Un lugar en el Mundo

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Kgalagadi: la muerte de una lengua

Pero el tiempo los ha ido aniquilando uno a uno hasta sólo quedar sólo un par de personas que sostienen en su garganta una forma de comunicación ancestral. La fallecida Aenki, de hecho, trabajaba con la Unesco en un programa para no enterrar con ellos ese lenguaje. Los jóvenes ya no están interesados en hablar ni aprender un viejo idioma y se decantan por el Nama. Toda la historia me parece una poesía triste que salir corriendo a buscar.

Maputo: pequeño relato del diluvio

Entonces se parten las calles y las casas se inundan. Ves a gente sacando en cubos el cielo de sus casas, muebles flotando, techos hojalata que se deshacen. La ciudad se paraliza, especialmente en el Maputo de cartón, donde el cercano mar parece menos violento que el lodazal de aquellos barrios perdidos. Todo pasa con esa pesadumbre africana en la que los golpes se convierten en costumbre.
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40 años: agua en el lavabo

La distancia es tiempo en mi mente y el tiempo me ha enseñado que soy confuso con mis propias distancias. Ahora que hoy cumplo 40 años, esa cifra aterradora que empuja a algunos a hacer puenting en el lavabo, soy más que nunca trazos en el mapa. Más vitalmente ordenado y desordenado que nunca, que en todas mis virtudes se esconden mis principales defectos.

El Macondo africano: la orden que paraliza boas

Rafael, uno de los guardas del hotel, antiguo sargento segundo en tiempos de guerra, descansa junto al tanque de agua que hay en la colina del hotel. Está sentado, mirando al frente, cuando la cabeza de una enorme boa aparece entre sus piernas. Una serpiente que forma parte ya del paisaje de la colina, siempre perdida entre los matojos cercanos y que recurrentemente se acerca hasta allí a beber.

Una foto

Cada día tengo delante una foto que poner en esta revista y que supongo sorprendería a muchos de los que me leen desde tan lejos. Cada día ando por un mundo de mercados que huelen a pez seco y en el que una extraña vida se desparrama ante mi vista.

La delirante historia del señor Matsinhe

“¿En qué año estamos?”. Esas fueron las primeras palabras que escuché al Sr Matsinhe. Entré a una reunión a conocer al hombre que iba a llevar mis papeles de residencia en Mozambique y vi a un hombre de mediana edad, unos 50 años, algo orondo y de tono de voz muy débil, que lleva todos los temas laborales del hotel. Entonces escuche: “¿en qué año estamos?” y pensé “!espero que no sea el tipo que me va a arreglar mis papeles!”

El día que deje de ver el mar…

Todo es mar, como cuando bajo a la playa y ayudo a los pescadores a tirar de las redes que ponen por la mañana (algo que no hago mucho porque en cuanto me acerco me dejan tirando de la red mientras ellos me animan a continuar). Grupos de mujeres y niños que arrastran durante una hora una red eterna, que pesa como el océano y que trae pequeños peces que son el alimento de decenas de personas que sin verlos viven cerca.

Granizada en el Índico

A medio camino, de pronto, el cielo se hizo opaco, el viento golpeaba con algo más de fuerza y comenzó a descargar una feroz tormenta de granizo. Inesperado momento, que hacía años que allí no sucedía, y que convirtió el horizonte en una gama de colores intensa. El mar se encendió verde y el cielo gris oscuro
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