Crónicas

Textos sobre viajes y política internacional alrededor del globo

1336 artículos

Terremoto de Oaxaca: ayudas y robos tras la castátrofe

¿Qué tipo de ser humano hay que ser para robar lo que queda de unos escombros? ¿Para adueñarse de la ayuda que entregan millones de personas generosamente? También hay de los otros. Muchos más. Mucha más gente dispuesta a ayudar, a dar la mitad de lo que tenga aunque sea muy poco. Todo eso se veía en Juchitán. Lo muy bueno y lo muy malo. Todo eso es capaz de hacer el hombre.

Los periodistas carroñeros y el mundo edulcorado

Imaginen una foto igual en Las Ramblas de Barcelona. Un niño que lleva a otro niño en brazos, muerto, mientras su hermana llora a su lado. ¿La publicamos? Y ahora pensemos en otras fotos. ¿Aylan? Un niño muerto en una playa. Un bebé, mejor dicho. Dura también. ¿Había refugiados ahogándose en el Mediterráneo antes de él?

Antigua y Barbuda: una semana en la isla de M

En la puerta del aeropuerto de Antigua y Barbuda nos espera M. Se me olvidó su nombre, así que la llamaré M. Esta vez no fue mi culpa, M hablaba poco, lo justo, no hubiera sido fácil recordarla aunque hubiéramos pasado juntos seis años. M era una mujer de mediana edad, arisca, que economizaba sus palabras y sus gestos. Ahora que lo recuerdo, no estoy seguro de que M me dijera su nombre. Afinando algo más la memoria, no estoy seguro de que M dijera algo.

Cancún: life is now

Porque lo siento, pero los que escribimos en Vap también hacemos estas cosas. Lo de la aventura y el polvo es todo una farsa y en realidad somos unos turistazos de playa. Pero en este maldito simulacro de ciudad-autopista tienen escondido el mar y no piensan soltarlo tan fácilmente hasta que aflojes unos pocos dólares como rescate.

Amira y Michael: amor entre la basura

Pasé un día buscando historias en aquel barrio de El Cairo. Hacía mucho calor y el olor a basura era demasiado intenso. Cuando vi a Amira y a Michael les tomé una foto; ambos sonrieron y Amira empezó a hablarme como si yo perteneciera a aquel lugar.

El coñazo de Miami

Decir abiertamente que no te gusta EEUU puede ser cool. Te coloca en este egocéntrico mundo viajero de las redes sociales, donde se presume de barro, en el pelotón de los viajeros interesantes. A pocos se le ocurriría criticar un viaje a un poblado africano, un aldea del Nepal o una de esas villas centroamericanas en las que las rotondas son la mejor atracción turística. Da igual, aunque apenas hayas salido del hotelucho en el que dormías y candaras la puerta cuando se ponía el sol (mucho mejor si dormías en una tienda de campaña) todo fue fascinante.

Jane’s Fales, acuarelas de la Polinesia

n un fale más grande, rectangular y sin tela lateral, Jane servía el desayuno todas las mañanas mientras los rayos del sol naciente se expandían por la superficie del agua. El resto del día era pulular: pasear por la playa, ir a la iglesia, buscar cangrejos ermitaños y quitarles la casita para ver cómo buscaban otra o sentarse en el cibercafé a charlar con la pareja de suizos que había dejado todo para instalarse en las inmediaciones de Jane.

El cementerio de calaveras y el chocolate de los muertos

El moribundo era cuidado por sus familiares en la casa. Cuando fallecía eran los más cercanos los que en el velatorio realizaban el P'O'Keban. Con mucho cuidado hacían una limpieza del cuerpo sin tocar las zonas sexuales con un trapo húmedo. Con ese agua, según los medios económicos de la familia, se realizaba un chocolate, los más pudientes, y los que tenían menos recursos un pozo

Los diez mandamientos del turista en África

Viajar a África por primera vez no es sencillo. Algunos tienen la tentación de salir corriendo a medida que se despeñan los mitos y se oscurecen los horizontes idílicos. Pero quienes resistan ese fugaz impulso quedarán para siempre contaminados por el Mal de África, esa pasión por el continente, despojada de prejuicios, que te obliga a regresar una y otra vez y, a los más atrevidos, a quedarse.

Argusino: el pueblo que reclama sus ánimas

Me hablaba de que su tierra fue anegada por las aguas de una presa hace algunas décadas por mandato de las autoridades y que en le memoria de todos los exiliados se quedó una brecha y que ahora, con ayuda de los medios, pretendían cerrarla. Algunos ancianos murieron voluntariamente o de tristeza, no les dieron opción ni de sacar a sus muertos del cementerio y les entregaron un dinero que decidió unilateralmente la empresa expropiadora.
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