Un lugar en el Mundo

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Soweto Country Club: un campo de golf en la miseria

En la puerta, cuando ya nos vamos, observamos que dos de los caddies están quemando droga sobre un papel de plata. Lo hacen junto a la que debió de ser caseta del guarda. Fuera, las casas son lustrosas, de ladrillo y cemento, y algunas con un pequeño jardín. Un cartel algo oxidado nos recuerda por última vez que estamos en un Country Club Golf en medio de Soweto...

Por ejemplo, los masais

Los masai no entierran a sus muertos porque creen que hace daño a la sagrada tierra. Mueren, los meten en bolsas de cuero y abandonan el cadáver fuera del poblado, lejos. A los tres meses vuelven a ver qué ha pasado. Si se lo ha comido una hiena es que es una mala persona. Si se lo comió un buitre es que está en el paraíso.

Soweto: las cicatrices del apartheid

Para los que pretendan conocer un poco más lo que fue el terrorífico régimen del apartheid en Sudáfrica, Soweto es lugar de obligado paso. Pueden hace un tour, de las decenas que se ofertan en la ciudad, o pueden alquilar un coche o guía privado (recomendable para comprender su convulsa historia) y cruzar, sin problema, al barrio rebelde. Para los que se atrevan a hacer la segunda opción, aquí van algunas claves de lugares que visitar.

La locura del Ngorongoro

Y quería saltar del coche, correr ladera abajo, reir, tocar a los animales, encender una hoguera y pasar allí la noche conversando con ellos, borrachos, cantando canciones de nuestra tierra. Pero me fuí porque pensé que quizá las hienas y leones tendrían otros planes, por falta de cojones, por ser humano, inteligente, y carecer de instintos. Creo que si no seguiría por allí, con mi cámara ya sin batería, sentado junto a 600 ñus mientras nos hacen fotos los turistas. Feliz.

El libro de un escritor

Ricardo tiene tanto de erudito como de apasionado por beberse todas las cervezas que les ofrezcan en la barra de un bar ya de madrugada. Es un enamorado de la literatura, de los ritos, de las proezas históricas de los otros. Él no es Stanleyo Mallory o Shakleton. Le hubiera gustado serlo, pero nació 150 años tarde. Forman parte de su genética, de sus raíces, de su piel. Ricardo viaja para conocer, con la curiosidad del periodista, del escritor, que se lanza al mundo a entender y explicar.

Diálogos con Maputo

Las madrugadas en Maputo agreden a la imaginación. El viento se queda quieto a las puertas de su playa de ceniza gris mientras los perros solitarios se preparan para irse a dormir acobardados de lo que se les viene encima. Entonces la ciudad, durante los escasos minutos en los que la luz lo denuncia todo por primera vez, hierve entre el rugir de miles de personas que no saben dónde ir.

En la tumba de Mido Macia

Atrás quedan aquellas dos mujeres mayores, vestidas de riguroso negro y ojos penetrantes que ahora con el reflejo del sol parecen profundamente húmedos. Sus miradas son profundas, extrañas. No hay nada, no hay gente, hay olvido y silencio. La muerte de Mido es ya sólo eso, olvido. No hay más tiempo para él en la vida.

La delirante historia del tenor italiano y su ópera en África

Le flanqueaban tres tipos, tres suazilandeses, tres importantes promotores de ópera que no tenían habitación donde dormir, no tenían ningún programa del importante concierto, no tenían pianista, ni músicos, ni a menos de 24 horas de la cita habían vendido una sola entrada. Ellos le miraban a él y él a ellos como si todo eso fuera a caer del cielo en el hall de aquel lujoso hotel.

Hoy no han matado a nadie en Sudáfrica

Mi trabajo como corresponsal condena a estos países a contar muertos y estafas. No puedo, no se publicaría, mandar una noticia que se titule “en Sudáfrica hace una semana que no violan a nadie”. Tampoco imagino a tres columnas o en portada de la web la noticia que explica que el “Ministerio de Trabajo de Mozambique no es nada corrupto”, acompañado de un detallado informe en el que se revela que no se desvió un dólar de la partida presupuestaria para “formación juvenil”.

Zambia: el enloquecido intento de conquistar Marte

Eran los eufóricos tiempos de la Independencia, 1964, en los que África soñó con todo, con una libertad que les llevaría hasta el mismo espacio. El artículo, firmado por el científico Edward Makuka Nkoloso, especifica los detalles de una operación que llevaría al planeta rojo a una astronauta, dos gatos y un misionero en un plazo máximo de siete años. Toda esa enloquecida historia la ha plasmado ahora en un libro y una exposición fotográfica, premiada internacionalmente y que está dando la vuelta al mundo, la fotoperiodista española Cristina de Middel

Ecuador: la maternidad de la mitad del mundo

De allí salimos con la sensación de que el precioso Valle de las Flores tiene algo más de campo santo que de Edén. Nos dirigimos a otro proyecto de nombre atrayente: la maternidad de la mitad del mundo, en Cayambe. Lo escribí entonces en el reportaje que se publicó en prensa: “el nombre debía de ser porque la vida allí se partió en dos”. Pero no, lo es porque por allí pasa la línea del Ecuador.
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