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Antigua y Barbuda: una semana en la isla de M

En la puerta del aeropuerto de Antigua y Barbuda nos espera M. Se me olvidó su nombre, así que la llamaré M. Esta vez no fue mi culpa, M hablaba poco, lo justo, no hubiera sido fácil recordarla aunque hubiéramos pasado juntos seis años. M era una mujer de mediana edad, arisca, que economizaba sus palabras y sus gestos. Ahora que lo recuerdo, no estoy seguro de que M me dijera su nombre. Afinando algo más la memoria, no estoy seguro de que M dijera algo.

Cancún: life is now

Porque lo siento, pero los que escribimos en Vap también hacemos estas cosas. Lo de la aventura y el polvo es todo una farsa y en realidad somos unos turistazos de playa. Pero en este maldito simulacro de ciudad-autopista tienen escondido el mar y no piensan soltarlo tan fácilmente hasta que aflojes unos pocos dólares como rescate.

El coñazo de Miami

Decir abiertamente que no te gusta EEUU puede ser cool. Te coloca en este egocéntrico mundo viajero de las redes sociales, donde se presume de barro, en el pelotón de los viajeros interesantes. A pocos se le ocurriría criticar un viaje a un poblado africano, un aldea del Nepal o una de esas villas centroamericanas en las que las rotondas son la mejor atracción turística. Da igual, aunque apenas hayas salido del hotelucho en el que dormías y candaras la puerta cuando se ponía el sol (mucho mejor si dormías en una tienda de campaña) todo fue fascinante.

Jane’s Fales, acuarelas de la Polinesia

n un fale más grande, rectangular y sin tela lateral, Jane servía el desayuno todas las mañanas mientras los rayos del sol naciente se expandían por la superficie del agua. El resto del día era pulular: pasear por la playa, ir a la iglesia, buscar cangrejos ermitaños y quitarles la casita para ver cómo buscaban otra o sentarse en el cibercafé a charlar con la pareja de suizos que había dejado todo para instalarse en las inmediaciones de Jane.

El cementerio de calaveras y el chocolate de los muertos

El moribundo era cuidado por sus familiares en la casa. Cuando fallecía eran los más cercanos los que en el velatorio realizaban el P'O'Keban. Con mucho cuidado hacían una limpieza del cuerpo sin tocar las zonas sexuales con un trapo húmedo. Con ese agua, según los medios económicos de la familia, se realizaba un chocolate, los más pudientes, y los que tenían menos recursos un pozo

Los diez mandamientos del turista en África

Viajar a África por primera vez no es sencillo. Algunos tienen la tentación de salir corriendo a medida que se despeñan los mitos y se oscurecen los horizontes idílicos. Pero quienes resistan ese fugaz impulso quedarán para siempre contaminados por el Mal de África, esa pasión por el continente, despojada de prejuicios, que te obliga a regresar una y otra vez y, a los más atrevidos, a quedarse.

Argusino: el pueblo que reclama sus ánimas

Me hablaba de que su tierra fue anegada por las aguas de una presa hace algunas décadas por mandato de las autoridades y que en le memoria de todos los exiliados se quedó una brecha y que ahora, con ayuda de los medios, pretendían cerrarla. Algunos ancianos murieron voluntariamente o de tristeza, no les dieron opción ni de sacar a sus muertos del cementerio y les entregaron un dinero que decidió unilateralmente la empresa expropiadora.

Verano en Montevideo: campo de ciudad

Montevideo en verano es una ciudad tan plana como un campo debajo de un cielo celeste. Es la soledad estival del entorno rural llevada a las calles de cemento, en cuyas tardes letárgicas canturrean los pájaros, toman mate los grupos de amigos apostados en las veredas y caminan, con bastante parsimonia y sosiego, los perros, algunos gatos y unos pájaros patilargos que no he conseguido saber cómo se llaman aún.

Texturas y colores de Yellowstone

El planeta puede ser un lienzo. Un trozo de tierra en la que se desparraman texturas y colores. Una tela de barro y piedra con olor a azufre, a pino, a agua enloquecida. Un sin sentido de humo, estelas verdes y vientos fríos. Las rocas se recuestan sin pasos en su lomo y en las laderas que partieron en dos a golpes de corriente se agolpan las bestias indecisas. El planeta puede ser un lienzo, a veces, sólo a veces...

20 años tarde en San Francisco

¿Qué más hacemos? Y se nos ocurrió una idea magnífica que hace siete años que no realizamos (viví cinco años en el sur de África y llevo dos años en México donde eso no existe): nos fuimos al Ikea de Oakland!!! Fue brutal, divertido, lleno de emociones. Con esa sensación ya sí de euforia tomamos un avión de noche camino de Salt Lake City. Joder, costó pero al final encontramos el SF irreverente que habíamos imaginado.

Por la senda del Big Sur

De Los Ángeles a San Francisco sólo debe haber un camino: el Big Sur. Su nombre evoca ruta pendiente o ruta tachada. Siempre hay en todos los países algunos senderos que tienen algo de legendarios, éste es uno de ellos. Junto al mar, al límite de un precipicio, el Pacífico queda a un lado y al otro la montaña.
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