorprender, cámara en ristre, al mayor número posible de animales abrevando en la charca, conviene dejarse caer de vez en cuando por el bar del Treetops, situado en la primera planta. Con una cerveza Tuscker o una copa en la mano, la espera se hace más llevadera y no hay margen para remordimientos de conciencia, porque desde las ventanas del bar se divisa uno de los abrevaderos.

-Hay muchos libros que pueden ayudar al viajero. “Mi viaje por África”, de Winston Churchill, y “El sueño de África”, de Javier Reverte, están entre ellos.

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Comentarios (2)

  • John

    |

    Great place, best memories and incredibles views. Aberdares for ever!!

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  • Mayte

    |

    Muy interesante, el lugar es realmente increible!

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