El cantautor y poeta español, hijo de palestino, habla claro del conflicto israelí, las bombas de París, la Guerra de Iraq, el radicalismo islámico y el abuso, a su juicio, de occidente sobre oriente. Y también de su poesía, el amor en ambos lados y el sentido de sus obras.
Primero son las montañas. Ondulaciones oscuras y lobunas, espolvoreadas con un reguero de nieve en pleno mes de abril. Hay algo maligno aún en esos centinelas que vigilan con avidez el fondo del valle. Pacientes y atentos como si aguardasen algo y, por un momento casi puedes comprender…
Al llegar volvemos a ver a esas tres familias sirias que llevan allí dos días. Ellas se sientan alrededor de una mesa con sus hijos que juegan entre las mesas. Ellos, todos los hombres, se limitan a ver a todas horas las noticias de un canal que no para de hablar de Siria y de enseñar imágenes de la guerra. Lo hacen en silencio, rodeando la pantalla, con la atención debida de escuchar como otros narran sus vidas.
La mañana del 28 de septiembre de 1999 las fuerzas chechenas abandonaron la región de Daguestán rendidos al poderío militar ruso. Esa misma mañana, nosotros viajábamos en un Ford Mondeo lleno de pegatinas de patrocinadores por los caminos que se acercaban a la frontera entre Chechenia y Daguestán.
De Mozambique se habla poco. Quizá hablamos también de forma equivocada cuando lo hacemos. No es fácil poner en los medios internacionales la realidad de un país vecino de dos gigantes de la información como Sudáfrica y Zimbabue. Entonces se cae en los reportajes sociales o en titulares que justifiquen su arrinconado espacio mediático. Intentaré pues saldar aquí mi deuda como periodista para hacer una crónica de un país que vive un conflicto olvidado, sin testigos.
Me contaba la nada interesante historia de cómo fueron raptadas, violadas y convertidas en soldados con sólo 11 años. Sus vidas te hacen palidecer. Como lo cuentan, lo que cuentan…Pero la gente no lee y esta es una historia de palabras, las suyas, a la que le falta aún una llamativa foto.
“Renamo, Renamo, ¿dónde está la sangre de tu hermano Frelimo?”, les decía, o viceversa, parafraseando la historia de Caín y Abel. Todos miraban, callados, y algunos comenzaban a llorar. Estaban desechos. ¿Quién esté libre de pecado, quién no haya matado, que tire la primera piedra? Volvían a callar, a llorar”, recuerda.
Ellos aguardan, aguardan sin identidad, sin papeles que ni siquiera acrediten su nombre. Tienen uno, pero quizá no sea el suyo. Fueron raptados hace mucho tiempo, reclutados para la guerra cuando eran niños, cuando ellos no tenían aún suficiente memoria. No son nada. No son nadie. Esperan.
Toda la manada crea un círculo perfecto para proteger a sus crías. Como si obedecieran una orden militar adoptan una perfecta figura de defensa. Es uno de los momentos más bellos que he vivido en los safaris africanos. Todo tiene una armonía salvaje.
(...) Entrando desde Split, el territorio bosnio es mayoritariamente croata. En las gasolineras admiten los kunas, moneda de Croacia, y venden alcohol y pornografía. Bosnia no tiene divisa propia, funciona con euros. Hay multitud de iglesias. No indican devoción sino política. Igual que los minaretes, las cruces son banderas...