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El Macondo africano: la orden que paraliza boas

Rafael, uno de los guardas del hotel, antiguo sargento segundo en tiempos de guerra, descansa junto al tanque de agua que hay en la colina del hotel. Está sentado, mirando al frente, cuando la cabeza de una enorme boa aparece entre sus piernas. Una serpiente que forma parte ya del paisaje de la colina, siempre perdida entre los matojos cercanos y que recurrentemente se acerca hasta allí a beber.

Una foto

Cada día tengo delante una foto que poner en esta revista y que supongo sorprendería a muchos de los que me leen desde tan lejos. Cada día ando por un mundo de mercados que huelen a pez seco y en el que una extraña vida se desparrama ante mi vista.

Donde no me espere nadie

Me gustaría hacer lo mismo que Elizabeth Gilbert en Bali : comprar un billete a un destino donde no me espera nadie, sin saber dónde voy a vivir, ni lo que voy a hacer, ni saber ni a cuánto está el euro, ni cómo funciona lo de los taxis en el aeropuerto...

Benin: la puerta del no retorno

La Puerta de no Retorno es uno de esos lugares que transmite más por lo que sugiere que por lo que muestra, donde los silencios se hacen estruendosos y sacuden hasta los últimos recovecos del alma. Casi pueden escucharse millones de lamentos cautivos entre las olas, las súplicas enviadas como mensajes en botellas perdidas en el océano.

La delirante historia del señor Matsinhe

“¿En qué año estamos?”. Esas fueron las primeras palabras que escuché al Sr Matsinhe. Entré a una reunión a conocer al hombre que iba a llevar mis papeles de residencia en Mozambique y vi a un hombre de mediana edad, unos 50 años, algo orondo y de tono de voz muy débil, que lleva todos los temas laborales del hotel. Entonces escuche: “¿en qué año estamos?” y pensé “!espero que no sea el tipo que me va a arreglar mis papeles!”

Los Angeles en rojo, amarillo, verde y azul

Como todas las calles se parecen en cada barrio-ciudad de esta metrópoli anónima, reconocíamos la calle de la casa por el árbol rojo, que hacía de farolillo justo a media altura y que nos daba sombra en las pausas interminables en las que salíamos a la puerta para que nos distinguiera el coche tintineante de dominos pizza o se les quitaran a algunos las ganas de fumar.
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