Asia

Asia es uno de los continentes más variados y fascinantes. Desde el Extremo Oriente hasta Oriente Medio… hemos alcanzado toda Asia para contártelo

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Gyantse: la fortaleza de los valientes sin suerte

Desde el valle del Nyang-chu, la otrora imponente fortaleza de Gyantse parece una doncella mancillada, un decorado a medio terminar. Una vez arriba, con el altiplano a nuestros pies hasta donde la vista se pierde, uno comprende perfectamente el valor estratégico de esta encrucijada de caminos entre China y la India donde los tibetanos libraron en 1904 la última batalla antes de claudicar ante la invasión británica.

La vida de los cristianos en Oriente Medio

Un obispo atemorizado en Uzbekistán, una sacerdote que tañe las campanas en Irán, un grupo de mujeres que fuman y no llevan velo en Irak, una comunidad de cristianos respetados en Siria, una catedral junto a una mezquita en Líbano, un hombre que se niega a irse "de la tierra en que nació Jesús" en Jordania. Un gran reportaje del cristianismo en Oriente Medio.

A cruzar el Himalaya con un conductor novato

Mientras abandonamos Lhasa, manosea cada uno de los botones del cuadro de mando para cerciorarse de para qué sirven. Circula a 50 km/h, sus frenazos bruscos son constantes y toma todas las curvas invadiendo el carril contrario, haya o no visibilidad. Es el conductor del todoterreno que nos debe llevar hasta Katmandú, 1.100 km al otro lado de los Himalayas. Voy a viajar por una de las carreteras más peligrosa de la tierra con un conductor en prácticas. Estoy entusiasmado.

Norbulingka: la «autoescuela» del Dalai Lama

El palacio de verano de la máxima autoridad espiritual del budismo, el “parque de la joya”, es la antítesis de la ciudad-fortaleza del Potala. En este jardín amurallado de las afueras de Lhasa el actual Dalai Lama, Tenzin Gyatso, aprendió a conducir en dos Austin y un Dodge que su antecesor hizo traer por piezas a través del Himalaya ante el estupor de un pueblo que vivía anclado en la Edad Media.

Jaffa: la mezquita del mar

Fundada según la Biblia por Jafet, uno de los hijos de Noé, después del Diluvio Universal, la han conquistado desde faraones y persas hasta el mítico rey David, Saladino, Ricardo “Corazón de León” o Napoleón. Es Jaffa, la ciudad vieja de Tel Aviv, uno de los puertos más antiguos del mundo, que alza el minarete de su mezquita del mar sobre el azul inmenso del Mediterráneo.

Al Himalaya en bicicleta o cómo diluir la autoestima en un nanosegundo

Nos lo encontramos por casualidad en las calles de Lhasa horas antes de poner rumbo al campamento base del Everest. Es Richard, un bombero de Vitoria que viaja solo. Va a hacer nuestra misma ruta, los 1.100 kilómetros que separan la capital del Tibet de Katmandú, pero en bicicleta. De camino, se desviará a saludar a unos amigos al Sishapagma. Hoy me voy a dormir sintiéndome muy pequeño. Hay gente que tiene unos cataplines como ochomiles.

Ghyaru, el valle de las hadas y los dragones mágicos

Una cosa que me encanta de la montaña es que todas las mañanas se puede re-desayunar sin cargo de conciencia. Uno se levanta temprano y dolorido, se pone ciego a café, cereales, muesly, porridge, fruta, dulces, pan tibetano con miel y cosas así… Y a medio camino de la jornada, para y se vuelve a llenar hasta arriba.

Ascenso al cielo de los Annapurnas

Una de las cosas más sobrecogedoras de la montaña es su silencio. Anoche, de madrugada, desperté acuciado por la vejiga, y acabé sentado, protegido por doce mantas, disfrutando de la nada y mirando al cielo con unos prismáticos de poca enjundia que compré en Pokhara.

Annapurnas, el desafío de la montaña

“¿Pero dónde van a ir ahora, si son las cuatro de la tarde y a las seis y media es de noche? No se creen problemas y duerman hoy aquí. Mañana andarán lo que les apetezca”. El hombre tiene la cara curtida por los zarpazos de la montaña, y enfatiza su argumento disparando a bocajarro: “Además, viene una tormenta”.

La fiesta de no cumpleaños del Tíbet

El empeño chino por celebrar por todo lo alto en Lhasa la creación de la Región Autónoma del Tíbet es, para la población autóctona, algo así como el no-cumpleaños de Alicia en el País de las Maravillas. Pura paradoja: una fiesta donde sólo hay globos (banderolas chinas, carrozas, un imponente estrado frente al Potala, consignas por doquier) y una tarta con las velas sin soplar.

La odisea de ir al baño en Lhasa

A simple vista, lo primero que sorprende es que el kora del Barkhor es, a la vez que recorrido espiritual, una sucesión de tenderetes callejeros, algo así como “la milla de oro” de Lhasa. A unos metros de los peregrinos que desgastan sus rosarios de cuentas, de los monjes que se arrodillan extendiendo sus brazos sobre el suelo desnudo, los comerciantes negocian con los turistas el precio de los souvenirs.

Las montañas blancas, el país sagrado, un adiós

Los dos últimos meses del viaje han sido, probablemente, los más intensos. Nepal y sus maravillosas montañas sagradas revelaron en mi un placer por la naturaleza que desconocía. Subir sin parar cientos de metros arriba cada día, apuntando a un destino incierto de nieve, frío, y las mejores postales del mundo, me generaba una mezcla de inseguridad y gozo difícil de describir.

Lhasa: la antigua ciudad prohibida del Tíbet

“Tengo por los más felices que haya vivido nunca los días en que, con mi miserable hatillo al hombro, vagabundeaba por montes y valles en el maravilloso país de las nieves”. A veces, una simple frase es suficiente para cruzarse medio mundo en busca de unos paisajes soñados. El viajero, mientras vuela de Katmandú a Lhasa, la capital del Tíbet, no deja de dar vueltas a esas palabras de Alexandra David-Néel, la primera mujer europea que consiguió entrar en la ciudad prohibida, disfrazada de mendiga, en el ya lejano 1924.
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