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Filipinas: relato sin moraleja

Quisiera dar las gracias al chico rarito que no se llamaba Nilson. Y es que a menudo, un contratiempo te lleva a una experiencia infinitamente mejor a lo que tenías planeado. Y broncearme tumbada en una playa paradisiaca era un buen plan, pero ser adoptada por una familia filipina fue infinitamente mejor. Gracias cómo sea te llames.

Diálogos con Maputo

Las madrugadas en Maputo agreden a la imaginación. El viento se queda quieto a las puertas de su playa de ceniza gris mientras los perros solitarios se preparan para irse a dormir acobardados de lo que se les viene encima. Entonces la ciudad, durante los escasos minutos en los que la luz lo denuncia todo por primera vez, hierve entre el rugir de miles de personas que no saben dónde ir.

Jodhpur, India: la tierra de la muerte

Entonces, llegan a mis oídos notas musicales y una voz que comienza a cantar. A pocos metros de mí un joven, un niño apenas, ataviado con un traje tradicional toca el dirulba, un instrumento de cuerda. Lo acompaña con una letra que parece un lamento o, al menos, me transmitió melancolía.

Mae Ra Moe, la cárcel sin rejas

Tenían historias tristes, muchas -familias separadas, padres muertos, aldeas quemadas, años viviendo escondidos en el bosque-, pero las explicaban con la naturalidad del que está hablando desde y sobre su propia vida. Estaban acostumbrados a ello aunque para nada resignados. A la inversa: aquel es un lugar en el que, por encima de todo, perdura la esperanza. No es un lugar triste ni derrotado.

Tazara: a bordo del tren del cobre

Las paradas del convoy se hacen eternas y nos dan tiempo a recorrer los vagones. El siguiente al nuestro es como un campamento de refugiados, gente cocinando en el suelo, un par de lonas extendidas bajo las que una criatura de pocos meses dormita entre el tremendo jaleo de su madre hablando a voz en grito y las radios con música a todo trapo.

En la tumba de Mido Macia

Atrás quedan aquellas dos mujeres mayores, vestidas de riguroso negro y ojos penetrantes que ahora con el reflejo del sol parecen profundamente húmedos. Sus miradas son profundas, extrañas. No hay nada, no hay gente, hay olvido y silencio. La muerte de Mido es ya sólo eso, olvido. No hay más tiempo para él en la vida.

Cien años de alpinismo (VII): Shipton, el iconoclasta al que hurtaron la gloria

Es uno de los que preludian los nuevos tiempos, sin apenas porteadores, muy ligeros de material y en terreno virgen. Quizás por ello -o también por ser un iconoclasta con un fino e hiriente sentido del humor- es por lo que a última hora sería sustituido por el coronel John Hunt como jefe de la expedición británica que en 1953 lograría ascender al Everest.

La delirante historia del tenor italiano y su ópera en África

Le flanqueaban tres tipos, tres suazilandeses, tres importantes promotores de ópera que no tenían habitación donde dormir, no tenían ningún programa del importante concierto, no tenían pianista, ni músicos, ni a menos de 24 horas de la cita habían vendido una sola entrada. Ellos le miraban a él y él a ellos como si todo eso fuera a caer del cielo en el hall de aquel lujoso hotel.
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