Singapur: la ciudad de la gente dichosa

Por: Mayte Toca (texto y fotos)
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Pocos lugares hay en el mundo donde la pulcritud sea casi una obligación. Donde esté prohibido comer en la calle, arrojar chicles al suelo y los fumadores tengan que marginarse en algún rincón. En esta tierra donde apenas hace cien años los traficantes se enriquecían cultivando opio en grandes cantidades para consumo doméstico, la mayoría de la población estaba enganchada, la violencia, las ratas, mosquitos y tigres convivían con sus ciudadanos entre mugrientos edificios, hoy Singapur no se reconoce en su propio pasado.

Conocida como la ciudad que nunca duerme, la Suiza de Asia, el centro de Singapur es una explosión de luces de colores. Enormes rascacielos se levantan orgullosos por doquier luciendo caprichosos carteles luminosos, compitiendo los unos con los otros. Entre ellos se abre paso una vegetación tropical de parque jurásico: palmeras, enredaderas, orquideas salvajes…

Hoy Singapur no se reconoce en su propio pasado

Las compañías más ricas del mundo tienen aquí sus sedes. Los bancos más poderosos, las tiendas de moda más lujosas plasman sus carteles a los largo y ancho de los enormes edificios.

En Orchard Road, la avenida más comercial del mundo, los grandes escaparates de Cartier, Gucci o Channel muestran sus productos más caros. Una pantalla gigante ocupa la esquina de un luminoso edificio, el volumen de los anuncios de perfume es tan fuerte que se escucha desde el principio de la calle. Dentro,los gigantescos malls con el aire acondicionado a tope, que parecen un frigorífico en comparación con la agradable temperatura exterior de 30 grados, acogen a más comercios de productos europeos, asiáticos, americanos…

Es un paraíso para los amantes de la gastronomía. Cocineros de todo el mundo se reúnen aquí para descubrir nuevos sabores

Todo en Singapur huele a nuevo, pero en los famosos hawkers, estupendos mercados de comida, ese olor se mezcla con el aroma de las especias indias y las verduras y frutas chinas, como el durian. Esta fruta puntiaguda del volumen de un enorme balón de rugby desprende un olor tan fuerte al cortarla que está prohibida comerla en los hoteles o los aviones. Su olor a fétido contrasta con su dulce sabor a melón.

Singapur es un paraíso para los amantes de la gastronomía. Cocineros de todo el mundo se reúnen aquí para descubrir nuevos sabores y productos. Comer bien es casi una religión, abundan los restaurantes, los malls y los hawkers están repletos de deliciosos lugares. La oferta es amplia: cocinas china, japonesa, coreana, malaya, india o indonesia abren sus puertas a los sabores del paraíso. Puede uno disfrutar de la especialidad de Singapur, el chilly crab, picante como un demonio, en el piso 26 de cualquier rascacielos mientras observa el mayor puerto de Asia.

Las mujeres son espectacularmente guapas. Casi me siento extraña con mi pelo crespo en un hatillo y mis pies grandes

En la calle, las mujeres asiáticas son espectacularmente guapas. Son tan finas, tan bien vestidas, sus lisos cabellos negros tan brillantes, su maquillaje tan cuidadoso, tan delgadas, su piel tan blanca, tan elegantes con sus pies pequeños, que me casi me siento extraña con mi pelo crespo en un hatillo y mis pies grandes.

La gente es amable y dulce. Hasta la Policía. Nunca antes, en mis viajes por el mundo, me había encontrado una mujer policía en el control de pasaportes que me sonriese como si fuese una vieja amiga y me comentase cuánto le gusta mi camisa y el collar que va a juego. Vaya una bienvenida. Los agentes de aduana se despiden con una sonrisa y deseándonos una buena estancia. Los taxistas, dentro de sus coches con gps, recorren las calles futuristas mientras canturrean canciones navideñas. ¿Será esté el país de la gente dichosa?

Entre tanto lujo y alegría oriental me pierdo. Salgo en busca de otras cosas. Algo de historia, de vida mundana, de restos de un pasado

Pero entre tanto lujo y alegría oriental me pierdo. Salgo en busca de otras cosas. Algo de historia, de vida mundana, de restos de un pasado anterior a esta explosión de modernidad. Recorro entonces el barrio chino y el indio, lejos de Orchard Road, que me deja ciega con la luz. Las paradas de autobuses indican con precisión analógica los minutos que faltan para que llegue el próximo autobús. Otra vez puntualidad suiza.

En China Town y en Little India sigo encontrando edificaciones modernas. El flamante metro recorre la ciudad sobrevolando, como un gusano flotante y veloz. Finalmente me encuentro con un par de templos, apretujados entre grandes portales de arquitectura contemporánea. El olor de salsa de cacahuetes y chillies de los restaurantes lindantes se mezcla con el del humo del incienso frente a un dorado Buda imponente. Fuera hay una humedad del 90 por ciento y 35 grados.

Singapur no es tierra para exploradores, es más un lugar de paso en el centro de Asia. Un lugar de reuniones de importantes compañías, donde el dinero se mueve en grandes cantidades y la limpieza, la buena comida y el servicio impecable están asegurados.

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Comentarios (5)

  • Amaya

    |

    Los reportajes emanan realismo y su presentación es fluida y colorista.
    El esfuerzo por la búsqueda de lo originario y de la historia que se puede encontrar tras la modernidad de cada país me parece un acierto.

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  • Edurne

    |

    Seguiré tu consejo, considerar Singapur como punto de partida o de paso para conocer Asia. Tiene que estar bien, por un día, rodearte de pulcritud y buena comida….en restaurantes a 25 pisos del suelo!!!!…¡por un día!
    Buen flash de Singapur Mayte!

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  • Mayte

    |

    Daniel: el alojamiento es caro en Singapur, pero comer bien es barato si se compara con Europa. Por dos o tres Euros puedes comer muy bien en los Hawkers y con mucha variedad!! saludos!

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  • Mariasun

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    Lei en una ocasión que Singapur esta gobernada como si de una Gran Empresa se tratara, no hay democracia, pero……. todo funciona perfectamente, ¿será esa la solución? Yo he pasado por Singapur, y coincido contigo en todo lo que describes.

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