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El hospital de muñecas más antiguo de Europa

Es lo más cerca que he estado de una fábrica de sueños. Sueños rotos, convalecientes, en la UVI algunos, pero sueños al fin y al cabo. Aquí se encargan de recuperar su magia, de sacarles brillo, de devolverlos aureolados con la misma ilusión de la primera vez. Un sitio singular éste, único. Es el hospital de muñecas más antiguo de Europa, casi dos siglos a sus espaldas, aunque para la mayoría de turistas que pasean por Lisboa seguramente pase desapercibido.

Laguna de Catemaco: entre monos y chamanes

Catemaco es una bellísima laguna mexicana con dos distintivos pintorescos: presume de ser la capital mundial de la brujería y cobija a una colonia de macacos realojados desde Tailandia. Es decir, que uno nunca sabe si los turistas con los que se sube a la barca vienen hasta aquí para que los primates les coman en la mano o para hacerse una “limpia” de espíritus por 100 pesos.

Veracruz: el puerto de las leyendas

Veracruz es un lugar para quedarse despojado de obligaciones y horarios, disfrutando del placer de reconciliarse con el tiempo, con las conversaciones sin atropellos. Veracruz es una ciudad con puerto, o un puerto con ciudad, donde arriar la bandera del estrés y languidecer escuchando leyendas y sucesos terribles que todavía inquietan el cadencioso día a día de los jarochos.

Nahuel Huapi: el último viaje del Perito Moreno

En el año 2003, junto con mi mujer, paramos tres días en la Hostería Puerto Blest, un brazo del Lago Nahuel Huapi que se interna en las montañas hasta casi alcanzar el límite con Chile. El barco nos hizo pasar junto a una isla en la que se encuentra enterrado un personaje muy querido para la Argentina: el Perito Moreno. Todavía hoy es costumbre de las embarcaciones hacer sonar tres veces la bocina a modo de saludo.

Chimoio: vuelta a África

"hay un mercado en el que se venden los restos de los restos y a su alrededor una masa de gente que deambula vendiendo, mirando, andando, comprando, bebiendo o comiendo, que la calle es la gran casa de los africanos. Junto a la estación de autobuses, siempre lugar de encuentro de las ciudades, hay un mercado de casetas de madera bajo techo. Casi no entra la luz ni corre el aire. El olor es intenso a pescado seco"

El centinela de la isla del tigre

¿Quién va dentro de ese ataud con el que cargan estos soldados a orillas de un lago? ¿Qué herencia dejó en los mapas y en la preservación del hábitat natural? ¿Cuál es el nombre de la isla en la que reposan sus restos? Una pista: todavía hoy, las embarcaciones hacen sonar tres veces la bocina en señal de respeto al pasar junto a su última morada. El escritor y viajero Gerardo Bartolomé nos guiará en este enigmático viaje la próxima semana.

Maliciosa: la maldecida de Guadarrama

Algunas montañas parecen llevar en su nombre una maldición, como si arrastraran una implacable condena o pesara sobre las mismas un anatema bíblico, pero basta con escuchar su nombre para sentirse irremisiblemente atraído por ellas. Me pasó en su día con los Infiernos y la Maladeta, en el Pirineo aragonés, y, más recientemente, con la Maliciosa, en Guadarrama.

Adiós Zimbabue, adiós Mugabe

La sensación es que el país se deshace, todo es decadente. No hay la libertad soñada y luchada, que un dirigente de tu mismo color de piel no te hace más libre, ni da comida, ni seguridad. Podía ser otra cosa este bello país y la culpa es de los libertadores no de los antiguos tiranos. Zimbabue tiene suficientes recursos e infraestructuras heredadas -aún languidecen- como para soñar con algo más que un salva patrias de la causa negra. La causa negra es tener futuro y estantes llenos.

Las Ñatitas de La Paz: un domingo entre calaveras

En La Paz, sórdida y mágica, despiadada y sorprendente, espiritual y pagana a la vez, la fiesta de Todos los Santos se celebra a trasmano. Una semana mas tarde comienza la Fiesta de las Ñatitas y la mayoría indígena de la ciudad se lanza a los cementerios a celebrar un banquete macabro y festivo donde el principal comensal es la muerte. Bienvenidos a uno de los mayores espectáculos del Mundo.

Las Tierras Altas y la última noche en Zimbabue

Entramos por un estrecho camino de tierra que se abre paso en medio de un bosque por el que casi no se desliza la luz. Entre lianas, ramas que hay que sortear por debajo, troncos caídos y siguiendo la marcha de un chico que nos conduce por un sendero que parece eterno. De vez en cuando escuchamos el ruido del agua cerca y de pronto desaparece. No se ve apenas horizonte.
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