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Charlie Hebdó y las buganvillas

Internet decía que estaban bien y fuera de peligro, que algunos vecinos de la ciudad consiguieron alertarlas, a tiempo de que se refugiasen con otros cristianos en el cuartel militar de la ciudad, que lo peor había pasado y en unos días podrían tomar algún avión con destino a Togo, a Burkina o a Benin. Durante los días siguientes la gente de la ciudad se dedicó a llevarles comida y a salvar algunos enseres de la Misión.

Aguas del Báltico

Me gustaba subir a la cubierta para ver cómo la proa rompía las frías aguas del Báltico como si al gigantesco ferry no le costase apenas esfuerzo. Así de simple. Hacía frío y el viento te agitaba en inesperadas sacudidas como poniéndote a prueba.

Paisajes de Uganda

A la sombra de dos gigantes de los safaris como Kenia y Tanzania, Uganda es un diamante ante el que, sin embargo, muchos viajeros pasan de largo. Más allá de la asombrosa fauna que comparte con sus vecinos del este de África, Uganda se sublima por sus paisajes bañados en agua.

La procesión de los monjes mendigos de Luamprabang

De pronto, cuando ya se colaba el amanecer en el día, entre lo oscuro y lo claro, apareció una larga fila de monjes cargando sus túnicas naranjas como si la tela les naciera de sus hombros, en una absoluta falta de ruido en el que sólo se escuchaban los pasos, la respiración y el abrir y cerrar de sus cestos. Me pareció una imagen bella, serena.

Nantucket: regreso a la isla de Moby Dick

Había decidido ir hacía tiempo, sin saberlo, cuando leí Moby Dick. Me dije: yo quiero vivir en Nantucket. Me imaginé casitas de madera con velas consumiéndose mientras el viento rodaba por calles estrechas y los pescadores, exhaustos, se calentaban alrededor del fuego.

El sexo en Bangkok

En cada planta, en el centro, hay decenas de adolescentes de aspecto, con un simple tanga, bailando en una jaula sin apenas mover el cuerpo por falta de espacio. Alrededor hay siempre decenas de hombre bebiendo y mirando. Todas llevan un número en la braga. Están marcadas.

Corresponsal en México

Vaya aquí por tanto este contrato de mesura, de no sacar rápidas conclusiones, de intentar contar lo importante primero y lo menos importante también, después. De no contarme a mí y sí contar a los otros. Vaya este deseo como un todo al que agarrarme cuando lleguen los egos y las dudas...

Harlem: una noche con Marjorie

La primera vez me tiró la puerta a las narices. La segunda, susurró un amable “come in”. La tercera comenzó a acariciar el piano. A Marjorie Elliot no le gusta que la molesten en su tiempo de trabajo, que parece inflamarse momentos antes de cada actuación.

Bangkok, más allá de los guetos de turistas

Tuvimos la oportunidad de entrar a la ciudad por la puerta principal, no por la de invitados. Una pareja de amigos de Francesca, ella tailandesa, nos alojaron en su casa y nos enseñaron su ciudad. Y allí, por resumir, todo ganó encanto y realismo respecto al aterrador Bangkok (válido para toda Tailandia en mi opinión) de tanto viajero que acude enloquecido a Khao San Road y alrededores (barrio mochilero).
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