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Pico de los Monjes: el mirador del Midi D´Ossau

Las estaciones de esquí lloran en verano la ausencia de nieve. Su paisaje resulta igualmente bello, pero sin el blanco invernal los telesillas, arrastres y cañones de innivación artificial resultan grotescos, como resignados al letargo de los meses de estío. Sin embargo, para el montañero, son siempre un punto de partida para caminar hacia las cumbres cercanas.

Makuyu, «tierra de brujas»

Hay dos cosas inabarcables en el centro de salud de Makuyu: la muerte y la locura. Ambas se tratan desde el terror, la incomprensión y la negación. A la primera se le encuentra sentido a través de las distintas religiones y la locura se explica en esa sociedad a través de maldiciones, males de ojo, castigos divinos…

Playas de Zanzibar

Me gustaba madrugar y asomarme a estas playas sin toallas, a sus horizontes de seda, al hipnótico centelleo del Índico, a los dhows mecidos con parsimonia por el océano, un día cualquiera en las playas de Zanzibar.

Soweto Country Club: un campo de golf en la miseria

En la puerta, cuando ya nos vamos, observamos que dos de los caddies están quemando droga sobre un papel de plata. Lo hacen junto a la que debió de ser caseta del guarda. Fuera, las casas son lustrosas, de ladrillo y cemento, y algunas con un pequeño jardín. Un cartel algo oxidado nos recuerda por última vez que estamos en un Country Club Golf en medio de Soweto...

Papúa y su arcano séquito

He ojeado el adjetivo “remoto” en el diccionario de la R.A.E y figuran tres acepciones. La primera está referida a la distancia del objeto que califica, la segunda a la verosimilitud del acontecimiento que describe y la última está relacionada con el olvido. La “remota” provincia “West Papua”, cumple a la perfección las tres acepciones.

Bendita crisis

Los recortes, en el caso de la ONG que dirijo, suponen que los pacientes psiquiátricos que hasta ahora se han beneficiado del proyecto no contarán con medicación. Tampoco pagaremos los traslados en la ambulancia. Tampoco la comida. Pero esto ya no es una tragedia hoy en día, se llama anécdota personal.

Por ejemplo, los masais

Los masai no entierran a sus muertos porque creen que hace daño a la sagrada tierra. Mueren, los meten en bolsas de cuero y abandonan el cadáver fuera del poblado, lejos. A los tres meses vuelven a ver qué ha pasado. Si se lo ha comido una hiena es que es una mala persona. Si se lo comió un buitre es que está en el paraíso.

Soweto: las cicatrices del apartheid

Para los que pretendan conocer un poco más lo que fue el terrorífico régimen del apartheid en Sudáfrica, Soweto es lugar de obligado paso. Pueden hace un tour, de las decenas que se ofertan en la ciudad, o pueden alquilar un coche o guía privado (recomendable para comprender su convulsa historia) y cruzar, sin problema, al barrio rebelde. Para los que se atrevan a hacer la segunda opción, aquí van algunas claves de lugares que visitar.

Monterey: sardinas sin ira

El escritor estadounidense John Steinbeck describió un Monterey de fábricas de conservas y prostíbulos, de buscavidas y jóvenes en busca del sueño americano. La ciudad californiana, a lo que se ve, se lo tomó con sentido del humor y no parece guardarle rencor: bautizó los muelles con el nombre de una de sus novelas, “Cannery Row”.

La locura del Ngorongoro

Y quería saltar del coche, correr ladera abajo, reir, tocar a los animales, encender una hoguera y pasar allí la noche conversando con ellos, borrachos, cantando canciones de nuestra tierra. Pero me fuí porque pensé que quizá las hienas y leones tendrían otros planes, por falta de cojones, por ser humano, inteligente, y carecer de instintos. Creo que si no seguiría por allí, con mi cámara ya sin batería, sentado junto a 600 ñus mientras nos hacen fotos los turistas. Feliz.

El Congo: la huida del abuelo Lodewijk y la caza de belgas

En la huida había dejado atrás su hogar, sus posesiones y su vida. Comenzó uniéndose a otros belgas que también buscaban escapar pero una tropa rebelde los detuvo, encañonó y mató a uno de ellos. Tras aquello, se dispersaron cada uno a su suerte. Las calles se llenaban de militares amotinados que apaleaban a los hombres de origen europeo y violaban a las mujeres, mientras en las cunetas quedaban los primeros cadáveres.

1924: maldito junio

Si los libros y las montañas lloran, junio de 1924 fue sin duda para ellos un mes de lágrimas. Un 3 de junio de 1924 moría a los 40 años Franz Kafka. Cinco días después, el Everest engullía a George Mallory, a los 37, camino de su cima.
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